logo La Razón
El diario de todos los peruanos
Opinión

La suma de todos los miedos

31 Oct. 2017

La suma de todos los miedos

Por: Jorge Rochabrunt Gamarra

Estamos en un serio problema como país, entrando a una tormenta perfecta. Se ha puesto en agenda la pena de muerte a raíz de una ola de violencia y crímenes sexuales cometidos contra mujeres, niñas y niños. Y aunque eso lamentablemente no es nuevo, parece que se hacen cada vez más visibles o efectivamente, ocurren con mayor frecuencia. Como sea, es terrible que seamos un país violento, donde hay muchos casos de violencia sexual, física y psicológica contra mujeres y otras personas vulnerables, por diversas razones.

Esto ya no se arregla con campañas en Facebook y Twitter. Los abogados y juristas en general repiten mayoritariamente que, tanto por principios como tecnicismos forenses, la pena de muerte no debe implementarse en Perú. Los ciudadanos y ciudadanas claman muchos por la pena de muerte, pero por supuesto nadie en el frente social tiene la capacidad y/o valentía, de agarrar de verdad el toro por las astas, lo cual equivaldría, por ejemplo, a promover una iniciativa ciudadana de proyecto de Ley, como se hizo con la Ley de Radio y Televisión hace años, por ejemplo.

Ok. ¿Qué hacemos?
Lo cierto es que hay de fondo, pero muy de fondo, un tema en relación a la salud pública y, sobre todo, a la salud mental como un tema de salud pública. Si los violadores y asesinos de niños, niñas y mujeres, son considerados enfermos mentales –supongamos que sea así en la mayoría de los casos- ¿El Estado tiene derecho a matarlos? Es bien complicado esto. No alcanzo a responderme.

Recuerdo cuando cubría casos judiciales en los 90, en los juicios orales de los destructores y los retacos entre otros, una sala penal de la Corte Superior de Lima, decía en su sentencia que, entre los responsables de la existencia de estas bandas de avezados delincuentes, se contaba a la sociedad en su conjunto –es muy común eso en la justicia penal- porque mucho tenían que ver las condiciones socioeconómicas y culturales en la reproducción de la delincuencia –afirmaban esos magistrados- ¿Y entonces? ¿Somos también corresponsables de esto?

El hecho es que un antiguo estudio a nivel mundial del Departamento de Salud Mental y Abuso de Sustancias de la Organización Mundial de la Salud del año 2004, titulado Promoción de la Salud Mental, Conceptos, Evidencia Emergente y Prácticas; pese a sus años, contiene una afirmación concluyente y de fondo que traigo a colación para el debate, porque sustenta la suma de todos nuestros miedos:

“Los problemas mentales, sociales y de conducta pueden interactuar en forma tal que intensifican sus efectos sobre la conducta y el bienestar de todos. El abuso de sustancias, la violencia, el abuso de mujeres y niños, por una parte, y los problemas de salud como enfermedades cardíacas, depresión y ansiedad, tienen mayor prevalencia y son más difíciles de afrontar cuando existen condiciones de altos niveles de desempleo, bajos ingresos, educación limitada, condiciones estresantes de trabajo, discriminación de género, estilo de vida no saludable y violaciones a los derechos humanos”. Fin de la cita. Inicio del debate público.