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Opinión

El Habeas Corpus en el Perú

07 Mar. 2017

El Habeas Corpus en el Perú
Javier Valle Riestra

Por: Javier Valle Riestra

Me puedo jactar de haber defendido infinitos habeas corpus que han resultado leading cases, algo sumamente notable por el terror que una judicatura timorata tiene frente a las acciones de garantía. Prefieren los jueces la quincena a la Historia y la librea a la toga.

Esos habeas corpus victoriosas son el caso de Ricardo Napuri, trotskista vinculado al APRA Rebelde (1962), luego constituyente y parlamentario, quien por haber sido alférez FAP fue arrestado por su actividad política sin ser puesto a disposición del juez dentro de las 24 horas por los oficiales de las Fuerzas Aéreas que lo tenían confinado en una base.

El juez Benjamín Castañeda Pilopais lo excarcelo. En 1968 defendí a Eudocio Ravines, expulsado del Perú por la dictadura militar velasquista. Y los señores Rodriguez Cartland, Bottino y Cuentas Ormaechea votaron a favor de la acción de garantía. Ravines no pudo, empero, volver al Perú, porque el ministro Artola sentencio: “que vuelva si puede”, y murió en el exilio.

Había sido un gran comunista. Uno de los organizadores del Frente Popular que llevo a Aguirre Cerda al poder en Chile. Decía con gracia: “soy el único peruano que se vengó de la guerra con Chile porque yo les organice el Frente Popular que los arruinó”.

Ravines luego fue anticomunista y furibundo antiaprista. Por eso dije en el tribunal que no venía a defender al comunista que organizó el Frente Popular ni a quien oficio de comisario en la guerra civil española, responsable de la muerte de Andrés Nin, sino al ciudadano Eudocio Ravines porque yo, como Víctor Hugo, tenía nostalgia de las ideas de la orilla opuesta.

En 1982 defendí al comunista chileno Hernán Liberona Clerk, quien por tener afiches de Pablo Neruda en su domicilio fue desterrado a Ecuador por nuestro ministro de Gobierno Rincón Jaramillo. Alegué en el habeas corpus que un asilado político no podía ser exiliado poniendo en peligro su libertad por las asechanzas de la Dirección de Inteligencia Nacional chilena (DINA).

El Tribunal Correccional, presidido por Rivas Manrique, declaro fundado el Habeas corpus y Liberona volvió al Perú. A los pocos días se vio obligado a renunciar el ministro responsable del atropello. He allí la fuerza de la abogacía. Logre como letrado lo que no habría podido como parlamentario.