2021: El comunismo criollo al poder

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Sergio Tapia T.
Sergio Tapia T.

SERGIO TAPIA T.

El aquelarre de Huancayo, del 26 de enero, se sintetiza en un “manifiesto” avalado por seis raquíticas organizaciones de inspiración marxista, y estuvo ausente la figura de mayor gravitación de este “colectivo marxista”, pues, no asistió Anduviri, el hijo putativo de Evo Morales, ese presidente boliviano que avala la moralidad de “todas” las formas de lucha para conquistar y permanecer en el poder. Todas. Desde la vía electoral, pasando por las técnicas terroristas y terminando en la insurrección generalizada.

Fue una reunión de líderes “momios” del comunismo criollo. Estuvieron desde la fugaz estrella política comunista franco-cuzqueña Verónika Mendoza, hasta el secretario de turno de esa anquilosada pieza de museo denominado “Partido Comunista Peruano”, guardián de los intereses de la vetusta línea “moscovita”.

No podían faltar rostros de mayor publicidad, pero no por las páginas políticas, sino las que provienen de las crónicas policiales y judiciales; rostros y nombres como los de aquellos que recientemente purgaron prisión preventiva: El exgobernador cajamarquino Gregorio Santos, y el anunciado pero inasistente Walter Anduviri gobernador de Puno.

El “dueño de casa” fue el agente de los servicios cubanos Vladimir Cerrón, gobernador de Junín (su capital Huancayo). Médico formado por el sistema universitario del socialismo cubano, aquel gobierno que no satisfecho de degradar a su nación, ha inferido graves afrentas y desconsuelos a otras naciones como a la peruana, a varias iberoamericanas y algunas africanas.

La línea revolucionaria representada en el conciliábulo rojo en Huancayo, es la clásica del marxismo-leninismo-estalinista: Suscitador de violencia social, con alta dosis de anarquismo antirrepublicano, antagónico a la democracia representativa, pro-chavista legitimador de Maduro, colaboracionista con quienes tomen armas contra la Nación pero sin compromiso directo y personal en la lucha armada.

El “manifiesto” suscrito por los 6 líderes rojos, es el medio probatorio de lo que apetecen estos adultos mayores de la revolución compulsiva. Reconocen que no fueron llamados por nadie, ni representan a nadie: “nos autoconvocamos”, dicen. No son coalicionistas, sino concertadores que se reunieron para un “Encuentro de Organizaciones de Izquierda “Voces del Cambio”. En un principio se difundió como la reunión para construir una fórmula electoral unificada para el 2021, luego lo negaron, aduciendo que la reunión tuvo por finalidad intercambiar pareceres para modificar la Constitución.

Se proponen dialogar con quien puedan, con diversas propuestas y consignas, destacando entre ellas la ideología o “igualdad de género”. Señalan a sus adversarios políticos: el fujimorismo, el aprismo y la CONFIEP. Esta facción izquierdista, no es gramsciana, no está en la línea del marxismo de clase media alta. Esta anticuada línea comunista (antes denominada pro-soviética), aún piensan en la lucha de clases al interior de las fábricas, que las masas revolucionarias serán una realidad desde el proletariado obrero y el enemigo que los obsesiona es el patrón, el empresario, esto es, la CONFIEP.

El referido “manifiesto” algo de sinceridad contiene, cuando dicen que: “Somos de los que afirmamos, de los que tenemos (…), voluntad (…) de poder”. Este es el carácter indeleble de esta casta que ha profesionalizado el uso de los medios y la aplicación de los métodos revolucionarios comunistas para la captura del poder, a partir de las recomendaciones de la ideología marxista leninista.

La siguiente cita la anuncian para el 16 de febrero, en una “Asamblea de los Pueblos”. Estaremos atentos.