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    Deprimente ingreso a Lima

           

    Columna del director
    Martín Valdivia Rodriguez

    Por:

    Deprimente ingreso a Lima

    Ayer, un amigo extranjero que llegaba a Lima se sorprendió ingratamente del caos vehicular que golpea como una cachetada a los visitantes apenas llegan a esta ciudad. Desde que Alex Kouri construyera el tristemente célebre peaje de la Av. Faucett, poco o nada se ha hecho para ampliar y embellecer esta parte del Callao que es, sin duda, la puerta de entrada al país. Imagínense, sólo el 2018 el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez registró un movimiento de 22,1 millones de pasajeros, según Lima Airport Partners (LAP), empresa operadora del aeropuerto.

    Increíble, pero ese y más, debe ser el flujo de personas que transitan por la Av. Faucett para llegar al primer terminal aéreo, millones de éstos turistas extranjeros que desean conocer las bellezas de nuestro país y se dan de bruces con una realidad que no está escrita en ningún folleto turístico. Y no sólo es el tráfico caótico que azota esta vía a cualquier hora del día, sino que los autos, buses y camiones están expuestos a la delincuencia que pulula por la zona precisamente al acecho de desprevenidos viajeros que son “bautizados” apenas llegan al Perú.

    Pero no sólo es eso. El ornato de la zona deja mucho que desear. Ningún alcalde, ni el propio Gobierno Regional, ha movido un solo dedo para embellecer esta puerta de ingreso al Perú. Las casas a lo largo de esta vía lucen a medio construir, con paredes sin tarrajear, despintadas, sucias y viejas. Hasta ahora no comprendemos por qué en el Perú existe esa espantosa costumbre de no terminar las fachadas de las casas, dejándolas a los puros ladrillos. ¿No es posible dar facilidades a esos malos vecinos de terminar sus fachadas a través de un fondo de apoyo económico?

    Ciertamente sentí vergüenza ajena frente a este amigo que no dejaba de sorprenderse por esta retahíla de calamidades que desnudan a un país que supuestamente es uno de los “tigres” de la economía Latinoamericana. En otros países, los aeropuertos están rodeados de hermosos lugares, bien cuidados, con un sistema de carreteras fluido y eficiente. A lo gris que es Lima y a la falta de verde en sus calles, no es posible que ahondemos esa sensación de fealdad con avenidas congestionadas y viviendas deprimentes. Mostremos un rostro distinto, acogedor, amigable.

    El Gobierno Regional del Callao debe tomar el toro por las astas y modificar el ornato de esta parte de la ciudad, que en buena cuenta es la puerta de bienvenida a los visitantes de todos los países del mundo. No demos, de entrada, una impresión devastadora que se contradice con nuestra cultura ancestral y una economía que puede demostrar en los hechos que es pujante y decidida. Porque lo que digo y escribo siempre o firmo.

           

    Columna del director
    Martín Valdivia Rodriguez

    Por:

    Deprimente ingreso a Lima

    Ayer, un amigo extranjero que llegaba a Lima se sorprendió ingratamente del caos vehicular que golpea como una cachetada a los visitantes apenas llegan a esta ciudad. Desde que Alex Kouri construyera el tristemente célebre peaje de la Av. Faucett, poco o nada se ha hecho para ampliar y embellecer esta parte del Callao que es, sin duda, la puerta de entrada al país. Imagínense, sólo el 2018 el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez registró un movimiento de 22,1 millones de pasajeros, según Lima Airport Partners (LAP), empresa operadora del aeropuerto.

    Increíble, pero ese y más, debe ser el flujo de personas que transitan por la Av. Faucett para llegar al primer terminal aéreo, millones de éstos turistas extranjeros que desean conocer las bellezas de nuestro país y se dan de bruces con una realidad que no está escrita en ningún folleto turístico. Y no sólo es el tráfico caótico que azota esta vía a cualquier hora del día, sino que los autos, buses y camiones están expuestos a la delincuencia que pulula por la zona precisamente al acecho de desprevenidos viajeros que son “bautizados” apenas llegan al Perú.

    Pero no sólo es eso. El ornato de la zona deja mucho que desear. Ningún alcalde, ni el propio Gobierno Regional, ha movido un solo dedo para embellecer esta puerta de ingreso al Perú. Las casas a lo largo de esta vía lucen a medio construir, con paredes sin tarrajear, despintadas, sucias y viejas. Hasta ahora no comprendemos por qué en el Perú existe esa espantosa costumbre de no terminar las fachadas de las casas, dejándolas a los puros ladrillos. ¿No es posible dar facilidades a esos malos vecinos de terminar sus fachadas a través de un fondo de apoyo económico?

    Ciertamente sentí vergüenza ajena frente a este amigo que no dejaba de sorprenderse por esta retahíla de calamidades que desnudan a un país que supuestamente es uno de los “tigres” de la economía Latinoamericana. En otros países, los aeropuertos están rodeados de hermosos lugares, bien cuidados, con un sistema de carreteras fluido y eficiente. A lo gris que es Lima y a la falta de verde en sus calles, no es posible que ahondemos esa sensación de fealdad con avenidas congestionadas y viviendas deprimentes. Mostremos un rostro distinto, acogedor, amigable.

    El Gobierno Regional del Callao debe tomar el toro por las astas y modificar el ornato de esta parte de la ciudad, que en buena cuenta es la puerta de bienvenida a los visitantes de todos los países del mundo. No demos, de entrada, una impresión devastadora que se contradice con nuestra cultura ancestral y una economía que puede demostrar en los hechos que es pujante y decidida. Porque lo que digo y escribo siempre o firmo.

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