Implacables con la corrupción

Por: Martín Belaunde Moreyra

No recuerdo si esa frase fuera dicha en el corto mensaje a la Nación del Presidente Kuczynski el domingo 12 de febrero, pero al margen de que la dijera o no, me parece que ese fue el sentido de su alocución. Hizo bien en dirigirse a la opinión pública sin intermediarios ni interrogatorios, para mostrar decisión y firmeza. En estos momentos de tribulación del país, confundido en medio de los desastres naturales y el desastre humano de la corrupción en la jefatura del Estado, Kuczinski estaba obligado a decirle al pueblo peruano que no vacilará en aplicar la ley y en traer a Toledo al Perú para ser juzgado por sus presuntos delitos de corrupción. También creo que hizo bien en hablar telefónicamente con el Presidente Trump, de poder a poder, a pesar de nuestras diferencias de tamaño, y pedirle que su gobierno expulse a Toledo de los Estados Unidos y lo deporte al Perú para que no eluda la justicia.

Trump ha dicho reiteradamente que la legislación migratoria lo faculta para expulsar a los extranjeros indocumentados y delincuentes. Pues bien, en el caso de Toledo se ha resquebrajado su presunción de inocencia y pende sobre él una gravísima acusación de millonaria corrupción. El gobierno de los Estados Unidos no es ajeno a esa situación, porque precisamente la coima de US S/. 29 millones saltó en un comunicado del Departamento de Justicia que daba cuenta de un acuerdo suscrito con Odebrecht sobre sus sobornos en el continente americano. El gobierno de los Estados Unidos consideró que tenía jurisdicción y competencia para demandar a Odebrecht ante un juzgado federal de Nueva York por coimas pagadas fuera del territorio norteamericano, en virtud de la Ley de Prácticas Corruptas en el Exterior. Si ese mismo gobierno estaba facultado para demandar a Odebrecht y obligarla a que admitiera el pago de coimas, también lo está para expulsar a un presidente coimero para ser juzgado en su país por tales pagos. El que puede lo más, puede lo menos. Y en este caso la expulsión de Toledo al Perú es un acto derivado de la referida acción judicial y del acuerdo entre el Departamento de Justicia y Odebrecht. Por lo demás la expulsión de Toledo por el gobierno del Presidente Trump, sería un acto de amistad hacia el Perú en un momento que su gobierno necesita desesperadamente mejorar su imagen en América Latina.

Así tendríamos un caso de extradición por la vía rápida de la expulsión que satisface a todos los interlocutores, salvo la dupla Toledo/Karp cada día más enredada en sus absurdos, pero no menos infames actos de corrupción. Lo que afirme Heriberto Benítez sobre “talionaje de la justicia”, carece de importancia. Reconozco que Benítez está jugando un papel crucial en estos hechos. La razón es muy sencilla. Toledo y espero que Karp, así como Maiman y Avi Dan On, cuando sean juzgados necesitan un abogado defensor. Sin defensa no hay proceso y el proceso es el corazón del derecho. ¡Bravo Benítez, gánate tus trece monedas pero eso sí cóbralas por adelantado, para que Toledo y compañía no te estafen como han estafado al pueblo peruano!

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