París despertó en marzo y explotó en mayo del 68

Por: Néstor A. Scamarone M.

Todo se inició cuando se produjeron una serie de huelgas estudiantiles en numerosas universidades e institutos de París, seguidas de confrontaciones con la universidad y la policía. El intento de la administración de De Gaulle de ahogar las huelgas mediante una mayor carga policial, sólo contribuyó a encender los ánimos de los estudiantes, que protagonizaron batallas campales contra la policía en el Barrio Latino y, posteriormente, una huelga general de estudiantes y huelgas diversas secundadas por quince millones de trabajadores en todo el territorio francés.

Yo Estudiaba en “La Sorbona”, tomaba muchos vinos, comía quesos franceses, componiendo el mundo socialistamente y haciendo el amor, como debe ser a esa edad. Entonces, De Gaulle, cediendo a nuestros pedidos, disolvió la Asamblea Nacional y se celebraron elecciones parlamentarias anticipadas el 23 de junio de 1968 y también ganamos el derecho de los estudiantes varones de la Sorbona a entrar en los dormitorios de nuestras compañeras estudiantes, Hasta ahora recuerdo las inolvidables noches de locura he pasado ¡Vivan las huelgas de mayo!

En aquellos días, en medio de las tumultuosas manifestaciones estudiantiles y obreras que sacudían las estructuras políticas, sindicales y estudiantiles, veíamos con admiración a Daniel Cohn-Bendit, muchacho de 23 años, con roja y alborotada cabellera, ardiente discurso y miles de otros jóvenes que lo secundábamos.
Estábamos protagonizando una revolución en la que no solo lograríamos algunos éxitos a corto plazo (como menciono: disolución de la Asamblea Nacional), sino otros de mayor envergadura como el de haber sacudido las estructuras tradicionales y me considero yo, que era parte de los cientos de miles de jóvenes que estremecimos este planeta Tierra, que desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y durante la reconstrucción de Europa habían prevalecido.
La consigna por entonces era: “Prohibido prohibir” que resumía la rebeldía que siempre caracteriza a los movimientos de juventudes. Igual ocurrió después en Estados Unidos en 1970 durante la revuelta iniciada en Kent State University (Ohio) contra de la guerra de Vietnam cuando se acuñó otra frase célebre: “hagamos el amor y no la guerra”, que bueno, aunque me lo perdí.

París vivió una eclosión revolucionaria que puso en tela de juicio las bases sociales y económicas vigentes: el modo de producción, la jerarquización, la función del estado, la institución e la familia, sobre todo el sexo.

Lo que Francia asumió como un movimiento que parecía convocar a todas las voluntades progresistas pronto se vio envuelto en las marañas de la política cuando el Partido Comunista Francés, como siempre han hecho los “comunistas”, preocupados porque le habían quitado sus banderas, prefirieron liquidar las huelgas para poder negociar y transar con el Gobierno y atribuirse victorias políticas ¡Como nos jugaron algunos, que cojudos fuimos!.

Danny Le Rouge finalmente adoptó la nacionalidad alemana para evadir el servicio militar francés y hoy es el líder del partido Verde (ecologista) en el Parlamento Europeo. Otros saborearon las mieles del “status” y abandonaron los ideales juveniles, pero yo no abandoné los recuerdos que imperan en mi memoria y que me dan saudades profundas, es que todavía estoy con mi compañera esposa corriendo de la “policía disuelve manifestaciones”, gritando muy fuerte “prohibido prohibir, “el aburrimiento es contra revolucionario”, por suerte todavía no había salido: “hagamos el amor y no la guerra”. ¡Ay París, que bello eras el 68!

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