logo La Razón
El diario de todos los peruanos
Opinión

Es inmoral

19 Jun. 2017

Es inmoral
Ántero Flores-Araoz

Por: Ántero Flores-Araoz

Seguramente el apreciado lector, al tomar conocimiento del título de este artículo, se preguntará con razón: ¿a qué inmoralidad se refiere el autor de este escrito, si hoy por hoy ellas abundan en el mundo?.

Bueno pues, soy un convencido que en el tema ético no hemos avanzado en este complicado mundo en qué nos ha tocado vivir, pero me voy a referir a una sola inmoralidad, que por lo menos debe avergonzar a quienes la practican. Me refiero a escuchar o interceptar conversaciones ajenas sin autorización, y peor aún a difundirlas, lo cual es agravante.

En las conversaciones rutinarias, incluidas las que pueden ser simplemente coloquiales, y más cuando son entre personas conocidas, muchas veces hay “licencias” en cuanto a las expresiones empleadas, que van hasta el uso de algunos adjetivos que podrían ser considerados inapropiados, pero que son de uso común cuando hay cierta confianza entre los interlocutores y se espera que la conversación no salga fuera de los que la realizan.

¿Tienen acaso derecho a escuchar las expresiones de una conversación privada, terceras personas, sin autorización alguna? Claro que no, y si las interceptan voluntariamente para enterarse de su contenido, evidentemente están invadiendo el terreno del ámbito privado e íntimo.

Peor que lo antes señalado, es decir más grave que enterarse de las conversaciones privadas, es difundirlas para que se enteren terceras personas, y peor aun cuando el ánimo de la difusión es para causar daño, sea al prestigio, al buen nombre o a la consideración pública de alguna persona o personas.

Es harto conocida la expresión de cierta prensa poco escrupulosa, que difunde cualquier conversación privada, bajo el pretexto que es de interés público, e informando que recibió la grabación o transcripción de mano anónima, no identificada ni identificable. Pero sea cualquiera el origen de la transcripción o grabación, sino se cuenta con la autorización de sus protagonistas, el pretexto no se convierte en “santificación de la grabación” por más interés público que ella pueda tener.
Por otro lado, el hecho de que alguno de los protagonistas entregue la grabación o transcripción de la conversación, no la hace legítima, pues para que exista conversación se requiere de más de una persona, y si solo una la autoriza, está afectando los derechos de la otra u otras que no la han consentido.

En los últimos tiempos hemos visto casos groseros en que impúdicamente se han grabado conversaciones entre subordinados con sus jefes en organismos públicos, lo que además de inmoral resulta también desleal. En otras oportunidades la grabación subrepticia es entregada por alguno de los participantes en ella, con desconocimiento del otro, con lo cual la falta de ética es doble, una por grabar sin autorización de la contraparte del diálogo, y la otra por entregarla a escondidas a terceros para su difusión.

Además de las faltas éticas, hay con lo señalado, transgresión al derecho constitucional a la privacidad, y afectación a la normatividad del Código Penal.