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El diario de todos los peruanos
Opinión

¿Y dónde está el piloto

28 Aug. 2017

¿Y dónde está el piloto

Por: Néstor A. Scamarone M.

Soy un piloto aficionado a volar todo tipo de aviones: bueno, bueno, lo hago en simuladores de vuelo a través de mi computadora. El caso es que estos simuladores como el “Flight Simulator 2017”, me hacen pasear por diferentes partes del mundo; es así, que vuelo sobre mi encantador París, como viajo en un 747 de Londres a Tokio; en fin, es divertido.
Nadie cambia de piloto en medio de un vuelo: “Damas y caballeros, no queremos alarmarlos: mientras tengamos a este capitán, abróchense los cinturones pero, sería preferible que se pongan sus paracaídas, ya que hay infinidad de huelgas de contralores aéreos y las más feroces son las de los profesores del antisistema peruano”.

Es una buena analogía. Un avión como un país, es la unión de personas en movimiento hacia un destino común, aunque esto último, en ciertos casos, no deja de ser una ironía. Hay varias clases de aviones, los de motor a pistón, los de motor a turbina y los que tienen la pésima suerte de ser víctimas de la piratería y política nacional obstruccionista y destructiva, como viene sucediendo y que por lo mismo entran en barrena. O el de la inestabilidad actual en que el <> casi está diciendo: “tengo miedo, basta, yo me tiro, abran la puerta de emergencia y póngame un paracaídas”.

Ha avanzado la aviación desde tiempos de los célebres hermanos Wright. Radares, pilotos automáticos, horizontes magnéticos, tecnología de punta, en una palabra. Por lo mismo, en el estado actual de la aeronáutica, puede decirse sin incurrir en exageración, que casi todos los desastres aéreos, de lo que se llama desastres, obedecen a lo que en la respectiva terminología se conoce como “horror o error humano”.

¡Señor, señor, los pasajeros reclaman! Dicen que volamos en círculo, que estamos extraviados sobre la inmensidad del océano; que perdemos altura y que si seguimos así, en lugar de avión, en pocos minutos adoptaremos la condición de submarino. Tienen razón. Parece que no vamos hacia ninguna parte ¿será que nadie está dirigiendo este camastrón? Reclámele al capitán. Pero señor ¡usted es el capitán! Entonces dígales a los pasajeros que se callen y “déjenme trabajar”.
La caja negra. Un avión sin caja negra no puede hacer una operación de despegue. Ni siquiera un modesto vuelo. Sucede que la tripulación cuando se sabe sin control y sin la mirada atenta de este artefacto indispensable, se torna, desvergonzada, rochera, se reafirma totalmente corrupta, si no que lo digan las empresas brasileras y sus ad láteres peruanas y en especial manoseadoras, maleteras, amén de tránsfugas.

Claro, mienten, peculen, trafiquen con influencias o hasta se permitan, en pleno vuelo, ejercer el oficio más antiguo del mundo. ¡Señor, señor, los pasajeros, de nuevo, están amotinados! Dicen que tenemos una caja negra, sorda, ciega, muda, parapléjica y que por el tipo de música que emite no sé, no lo digo yo, lo dicen ellos en lugar de negra, más bien parece rosada. No les haga caso. Negra o rosada, a esa gente les tiene sin cuidado el color de la caja. Lo que verdaderamente quieren, es obligarme a renunciar a la aerolínea.

Su atención, por favor. Se anuncia la salida del último viaje, sin número y sin plan de vuelo conocido. Como hemos tenido algunas quejas contra pilotos, copilotos e ingenieros hemos cortado por lo sano. Así que como capitán, vamos a aterrizar en el aeropuerto internacional de Chinchero, el día y la hora, la desconocemos…