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Opinión

Deshojando margaritas por Fujimori

10 May. 2017

Deshojando margaritas por Fujimori
Ricardo Sánchez Serra

Por: Ricardo Sánchez Serra

Tanto los entonces candidatos a la presidencia Pedro Pablo Kuczynski y Keiko Fujimori dijeron en campaña que no indultarían a Alberto Fujimori. PPK afirmó que no se opondría a una amnistía otorgada por el Congreso para que los presidiarios de más de 75 años puedan culminar la pena en su casa.

El tema volvió a replantearse luego del homenaje a los valientes comandos Chavín de Huántar a los 20 años de su hazaña de liberar a los secuestrados por los terroristas del MRTA en la Embajada de Japón. Valga recordar que la persona que dio la orden para el rescate fue Alberto Fujimori, valiente y arriesgada decisión en medio de la presión interna y externa.

El notable periodista Juan Paredes Castro al presentar su libro “La Presidencia Ficticia” –aparte de mencionar la gran labor de Valentín Paniagua como mandatario, pero es tema de otro artículo- mencionó, no sin antes recordar las abundantes críticas contra Fujimori en su obra, que en la balanza de la historia pesan más los logros del gobierno del expresidente que sus defectos.

Recordó que venció al terrorismo, reinsertó al Perú en la economía mundial, reordenó la economía derrotando a la galopante inflación e hizo la paz con Ecuador.

Se presiona mediáticamente a PPK por un indulto que no prometió. El fujimorismo está dividido en el Congreso por si otorga la prisión domiciliaria. Lo que no se debe hacer es calcular políticamente la medida.
No se necesita ser un analista político para pensar que la libertad o la prisión domiciliaria de Fujimori lo convertirían en el líder indiscutible del fujimorismo y su hija Keiko –a pesar de su vital esfuerzo de erigir a su partido como el líder de la oposición- pasaría a un segundo plano.
El odio de la izquierda es visceral, debido a que venció a sus brazos armados, a Sendero Luminoso y al MRTA. La animadversión vargasllosista es comprensible, lo derrotó en las urnas. La malquerencia de los “libres” es por envidia, mezquindad o una respetable opinión.

Lo que no hay derecho es que al expresidente Fujimori, viejo y enfermo, le den esperanzas y se las quiten. Esto tiene un nombre: se llama sadismo.

Y como señala el propio Alberto en un tuit: “la única realidad es que solo muriendo o estando en fase terminal podría salir en libertad”.

Pero lo más realista y asequible hoy es la prisión domiciliaria. El expresidente es libre de aceptarla o no, con lo que a mi parecer ya sería un capítulo terminado, oleado y sacramentado.