Venezuela: golpe judicial de Estado

Por: Martín Belaunde Moreyra

Y con espectacular retroceso además por orden directa de Maduro, dizque por sugerencia cubana, con lo cual el así llamado Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela no es ni tribunal, ni supremo ni menos de justicia. Ahora es simplemente la mesa de partes del gobierno narco-civil-militar que tiraniza y desgobierna a los venezolanos. A cualquier persona enterada del Derecho resulta absurdo que el Poder Judicial, cuyos integrantes no son elegidos por el pueblo sino designados administrativamente, pretenda reemplazar al Poder Legislativo que proviene de la votación popular y es el ente representativo de la soberanía nacional. En ese sentido se encuentra por encima del Ejecutivo. No en vano se le llama Primer Poder del Estado, para fiscalizar al gobierno a fin de impedir que se convierta en un nuevo despotismo.

Precisamente eso ha venido ocurriendo en Venezuela desde que el Comandante Hugo Chávez Frías fuera elegido presidente en 1998, con una prédica populista y demagógica en la que ofreció bienestar para todos con la acción benéfica del Estado y de su riqueza petrolera. En su campaña inicial se cuidó muchísimo de guardar las formas democráticas, pero lo primero que hizo fue derogar la constitución vigente para promulgar una nueva carta política que llamó Bolivariana, denominación que precede al nombre del país. Se trató de una extensa constitución de 350 artículos que formalmente respeta las esencias de la democracia. No obstante detrás de las formas jurídicas, lamentablemente se escondía un insaciable apetito de poder, alimentado desde la Cuba castrista y además sustentado en el dispendio de los grandes recursos naturales de Venezuela, de los cuales el petróleo es el primero más no el único. Así Chávez se convirtió en un extraordinario Papá Noel de las clases más pobres, con inmenso éxito electoral en los primeros años de su gobierno. En esa forma pudo resistir un torpe intento golpista, que terminó fortaleciéndolo en su designio de gobernar con poderes absolutos.

En los años siguientes Chávez entró en una vorágine demagógica financiada por el aumento de la cotización del petróleo, aliándose con los gobiernos del Caribe, Cuba como la isla insignia, e interviniendo en la política interna de muchos países latinoamericanos entre ellos Argentina, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Honduras, Paraguay, Uruguay y por cierto el Brasil de Lula. Sin duda hubo algunas excepciones como Perú y Chile, a pesar de haber financiado la primera candidatura de Humala. La prosperidad venezolana parecía inagotable pero los constantes desaciertos económicos de Chávez, unidos a la caída del precio del petróleo, le jugaron en contra y Venezuela entró en una crisis financiera de la que hasta hoy no puede salir.

En esas circunstancias Chávez se enfermó, pero aún candidateó una vez más ganando la elección con un margen relativamente estrecho. A su muerte designó a Maduro como su heredero político y éste último presentó su candidatura, derrotando al opositor Capriles, gracias a la ayuda del Consejo Nacional Electoral. Pero no pudo impedir su aplastante derrota parlamentaria en las elecciones del 3 de diciembre del 2015, que el suscrito observó invitado por la Mesa de Unidad Democrática, que a pesar de las amenazas de Maduro obtuvo una abrumadora mayoría de dos tercios. Venezuela se encuentra en una encrucijada y los gobiernos democráticos de América deben ayudarla a recuperar la libertad.

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