Reflexiones para evitar la guerra del agua - I

Por: Jorge Rochabrunt Gamarra

Ahora que de forma realmente masiva estamos viviendo el impacto del desequilibrio climatológico y su impacto en un servicio ambiental crucial para la vida, como es el acceso al agua, quiero señalar que no quiero meterme en honduras técnicas ni en sesudas lecciones de ambientalistas capos. Porque no lo soy. Quiero solamente, desde una visión política y ciudadana, cómo podemos enfrentar el tema y qué proponer, para evitar caer en una guerra del agua.

Sí. Porque piensen tan sólo un ratito: ¿Creen que la cordura puede mantenerse mucho tiempo dentro de un moderno edificio de 20 pisos, con 100 departamentos y mil personas viviendo dentro, sin agua? ¿O dentro de un penal de 7 mil reclusos, sin agua? ¿Dentro de una gran unidad escolar de 2 mil alumnos o dentro de una comunidad en los cerros de Lima? No estamos hablando de tener saneamiento (desagüe) o de tener poca agua y cara. No. Estamos hablando de no tener agua. Un día. Cinco días. Dos semanas, un mes.
¿Se imaginan no tener agua un mes? Quiero que entiendan. No quiero generar estados alterados, sino generar reflexión sobre la importante de entender, que todos, TODOS, tenemos implicancias sobre el resultado de no tener agua. Nadie tiene la culpa al 100% en esto, pero el 100% de todos nosotros sí tenemos una responsabilidad al respecto. Como quisiera demostrarlo en estos próximos artículos.

Porque en el caso del agua, no solo es la posición que asumimos como consumidores, sino como ciudadanos, porque somos consumidores colectivos de un bien común que es propiedad de la humanidad, no de tu casa, no de tu caño, no de tu piscina. Porque el agua que consumes es la misma que existe en la tierra, hace millones de años. No hay una sola molécula de agua que haya sido creada por el hombre. Convertida en producto potable, sí. Convertida en otros productos sí. Pero el hombre extrae del subsuelo y recolecta de los torrentes pluviales el agua, no la produce, no la inventa. La encuentra y la usa, mal o bien. Para el mal o para el bien.

Es un bien escaso de alto valor en el ambiente y la sociedad. El agua dulce apenas representa el 3% del total de agua del planeta, mucha de ella en estado sólido, entonces, sí, es un recurso recontra escaso ya en su estado natural, mucho más restricta en su estado comercial, es decir, la que pagas para que salga por tu caño, salvo que la saques de tu pozo propio, o que te la robes.

Pues bien. Hay una agenda que quiero analizar contigo y que pongo en las páginas del periódico que es la agenda del agua que tiene los siguientes componentes que como todos hemos visto con esta “pequeña” crisis del agua en Lima y en otras ciudades. Es una agenda difícil y tiene un equilibrio muy frágil. Tanto que, paradójicamente, a más agua en el ecosistema, menos agua en tu casa y más caos en las calles. Así de sencillo. Ni tú ni yo veíamos esto hasta que vino esta crisis climática, que le ha quitado la vida y la tranquilidad a decenas de miles y a ti, en tu casa, que felizmente la tienes en pie, a diferencia de 67 mil peruanos.

Esa agenda es: 1.- La fuente del agua que Lima consume (dónde nace el agua que Lima consume hasta que llega a las bocatomas de SEDAPAL en la Atarjea, por dónde pasa y cómo se transforma) 2.- Abastecimiento del agua a la gran Lima (quién decide cuánto llega y cuánto tiempo recibe cada hogar y cómo llega. Hay grandes desequilibrios e inequidades en ese proceso; 3.- Calidad del agua (cómo es el agua que nos entrega SEDAPAL, qué pasa si esa calidad varía) 4.- Consumo del agua, es decir, qué hacemos los limeños con el agua. Y allí aparece el tema del agua como derecho humano, el agua como derecho ciudadano, el agua como negocio y el agua como delito.

Te invito a conversar sobre estos temas y discutir qué hacer para pensar en soluciones a los temas abordados, porque que no te quepa duda: esa no es una tarea solamente de SEDAPAL, ni del ministerio de Vivienda y Saneamiento, no es que gritamos y nos traen el agua. Mirar todo eso, puede suponer la diferencia, en mi opinión, de engendrar una sociedad de violencia en torno al agua, o de una sociedad equitativa y civilizada, en torno al agua.
(*) www.rochabrunt.pe

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