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Opinión

Corrupción y democracia

02 Oct. 2017

Corrupción y  democracia

Por: Francisco Diez-Canseco Távara

En un reciente evento universitario, recordé durante mi conferencia el ejemplo de Botswana donde un Mandatario botó a los 503 miembros del Poder Judicial como parte de las políticas que adoptó para eliminar la corrupción.
Consulté entonces a los oyentes, alrededor de 400, cuántos estaban de acuerdo con que esa medida se repitiera en el Perú: todos levantaron el brazo en señal de aprobación, incluidos los integrantes de la mesa de honor.
Ante la pregunta sobre si conocían algún alcalde honesto, nadie levantó el brazo.

En Casma, al día siguiente, formulé interrogantes similares a un auditorio también muy significativo, en el marco de una importante convocatoria de jóvenes líderes ancashinos: la respuesta fue simétricamente igual.
Estas consultas directas, sin manipulaciones prefiero no usar la palabra “encuesta” reflejan una verdad inocultable: que la población del Perú está harta de la caterva de políticos, funcionarios, empresarios y profesionales corruptos y mercantilistas que lo han gobernado en los últimos 30 años, salvo por cierto, pocas y honrosas excepciones.

Revela, también, que por fin hay una creciente toma de conciencia nacional sobre la necesidad de extirpar la corrupción más allá de la famosa frase sobre que no importa que roben con tal de que hagan.
El caso del felizmente encarcelado ex alcalde Torres de Chiclayo y su movimiento “Manos Limpias” que tal cinismo puso en evidencia, en forma emblemática, que esto no es verdad: ladrón de marras, convirtió a la ciudad norteña prácticamente en una trinchera de obras inconclusas.

La profundidad de la crisis institucional es sumamente difícil de medir, pero está claro que no se trata ya de engañar al pueblo con medidas cosméticas o declaraciones altisonantes, sino de tomar el toro por las astas y atacar a fondo este flagelo.

Imposible tarea para el gobierno del lobby que encabeza PPK y que tiene una magra minoría parlamentaria y ni siquiera cuenta con una bancada coherente; y tiene al frente una mayoría parlamentaria con ningún entusiasmo por combatir la corrupción como lo demuestra el archivamiento del proyecto de ley, que les hizo llegar Perú Nación, para crear el Consejo Nacional de Moral Pública.

El Perú no puede esperar hasta el 2021 para terminar con la corrupción sistémica que le permite a García Pérez seguir tomándole el pelo al país y a Toledo celebrar en el Caribe la sospechosa lentitud de su captura.
Las elecciones del 2018 deben servir como un primer paso para concluir con este baile de corruptos. (*) Presidente de Perú Nación- Presidente del Consejo por la Paz