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Opinión

Cadena perpetua contra el general Morales Bermúdez

21 Jan. 2017

Cadena perpetua contra el general Morales Bermúdez
Sergio Tapia

Por: Sergio Tapia

No me sorprende que el proceso judicial instaurado en Italia contra el general Morales Bermúdez, haya concluido sentenciándolo a cadena perpetua.

Una vez más la justicia, tuerta por la ideología socialista y enceguecida por el odio de la subversión comunista, le cobra al ex-presidente del Perú Francisco Morales Bermúdez.

Las semblanzas que circulan del general, dan cuenta de sus altas calificaciones como estudiante escolar, cadete militar y oficial-alumno en diversas maestrías en el exterior. Su historia familiar lo entronca con la estela militar y la vida política, su bisabuelo fue combatiente en la Guerra del Pacífico, posteriormente perteneció a las filas políticas del héroe nacional Mariscal Cáceres, y fue presidente del Perú a finales del siglo XIX.

El mismo general Francisco Morales Bermúdez, fue ministro del entonces Ministerio de Hacienda y Comercio (hoy Economía y Finanzas), y lo fue en dos oportunidades: en democracia en 1968, durante el gobierno de Fernando Belaunde, y desde 1969 con el gobierno de facto de Velasco Alvarado.

Llama la atención que en el gobierno inaugural de Acción Popular, que se caracteriza por el activismo descollante de sus partidarios, fuese un militar en actividad, no partidarizado, el ministro seleccionado políticamente en temas de economía.

Fue presidente de la República de 1975 a julio de 1980, mediante un pronunciamiento de las Fuerzas Armadas, para reemplazar a Velasco Alvarado, debido a su deformado gobierno socialista. Durante la administración del general Francisco Morales Bermúdez, se allanaron los caminos para la restauración de las libertades políticas y electorales.

Es un restaurador del sistema partidocrático, y el liquidador de la revolución socialista impuesta en el Perú por los comunistas y socialistas de múltiples agrupaciones marxistas. Este es su demérito para entender la sentencia italiana que avergonzará su sistema judicial.

No es un militar de izquierda, no goza de los privilegios y fueros que las izquierdas globalizadas saben dispendiar a los suyos (como a Fidel Castro en Cuba, Juan Velasco en el Perú, los miles de terroristas beneficiados con rebajas de penas e indultos en nuestra Patria y Hugo Chávez en Venezuela).

Jurídicamente poco se puede analizar de una sentencia de la que sólo se han distribuido las 3 páginas que contienen las condenas. Los fundamentos serían puestos a conocimiento público en tres meses más.

Mientras tanto, hay que recordar que la extradición solicitada por Italia al Perú fue oportunamente desaprobada, el juicio es violatorio de principios como el de juez natural y juez competente por razón del territorio, y también viola el privilegio de la protección de las leyes penales del Estado peruano a sus ciudadanos, también sobre la prescripción de la acción penal.

Del lado contrario, los principios son la justicia universal suscitada por el destituido juez español Baltasar Garzón, por la que cualquier juez ideologizado puede condenar a quien sea en este mundo; la aplicación inmisericorde del derecho penal del enemigo (ningún derecho ni piedad al enemigo ideológico del comunismo), y la deformante interpretación de los derechos humanos por los socialistas infiltrados en organismos internacionales. Desde esta suma de fatídicos errores, se explica esta sentencia.

Y, un factor más, durante el proceso se observó el gran interés de su promotor Raúl Fernando Séndic, actual vicepresidente de Uruguay, quien ha utilizado recursos estatales de su gobierno para influir en el sentido de la sentencia. Cabe recordar que él es un militante comunista, hijo del fundador del grupo terrorista Tupamaros del Uruguay; hoy es el vicepresidente de la nación uruguaya.

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