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Opinión

Desastres y planificación

12 Nov. 2017

Desastres y planificación

Por: Antero Flores-Araoz

El Perú se encuentra en zona sísmica de alto riesgo, lo que se agrava por la fricción de la placa de Nazca, además de tener diversos volcanes que pueden causar destrucción y muerte.

Adicionalmente nuestra patria soporta las consecuencias del Fenómeno del Niño y de la Niña, que causan deslizamientos, desbordes de ríos, inundaciones, huaycos y diversos fenómenos que destruyen obra pública como privada, así como afectan a nuestros pobladores, algunos de los cuales pierden la vida y sus familiares pierden viviendas y mobiliario.

Hemos tenido muchos sismos importantes, siendo el último de ellos el ocurrido en el Sur Chico (principalmente Ica) el año 2007. Este año hemos tenido al famoso Niño al que le adosaron el apellido Costero, del que todavía no nos reponemos.

Dicen los entendidos que el silencio sísmico peruano, avizora una catástrofe de envergadura, aunque no se puede presagiar en que momento vendrá. Mencionan también qué desde la zona más septentrional del continente hasta la más meridional, ha soportado terremotos, los dos últimos en México, por lo que carece de razonabilidad que el Perú hasta ahora se haya librado en estos tiempos de un gran movimiento telúrico.

Las autoridades se han prodigado en hacer simulacros de sismo, preparando a la población para el caso en que suceda. Incluso estimulan la tenencia de mochilas con alimentos, frazada, linterna, botiquín y radio, por si fuera necesaria su utilización.

En el último lustro se ha procedido a la adquisición estatal de transporte terrestre, naval y aéreo, principalmente helicópteros, que sean multipropósito, esto es para temas defensivos pero igualmente para su utilización en caso de desastres.

Recientemente se han dado a conocer proyecciones del INDECI, que estimó que un terremoto de 8 grados causaría la muerte de alrededor de 50 mil personas, cerca de 700 mil heridos, 200 mil viviendas destruidas y 350 mil dañadas. Todo ello solo en Lima.

Por otro lado el Presidente de la Asociación Peruana de Seguros advertía que en caso de grave sismo, representaría perder entre el 20% al 25% del PBI, pero lo que más me impactó es la frase “MEJOR PREVENIR QUE RECONSTRUIR”, aunque no recuerdo al autor.

Ahora bien, si de prevenir se trata, francamente estamos mal, pues pese a haber soportado diversos terremotos e inundaciones, no hemos sido aún capaces de tener un protocolo definido, de todo lo que debería hacerse automáticamente en caso que se produzcan.

Han pasado diez años y todavía está en nuestros ojos lo ocurrido en Pisco principalmente, en que todavía falta reconstrucción, y ni que decir del Niño Costero. En ambos casos después de los daños fueron saliendo infinidad de normas, sea para autorizar bonificaciones, crear programas de atención, establecer campamentos y viviendas provisionales, facilitar transportes, otorgar beneficios a los cooperantes y donantes, establecer líneas de crédito para la reconstrucción y aligerar los trámites para la contratación de las obras públicas necesarias.
Si ya tenemos la experiencia, nos preguntamos ¿Qué se espera para tener un protocolo, en que con una sola disposición gubernamental, se active todo lo requerido?