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El diario de todos los peruanos
Opinión

Rumbo y recorrido

06 Aug. 2017

Rumbo y recorrido

Por: Antero Flores-Araoz

Nadie duda que el rumbo adoptado por el Gobierno de Pedro P. Kuczynski es el adecuado, y no solo desde que asumiera la conducción del Estado sino desde antes, pues lo fijó tanto en la campaña electoral del año 2011 al igual que en la última del 2016 en las que participó.

¿Y cuál es ése rumbo? El rumbo sensato. El país requiere crecimiento con la finalidad de elevar el nivel de vida de la población. ¿Cómo se consigue? Pues teniendo claro que para que exista bienestar se necesita que haya trabajo, y para lograrlo no existe otra herramienta que la inversión, pública y privada.
La inversión no baja del cielo, los tiempos en que el maná caía del cielo están tan lejanos como el Antiguo Testamento.

La inversión se genera con confianza y optimismo en lo inmaterial, pero ello se sustenta en acciones claras como son la tranquilidad social. Nadie invierte su capital en lugares en que puede peligrar por la conflictividad social y por el reino de la delincuencia, y en lugares en que su capital humano como sus instalaciones, estén a merced de los antisociales.

Cuidado, es más que sabido que los antisociales muchas veces están maquillados de revolucionarios sociales y de los autodenominados seguidores de lo correcto, a los que en décadas pasadas los calificábamos como los “social confusos”.

La direccionalidad o rumbo correcto tomado, por lo menos en la teoría, por el actual gobierno, ya tiene más de un cuarto de siglo, y ha sido seguido desde Alberto Fujimori, pasando por Valentin Paniagua, proseguido por Alejandro Toledo, enriquecido por Alan García y mantenido hasta por Ollanta Humala, en este último caso quizás con falta de convicción aunque percibiendo que cualquier cambio sería perjudicial al país.

Para el primer año del actual Gobierno, nos fue prometido, en la sabia ruta por la que se optó, primeramente destrabar las inversiones, reducir el exceso regulatorio y la tramitología, la reducción tributaria y la formalización del empresariado informal.

Lamentablemente ni lo uno, ni lo otro, como tampoco los otros dos ofrecimientos. Evidentemente se ha tenido que afrontar dos situaciones fuera del ámbito de la voluntad gubernamental, como lo fue el desastre natural del “Niño Costero” y el efecto devastador de la corrupción del famoso caso brasileño “Lava Jato”.
La “saladera” pasó factura pues no se conoce de una sola obra gubernamental destrabada en los hechos, aunque si puede serlo en el papel.

La reducción impositiva realmente, imposible de cumplirse, como fuera señalado por los conocedores. La reducción regulatoria y disminución de la tramitología fue muy tenue, casi inadvertida, y ello porque hubo timidez en la ejecución de las facultades que había delegado el Parlamento al Poder Ejecutivo. Como corolario la formalización quedó en simple sueño por no dejar en el olvido las antiguas deudas que la impiden.

Ahora frente al segundo año, necesitábamos una dosis efectiva de optimismo y confianza, que no se ha dado, pero podría darse en próximos meses para recobrar las bondades de la ruta del crecimiento.