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El diario de todos los peruanos
Opinión

El padre como ejemplo de vida

19 Jun. 2017

El padre como ejemplo de vida
Néstor A. Scamarone M.

Por: Néstor A. Scamarone M.

Decía el gran escritor y filósofo Lin Yutang, que cuando se integró a la sociedad occidental, le sorprendió que en ésta no fuera tan evidente, como en la oriental, el respeto, la admiración, el cuidado y el amor hacia los padres, abuelos, a las personas mayores y hacía los ancianos especialmente.

En China, una larga barba blanca es algo envidiable, respetabilísima, incluso si el barbado es un mendigo. Cuando habla un padre o un anciano, los demás callan y escuchan. En occidente si habla un anciano nadie lo escucha salvo sea un dictador, un adinerado o un destacado sabio. Como es casi universal el deseo de expresarse y ser escuchado, se hace evidente en China, por cuanto mas avancen en años más probabilidades tendrán los mayores de hablar y de ser escuchados. Bueno, bueno, pero no estamos en China, vivimos en el reino de la indiferencia y el consumismo, donde el padre es “casi provisional”, donde las probabilidades de ser escuchado por los hijos son muy pocas.

Por eso en este día, debemos reflexionar sobre aquellos viejos, queridos padres, que siempre olvidamos, que los pasamos de lado, a quienes ofrecemos ingratamente indiferencia, algunos relegados, porque nos parecen que sus ideas son obsoletas y fuera de tiempo, más aun han perdido luz y oportunidad, en una sociedad donde todo es velocidad y adrenalina.

Ellos, los padres, los abuelos son los esforzados hombres que en el transcurrir del tiempo labraron nuestras vidas, que cuando tenían sus manos y sus ojos jóvenes, jugaban con nosotros en nuestra dulce niñez y nos indicaron el camino a seguir. Los hijos no nos damos cuenta que somos el legado físico y espiritual viviente de esos viejos que no se atreverán a cobrarnos, ni reclamarnos nada. ¿Que piden esos viejos, que añoran? Casi nada, sólo desean momentos de compañía en su solitario recuerdo de añorados días, comprensión, apoyo, una caricia, una mirada a sus ojos. ¡Un ratito de tu tiempo y nada más! Y eso no cuesta dinero.

econocimiento sincero a quienes responsable y abnegadamente asumen con valentía sus deberes familiares; pero también debe ser de reflexión, para quienes se han alejado por una u otra razón de sus hijos, porque como dice la sabiduría popular: “la sangre llama”. Por eso el reconocimiento para esos padres responsables, a esos padres de permanente presencia física o moral en la vida de sus hijos, a esos padres cuya relación con la prole es además la de compañeros y amigos, a esos padres que enseñan a sus hijos a caminar en la vida y observan con tristeza y nostalgia como se van alejando, a esos padres buenos, abnegados y siempre anónimos, a esos padres, el reconocimiento de Dios y del hombre.

Auguramos el amor y respeto de sus hijos y nietos, auguramos los cuiden en la dulzura de su inevitable vejez, auguramos la caricia franca de un niño, auguramos la mano filial como guía de sus pasos cansados e inseguros, auguramos el reconocimiento y amor para aquel que siempre dio sin pedir y auguramos los lleven de la mano hacia las nuevas esperanzas, hacia los nue­vos cielos.
Cualquier tarde de estas te alcanzaré, padre mío.