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Opinión

Jironeando

02 Sep. 2017

Jironeando

Por: Alfredo Lozada

Siempre escuché las historias de como en los tiempos juveniles de mi abuela era muy aristocrático pasear en el Jr. De la Unión, el llamado “jironear”. Las mejores casas comerciales de la época estaban en sus cuadras.
A Abraham Valdelomar se le atribuye la frase: “El Perú es Lima, Lima es el Jirón de la Unión, el Jirón de la Unión es el Palais Concert y el Palais Concert soy yo”. No se sabrá nunca si en realidad la dijo o no, pero con ello se pretendía reflejar el peso del Jirón de la Unión en la vida social, económica y cultural de nuestro país.

El conquistador Francisco Pizarro trazó el hoy llamado Jirón de la Unión, cuando fundó nuestra Ciudad de Los Reyes. El nombre impuesto mucho tiempo después, marca su característica principal, ser el gran corredor unificador de los jirones que llevan nombres de departamentos de la costa, con los que llevan nombres de regiones de la sierra peruana.
En los ochentas y parte de los noventas el Jirón de la Unión sufrió del terrible deterioro y decadencia del que fue presa todo el centro histórico de Lima y en general toda nuestra ciudad.

El reordenamiento del centro histórico dispuesto por el Alcalde Alberto Andrade, junto a la mejora económica y pacificación del país durante el Gobierno de Alberto Fujimori, permitieron que el Jirón experimentara una reactivación en su economía.

Lamentablemente, este histórico espacio de reunión y comercio hoy símbolo del nuevo Perú, fue el pasado martes centro de una feroz balacera y muerte. La imparable inseguridad sigue multiplicándose en nuestras calles, habiéndose convertido en un terrorismo urbano.

El “emporio” del cambio de la divisa americana ubicado en su intersección con el Jr. Ocaña, fue el epicentro de un nuevo acto delictivo, que le quitó la vida a una humilde trabajadora que por más de 30 años limpiaba las calles del célebre Jirón de nuestra ciudad.

Si bien el cambio de moneda es libre en el país, no es razonable que se realiceen plena calle, como se tratará de pan o galletas. La exposición al peligro que genera esta actividad no es teoría, va cobrando muchas vidas. La calle no puede ser lugar para realizar transacciones de este tipo.

Debe seguirse en el ejemplo de Municipios como San Borja y San Isidro, que en resguardo de sus vecinos y visitantes, y a pesar de las quejas de los cambistas, tomaron la firme determinación de proscribir esta actividad callejera en sus distritos, la prohibición debe ser a nivel nacional. (*) Master en acción política, especialista en gestión pública.