La mala comunicación (I)

Por: Jorge Rochabrunt

Me he dedicado los últimos treinta años de mi vida a la comunicación en todo lo que sea imaginable: desde el periodismo, las relaciones públicas, la política, el desarrollo, la empresa, el gobierno, la sociedad. Y no me creo el experto ni el gurú de nada, pero la experiencia, los errores me han enseñado mucho y sigo aprendiendo cada día. Por eso siento que puedo escribir sobre lo que veo cada día en el mundo de la comunicación política y veo con alarma la carencia de sentido estratégico y filosófico de lo que hacen los líderes del país con la comunicación y de lo que no hacen los supuestos asesores de esa comunicación política. Salvo siempre, mejor parecer, por supuesto.

En primer lugar, debo decir que cada día veo con mayor preocupación la falta clamorosa de profesionales preparados con epistemología y doctrina de la comunicación como consultores o asesores de los decisores y líderes políticos del país. Gente que se cuelga de los sacos del poder, que le vende al político la idea de la comunicación como un tema de “imagen”, que le habla de “posicionamiento”, que le dice al oído “estás perfecto, muy bien lo que acabas de decir” y que le vende la idea que “necesitamos publicidad; estamos en el camino correcto” y no hacen más que inflar el ego político del líder, venderle humo denso de supuesto liderazgo, agitarle banderas de éxito por los centímetros cuadrados de publicaciones y minutos en entrevistas televisivas a la que les ponen precio comparativo del mercado publicitario. Y algunos se venden porque tienen “muchos contactos” en los medios, organizan almuercitos con sus patas de los periódicos y caminan en las nubes de un supuesto Eleusis del poder. Bien por ello, pero un carajo que todo eso tiene que ver con la comunicación que necesita el país.

Es muy importante para el bien público, para el interés nacional, que todos los involucrados en la comunicación (clave para encaminar el desarrollo, el diálogo nacional y la paz social que requiere la prosperidad colectiva como objetivo) nos sentemos a trabajar de verdad, en los aspectos importantes y trascendentales de la comunicación, y dejemos este maniqueísmo prosaico de la imagen como impacto. Lo que todo asesor y consultor de comunicación en este país tiene que comenzar a trabajar (lo propongo como tarea nacional) es el sentido y el propósito de la comunicación que estamos produciendo para el país, desde nuestros líderes políticos y gobernantes.

Como ejemplo solamente, en mi opinión, ni Keiko Fujimori ni Pedro Pablo Kukcynsky están haciendo la mejor política ni la mejor comunicación. Cuando PPK dice que “metió la pata” porque asesorado por sus partidarios soltó un comentario que lanzó un petardo a su propio proceso de diálogo político y cuando Keiko Fujimori sale en un balcón vociferando y burlándose de las 104,249 personas que padecen la enfermedad de la depresión de los cuales 40,000 están en la etapa joven, con alto riesgo de muerte por suicidio, entonces podemos concluir que no, no hay una idea clara de qué comunican y con qué propósito. Y ese es el tema central: el propósito de la comunicación. Allí radica la importancia sumaria de por qué comunicar, antes que el mensaje en sí.

Bajo este concepto, el propósito de la comunicación, sobre todo de la comunicación política, nace de entender para qué decir lo que digo, con qué intención, y qué espero de los receptores de ese mensaje; otro tema importante tiene que ver con los receptores y se amarra con la necesidad de mirar más allá de sus propios intereses políticos: cuando Keiko dio ese mensaje denigrando a los enfermos de depresión, ¿lo hizo pensando en el pueblo fujimorista? ¿En la ciudadanía en general? ¿En nadie más que en ella misma? ¿Fue una emoción antes que una intención?

Mientras que cuando PPK deja tomarse fotos de rodillas en la capilla de Cipriani, dándose besos con Keiko y días después lanza iracunda afrenta contra el fujimorismo, ¿Es parte de una estrategia política? ¿Es una estrategia de comunicación dirigida al pueblo pepekausa? ¿Simplemente metió la pata?

Ya Aristóteles, el filósofo griego discípulo de Platón y maestro de Alejandro Magno, cuando escribió uno de sus decenas de tratados sobre la retórica (o la comunicación) dijo claramente que era “la búsqueda de todos los medios de persuasión que tenemos a nuestro alcance” pues efectivamente, el propósito de la comunicación es esencialmente persuadir, buscar un cambio en el otro, lograr que se oriente un fin común, prender una linterna en la penumbra de la política, para enfocar a todos en un camino a seguir. Si la comunicación política no tiene un propósito amplio, de beneficio de todos, si no persigue objetivos del país, y solo sirve para llenar de helio el ego del político y el líder o peor aún, del vacío suicida de aislarlo de la realidad, entonces la comunicación no está logrando nada bueno para el país.

Quiero permitirme amigos lectores, desarrollar unas cuantas ideas en tres entregas, siendo este martes la primera, para poder aportar al debate público en el que todos estamos involucrados: ciudadanos, políticos, expertos, estudiantes de comunicación, gobernantes, todos en suma, por qué necesitamos una comunicación con propósito que evite la mala política y la mala comunicación.

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