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Opinión

Batalla cultural por la Patria Grande (I)

14 Jun. 2017

Batalla cultural por la Patria Grande (I)
Pedro Godoy

Por: Pedro Godoy P.

Julio Fernández Baraibar [1] invita a dar la batalla cultural por la II Independencia de la Patria Grande. Esa tarea jamás asumida por la izquierda tradicional y menos por la gauche progre –entre otras iniciativas- supone elaborar un texto escolar común de Historia de Suramérica para la enseñanza y el aprendizaje.

Es importante desaprender una Historia Patria desmembrada y desmembradora que ha sido, por dos siglos, un surtidor de rencores y revanchismos y cuya meta es acentuar las diferencias negando u opacando las congruencias en cuanto al origen y trayectoria de estos pueblos que integran un solo bloque sociocultural.

ncluso los manuales bautizados como de «Historia de América» han sido una suerte de acumulación de historias locales. Piénsese, por ejemplo, en la de Diego Barros Arana y en la de Luis Alberto Sánchez. Hay ensayos como el de Dardo Cúneo y tratados magnos como “Historia de la nación latinoamericana” de Ramos, pero no están adecuadas para el quehacer de aula.

La inexistencia de un texto escolar como el propuesto deriva del afán de nuestros países de imaginar que el origen de cada uno –amén de singular– está en la gesta emancipadora. Ese 1810 (en Chile) ha sido funesto porque por encenderle tantas velas, rodearlo de excesivo boato y conferirle descomunales decibeles opaca las etapas que la preceden.

Esa prehistoria indígena y esa protohistoria peninsular no ameritan suficiente estudio. Menos las epopeyas del descubrimiento y la conquista. Tampoco esa fase estimada «tenebrosa» y mal llamada «colonia». Los plumarios de la Independencia dan luz verde a la leyenda negra. Difunden una campaña hispanofóbica y, al mismo tiempo, indigenista. Ello permite asociar Imperio con imperialismo y colonia con colonialismo y tres siglos germinales XVI, XVII y XVIII como una especie de oscura Edad Media.

La interpretación falaz de la hispanización engendra complejo de inferioridad. Recuérdese el estereotipo del conquistador genocida, expoliador, aficionado a la holganza y al látigo, progenitor del latifundio y la explotación del hombre por el hombre.

Tal personaje funda instituciones arcaicas y genera una sociedad atrasada. Esa imagen genera frustración y la pesadumbre por no haber sido colonizados por Holanda o Inglaterra. A renglón seguido, junto con glorificarse a Atahualpa o Lautaro brota el desprecio por la indígena.

Es un ayuntamiento extraño –en nuestro caso– entre la admiración y la ira. Furia porque el aborigen representaría la pereza, la borrachera y la fealdad. Así el texto por omisión o torcida interpretación deteriora la imagen de la Hispanidad en nuestro suelo. No sólo eso, también lo autóctono es objeto de descalificación racista.
Está claro que ese texto escolar y la lección no son lo único. La sociedad entera está impregnada de ambas fobias. El aula sólo las legitima. El adagio aplicable es «repite una mentira mil veces y se convierte en una verdad».

Esta verdad entre comillas, es decir, la leyenda negra denigratoria es la que empuja –por ejemplo- a despojar al centro de Lima de la estatua de Francisco Pizarro y a México a enorgullecerse de no disponer de ningún monumento a Hernán Cortés.

También, por cierto involucra esa incompetencia para borrar esa usurpación de gentilicio que supone bautizar como «indios» a nuestra población precolombina y hasta restringir eso de «antepasados» sólo a esos pueblos sin considerar que también lo son aquellos soldados ibéricos.(*) Centro de Estudios Chilenos- Cedech. Email: profe@cedech.cl Blog: premionacionaldeeducacion.blogspot.com

[1] Julio Fernández Baraibar es un brillante periodista argentino, militante comprometido con la cultura y la unidad continental.