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Opinión

Indiferencia frente al abismo

05 Jul. 2017

Indiferencia frente al abismo

Por: Martín Belaunde Moreyra

La situación política del Perú paulatinamente se va deteriorando, lo cual conlleva una gradual desmejora de la economía y un malestar en el público. El panorama actual en cuanto a las diferencias entre el Congreso y el Ejecutivo no es el primero en nuestra reciente historia contemporánea, tanto del siglo XX como del XXI, pero la aplastante mayoría opositora en el Congreso no tiene precedente. Podemos hacer comparaciones con el gobierno de Bustamante que no gozaba de una mayoría absoluta en ambas cámaras, o con la primera administración de Belaunde que debió afrontar la permanente oposición de la Coalición Apra-Uno resentida por su elección presidencial.

En ambos casos el Perú desembocó en golpes militares, el primero de carácter conservador y el segundo de un pseudo nacionalismo revolucionario. El gobierno militar y formalmente constitucional de Odría tuvo el mérito de manejar bien la economía. Los regímenes militares de la Primera y Segunda Fase constituyeron un auténtico desastre que dejaron al país sin reservas económicas y con un aparato productivo sumamente deteriorado. Morales Bermúdez trató de corregir algunos errores de su predecesor, pero lo hizo a medias, si bien fue favorecido por un breve repunto de la economía mundial que mejoró algo las cosas.

El resultado fue que, en el segundo gobierno de Belaunde se tuvo que enfrentar simultáneamente una recesión internacional, la primera crisis de la deuda externa y el ataque terrorista de Sendero Luminoso, así como del MRTA. Terminó su gobierno con un ligero repunte económico, que le sirvió a Alan García para propiciar algunas medidas económicas destinadas a estimular el consumo interno, que desencadenaron una inflación descontrolada. En 1987 la economía peruana estaba postrada y encima vino la estatización bancaria que deprimió más al país. La inesperada victoria electoral de Fujimori sobre Vargas Llosa contribuyó entre otras cosas, a que el mandatario electo se inclinara por un programa de shock similar al propuesto por el candidato derrotado, pero con una ayuda inesperada de los sectores de inteligencia. La década de Fujimori con sus luces – la lucha contra Sendero – y sombras – el abuso del SIN – terminó en noviembre del 2000 al agotarse su intento de permanecer en el poder con el fraude electoral. El escándalo de los vladivideos fue el espolón que condujo a su brusca caída.

Estas dos primeras décadas del siglo XXI han sido de un innegable crecimiento, fundamentalmente por el incremento de la producción minera y gasífera, así como por el aumento de sus cotizaciones. También, hubo un aceptable manejo macroeconómico que nos alejó de los peligros del desborde inflacionario, sin paralizar la actividad productiva. Hoy enfrentamos una nueva situación. Existe la necesidad de reactivar la economía con una doble inversión pública y privada, pero las dos están íntimamente ligadas a una mínima estabilidad política y social. Para alcanzar ambos objetivos se requiere de quienes ejercen el poder negativo de censurar desde el Congreso y el poder positivo de actuar desde el Ejecutivo, tengan un mínimo de prudencia y sagacidad. ¿La carta pública de Keiko Fujimori pidiendo una entrevista a Kuczynski para expresarle su preocupación sobre la situación del país responde a esas dos exigencias? Veremos el desenlace con la respuesta del Presidente de la República.