logo La Razón
El diario de todos los peruanos
Opinión

Comando Chavín de Huántar

26 Apr. 2017

Comando Chavín de Huántar
Martín Belaunde Moreyra

Por: Martín Belaunde Moreyra

A los 20 años de la liberación de la embajada del Japón, gracias al operativo del Comando de Chavín de Huántar, los peruanos debemos recordarla. No solo para conmemorar el heroísmo desplegado por los que intervinieron en el rescate, particularmente a quienes murieron en cumplimiento del deber, sino para tener presente su significado para los que aún permanecían secuestrados en la embajada. Sería lamentable olvidarlo, porque la memoria colectiva tiende a ser frágil y con mucha frecuencia es distorsionada.

Debemos analizar las implicancias del caso. El asalto a la embajada del Japón por un grupo armado del MRTA puso en jaque al Perú cuando ya se creía optimistamente que habíamos superado la etapa del terrorismo. Pero no fue así, el terrorismo rebrota en cualquier oportunidad favorable para sus objetivos. Eso lo vemos en todo el mundo y hay que valorarlo cuando en el Perú todavía no ha sido totalmente erradicado.

La recepción por el onomástico del emperador del Japón, fue la oportunidad dorada para el zarpazo terrorista, que nadie se lo imaginó más allá de las prácticas usuales de vigilancia en una celebración diplomática, a la que por suerte no llegó el Presidente Fujimori. Sin embargo, sí afectó a toda clase de dignatarios, peruanos y extranjeros, comenzando por el entonces canciller Francisco Tudela, el ministro de agricultura, el embajador del Japón, anfitrión del evento, muchos diplomáticos y embajadores, militares en actividad y en retiro, como el almirante Giampietri, así como a muchas otras personalidades. No hay espacio para nombrarlas, pero sí resaltar un hecho indiscutible: su vida corrió gravísimo peligro.

El asalto por el MRTA a la embajada del Japón fue una violación del Derecho Internacional de la que el gobierno peruano resultaba responsable por negligencia en los mecanismos internos de seguridad. La noticia dio la vuelta al mundo y Lima se convirtió en un foco global atención. Era imperativo solucionar la crisis por los medios que estuvieren al alcance del gobierno, uno de ellos la negociación con el MRTA a través de la ayuda de otros gobiernos, específicamente el cubano, así como de la participación para efectos humanitarios de la Cruz Roja Internacional, de la Iglesia Católica y de un representante del gobierno.

La negociación fracasó por intransigencia del MRTA que tenía el ofrecimiento que los asaltantes viajen a Cuba. ¿Cuál era la alternativa viable en esa circunstancia? El MRTA había soltado paulatinamente a la mayoría de los rehenes, quedándose con aquéllos cuyas vidas tenían mayor valor extorsivo. El gobierno de Fujimori optó por una solución militar de rescate, secretamente planeada, con la ayuda de algunos rehenes bajo la coordinación interna del almirante Giampietri. Se trató de una operación de altísimo riesgo, ni siquiera consultada con el gobierno del Japón para evitar filtraciones.

El desenlace es conocido pero interpretado contradictoriamente. Fue un extraordinario éxito militar y humanitario porque logró el objetivo de liberar y salvar la vida a todos los rehenes, excepto al magistrado Giusti. Dos militares cayeron, entre el ellos el coronel Valer, jefe del operativo. El grupo del MRTA pereció en medio del combate, pero por testimonio de un diplomático japonés se investiga aún, si algunos integrantes del MRTA fueron ejecutados después de su rendición. Esta es la interrogante pendiente que algunos esgrimen para denigrarlo.