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Opinión

Kissinger y el orden mundial

07 Jun. 2017

Kissinger y el  orden mundial
Martín Belaunde Moreyra

Por: Martín Belaunde Moreyra

El autor de la presente columna se encuentra a punto de terminar la lectura del libro de Henry Kissinger, “Orden Mundial-Reflexiones sobre el carácter de los países y el curso de la historia”. Debo confesar que me hubiera gustado leerlo en inglés, porque a veces las traducciones, por buenas que sean, pierden algo del sentido primigenio de la obra. Sea lo que fuere, se trata de un libro extraordinario en la que su autor recorre la historia mundial desde el siglo XVI hasta hace escasos tres años, sacando consecuencias fundamentales sobre la naturaleza geopolítica del peligroso mundo en el cual vivimos.

Probablemente quienes lean estas líneas estén familiarizados con la vida y trayectoria de Henry Kissinger, sin embargo, esa afirmación no es cierta en todos los casos. Ningunos de mis alumnos universitarios del curso de Derecho Internacional Público sabía quién era. Quizás esa ignorancia sea atribuible al hecho de que Henry Kissinger dejó de ejercer la función pública el 20 de enero de 1977, hace algo más de 40 años. Pero su influencia en el escenario mundial no ha disminuido por la fuerza de su capacidad y la hondura de su análisis.

Debemos recordar que Henry Kissinger, durante los gobiernos de Richard Nixon y Gerald Ford (1969-1977) ejerció las funciones de Consejero de Seguridad Nacional y Secretario de Estado. También debe destacarse que Henry Kissinger llegó a los Estados Unidos en 1937, cuando tenía 12 años huyendo de la Alemania nazi por su condición de judío que, de haber permanecido en su país de origen, probablemente habría terminado en un campo de concentración.

Pero afortunadamente para él y su país adoptivo, Kissinger emigró a tiempo y pudo estudiar en Harvard, para luego seguir una carrera académica que después lo catapultó a ser uno de los hombres más poderosos del mundo. Es un ejemplo emblemático de honor al mérito, de pobre inmigrante a líder político e intelectual del establishment. Cabría preguntarse ¿cuál es la facultad que lo distingue y por qué su libro Orden Mundial es un trabajo notable? En primer lugar, yo diría su capacidad de síntesis para sacarle sentido a la historia de Occidente desde la Paz de Westfalia en el siglo XVII y el orden político jurídico resultante hasta llegar al momento actual, en el que padecemos de una anarquía corrosiva.

En el siglo XX, después de la Segunda Guerra Mundial hasta el fin de la Guerra Fría, vivimos a la sombra de la bomba atómica. En ese periodo de haberse desencadenado un conflicto directo entre Estados Unidos y Rusia, hubiéramos tenido un desenlace de “destrucción mutua asegurada”. Por suerte no ocurrió, aunque estuvimos cerca. Luego vino el predominio de los Estados Unidos que ahora parece desvanecerse con el surgimiento de China y la emergencia del terrorismo islámico. Este último es caótico y asesino, como acabamos de ver en Inglaterra. ¿Qué puede pasar después? Habrá que rezar o cruzar los dedos, o más bien aplicar una inteligencia disuasiva, para que ningún artefacto nuclear llegue a manos de grupos terroristas. Esa es la máxima amenaza sobre el orden mundial que lo puede llevar a su destrucción.

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