El tercer sector ha sido y es muy importante en Perú

Por: Jorge Rochabrunt Gamarra

Durante años, los gobiernos de turno han venido encargándose de destruir por una u otra razón, la imagen y el prestigio de asociaciones civiles que han tenido diferentes roles como organizaciones no gubernamentales de desarrollo (ONGD) instituciones privadas de ayuda social de origen nacional e internacional (IPREDA) y organizaciones extranjeras que actúan en el país (ENIEX). De acuerdo a los registros de la Agencia Peruana de Cooperación Internacional (APCI) que es el organismo que regular la actividad de estas organizaciones y se encarga de armonizar los objetivos de desarrollo del Estado peruano con los objetivos de la cooperación internacional y están entidades ejecutoras, existen al menos 1500 ONGD, 700 IPRESA y 70 ENIEX reconocidas y formalizadas por el estado.

Por otro lado, la Superintendencia Nacional de Registros Públicos, tiene en sus registros, de acuerdo al Estudio de Demografía Empresarial 2015 del INEI, al menos 30,000 asociaciones, de las cuales más del 90% son pequeñas organizaciones. Las ONGD, las IPREDA y las ENIEX registradas formalmente por APCI, forman parte de este total de asociaciones. Es decir, menos del 5% son formalmente organizaciones que captan fondos de cooperación para el desarrollo, ejecutan planes de desarrollo social y de lucha contra la pobreza, trabajan por la equidad, la igualdad, la libertad, el desarrollo económico sostenible, el medio ambiente, entre otros.

A este punto, advertiremos que muchos dirán ¿Qué? Pues sí, casi todos los sectores políticos han denostado, atacado, insultado, caricaturizado, a este sector, con estupideces anodinas como “caviares”, “rojos”, entre otros. ¿Y saben qué? No voy a canonizar al tercer sector, aduciendo que es el la meca del desarrollo social impoluto. En todos lados se cuecen habas; lo mismo que en las fuerzas armadas, en los partidos políticos, en las organizaciones religiosas, en el propio Estado, en las empresas privadas, en los gremios empresariales.
En todos lados hay ovejas negras, en todos lados hay mala hierba, en todos lados hay de todo. Pero no podemos generalizar que todos los representantes de las fuerzas armadas están podridas, ni que todos los políticos son miasma, ni que todas las empresas son el espejo de Odebrecht, ni que todos los funcionarios públicos son sucios y corruptos. La actitud de generalizar simplemente responde a la estrategia facilista de miente, miente, que algo quedará.

De las 1500 ONGD que existen formalmente registradas en el país, muchas, pero muchas de ellas, son instituciones con historia, con trayectoria, con aportes, con impulsos de innovación. En los últimos veinte años, muchas organizaciones han ayudado a salir delante de la corrupción, del desastre político y se han enfrentado valientemente y con sacrificio de vidas, al terrorismo, a los políticos corruptos, a los enemigos del estado y del país. Y de hecho, hay otros que se habrán aprovechado de la posición, para medrar con el subterfugio del desarrollo, para sacar ventaja política y económica. Pero una cosa es encontrar y procesar delitos y malas prácticas y otra cosa es tratar de destruir el tercer sector, porque nos resulta incómodo políticamente.

Es obvio que no podemos aceptar que ONGD o IPREDA en manos de políticos y empresarios corruptos sigan funcionando, pero es indispensable separar el trigo de la paja, de investigar y delimitar las diferencias entre una organización social de desarrollo leal con la ley, con el desarrollo social y con sus principios respaldados por la Constitución y otra cosa que se busque eliminar o maniatar organizaciones que permitieron implementar estrategias de desarrollo cuando la mafia enquistada en el poder en los noventas, o la corrupción solapada entre 2001 y 2016, tenían maniatadas a las organizaciones sociales y comunales.

Esperemos que este gobierno, que tiene un presidente de la República que inició su despegue político al mando de una ONGD formal y con objetivos importantes, aplique las mejores prácticas de fiscalización y control así como de apoyo y promoción, del tercer sector que es el mejor y más claro ejemplo, de lo que representa la economía social en una economía de mercado, como señala nuestra constitución política del Estado.
www.rochabrunt.pe

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