Como conocí a Víctor Raúl

Por: Javier Valle Riestra

Conocí a Víctor Raúl en diciembre de 1957. Había vuelto él del exilio luego de su asilo-prisión diplomática de cinco años.

Haya tenía 62 años, pero parecía juvenil. Al verlo en la jefatura mi mente recorrió discursos magistrales como el de diciembre de 1931: “Este no es un día triste para nosotros, vamos a comprobar en el crisol de una realidad dolorosa quizá la consistencia de nuestros principios y la sagrada perennidad de nuestra causa”. Sí; era el mismo Haya legendario y ubicuo de la clandestinidad (1932-1945).

Me invitó a viajar, con Jorge Idiáquez y Luis de Asin, a Trujillo. Mi relación con el Jefe era muy tímida. Lo escuché en aquella jornada liberteña amonestar a De la Puente Uceda y otros compañeros, apiñados en el zaguán de la casa del alcalde Zavaleta, por su radicalismo. “esos son los niñitos que se hacen pipí en la sala”, me dijo.

Aunque De la Puente moriría heroicamente, llevando en su morral de guerrillero un ejemplar de El antiimperialismo y el APRA y otro de la Biblia. Las dos cosas en las que Lucho creía, como yo.

Vino la Revolución cubana y con mi generación me sentí sacudido por el mensaje de Castro, quien hablaba de pan y libertad, de revolución agraria, de antimperialismo; es decir, de todo en lo que creíamos los compañeros y que habíamos aprendido en Alfonso Ugarte y en los viejos textos patrísticos del APRA.
Por sostener esas tesis fueron expulsados del PAP De la Puente, Fernández Gasco, los Velezmoro. Yo no. Pero decidí sumarme al APRA Rebelde. Y escribí artículos de ortodoxia aprista, reconociendo la precursora figura epónima del fundador del APRA.

Llegué a proclamar en “Voz aprista rebelde” que el Perú reclamaba nuevamente la virilidad cívica de un Haya de la Torre. A los pocos meses comprobé que mientras yo seguía siendo aprista el movimiento estaba penetrado por el estalinismo.

Todo se quería consultar con Jorge del Prado y se recurría paradójicamente a un lenguaje eufemístico y contemporizador que yo repudiaba. Pensé: “no he peleado con la organización del APRA para volverme comunista”. Y volví con todos los honores al PAP. Y así fui electo Constituyente, Diputado, Senador y Congresista del aprismo.

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