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El diario de todos los peruanos
Opinión

Los fatuos parlamentarios

27 Jun. 2017

Los fatuos  parlamentarios
Javier Valle Riestra

Por: Javier Valle Riestra

Los fatuos parlamentarios de hoy enclaustrados dentro de su torre de marfil viven al margen de la realidad nacional. No captan que el Perú los vislumbra como una casta. E ignoran como en nuestra patria se está produciendo una revolución social más allá de las izquierdas y más allá de las derechas, la que se expresa en un hartazón por el decrépito Estado peruano y sus instituciones falsificadas.

Como lo anunciará Matos Mar en su genial libro de 1982 sobre la crisis del Estado y el desborde de las masas, el Perú informal (de espera del Inkarri, de adoración a los santones no canonizados, del trueque) devorará al Perú formal (de los partidos políticos, de la bancocracia, de la iglesia, etc.). Eso es trascendental porque se está arquitecturando una constitución, una hoja de papel, como diría Lassalle, al margen de los factores reales del poder.

Que en el Perú de hoy no son ni el ejército ni los partidos, sino las masas iracundas que desfilaron en Arequipa, en Moquegua, en Tacna, en Tarapoto, en Ayacucho, en Cayaltí, etc. Si no los interpretamos, en el firmamento del Estado feudal burgués del Perú leeremos las bíblicas palabras “mane tecelfares”, tus días están contados. Ya lo decía Ferdinand Lassalle en su conferencia “Qué es una Constitución” pronunciada hace ciento treinta años: “supongamos que ustedes dijesen: ya que las leyes han perecido y vamos a construir otras totalmente nuevas, desde los cimientos hasta el remate, en ellas no respetaremos a la monarquía, las prerrogativas de que hasta ahora gozaba, al amparo de las leyes destruidas; más aún, no le respetaremos prerrogativas ni atribución alguna; no queremos monarquía. El rey les diría, lisa y llanamente: podrán estar destruidas las leyes, pero la realidad es que el ejército me obedece, que obedece mis órdenes; la realidad es que los comandantes de los arsenales y los cuarteles sacan a la calle los cañones cuando yo lo mando, y, apoyado en ese poder efectivo, en los cañones y las bayonetas, no toleraré que me asignéis más posición ni otras prerrogativas que las que yo quiera. Como ven ustedes, señores, un rey a quien obedecen el Ejército y los cañones … es un fragmento de Constitución”.
Hace ciento treinta años los factores reales de poder eran el Rey y el Ejército. Hoy lo son las masas pauperizadas. Lo dijo, también, en 1789 el verdadero constructor de la doctrina del poder constituyente, el abate Enmanuel Sieyés.
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