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    A 29 años de la trágica noche: Genocidio de Joyalí – crimen contra el pueblo azerbaiyano

    Mammad Talibov, Embajador de Azerbaiyán

    Hace 29 años atrás, en un pequeño distrito de la región azerbaiyana de Nagorno Karabaj fue cometido uno de los actos de violencia étnica más brutales de fines del siglo XX. Durante la noche del 25 al 26 de febrero de 1992, luego de un masivo bombardeo de artillería pesada, las fuerzas armadas de Armenia, con el apoyo del 366º Regimiento de Infantería Motorizada de la ex Unión Soviética, invadieron el distrito de Joyalí, cometiendo atrocidades sin precedentes contra su población civil, que significaron el asesinato de 613 civiles azerbaiyanos, entre ellos 106 mujeres, 63 niños y 70 ancianos. 1275 personas fueron tomadas como rehenes y el destino de 150 personas hasta hoy día permanece desconocido. Durante esa trágica noche 8 familias fueron completamente exterminadas, 130 niños perdieron a uno de sus padres y 25 niños perdieron a ambos.

    Ese genocidio fue documentado con evidencias grabadas por periodistas de diversos medios internacionales, como BBC Morning News, The Washington Post, Le Monde, Times, Newsweek y etc. Cadáveres congelados en posturas de rendición, disparos a quemarropa, cabezas desgarradas, niños y mujeres mutilados son algunas de esas evidencias terroríficas de la incomprensible crueldad armenia.

    Mediante la ocupación de Joyalí Armenia tenía como el objetivo obtener una ventaja estratégica y oportunidades para invadir otras ciudades de Nagorno Karabaj. Hasta 1994 Armenia ocupó la región de Nagorno Karabaj y 7 distritos adyacentes, en total el 20% del territorio internacionalmente reconocido del país y cometió la limpieza étnica contra cerca de 1 millón de azerbaiyanos.

    El Genocidio de Jodyalí fue resaltado por Human Rights Watch como la masacre más sangrienta cometida en el transcurso de ese conflicto. Sin embargo, no fue el único caso, ya que Armenia cometió matanzas masivas en otras localidades de Azerbaiyán.

    Al mismo tiempo, la masacre cometida en Joyalí tuvo la clara intención de aterrorizar y romper el espíritu de los azerbaiyanos a fin de garantizar una ventaja psicológica para sus futuras agresiones.

    Lo prueban también las declaraciones del ex presidente armenio Serzh Sargsyan, quien en el libro del autor británico Thomas de Waal “Black garden: Armenia y Azerbaiyán Through Peace and War” confiesa – “antes de Joyalí los azerbaiyanos pensaban que los armenios no eran capaces de levantar la mano contra la población civil. Logramos derribar esa opinión”.

    Tras un periodo de casi 30 años, la persistente ignorancia por parte de Armenia de las resoluciones de la ONU que exigían la retirada de las tropas armenias de los territorios ocupados de Azerbaiyán, así como el fracaso de las negociaciones en el marco de la OSCE a causa de la posición destructiva de la misma Armenia, mi país logró liberar sus territorios durante la reciente guerra de 44 días, estallada también en el resultado de otra provocación armenia.

    Sin embargo, la naturaleza inhumana y terrorista a nivel estatal del liderazgo armenio volvió a manifestarse una vez más durante esa guerra, cuando sus fuerzas armadas, en una flagrante violación de todas las normas y principios del derecho internacional humanitario, lanzaron ataques con artillería pesada, cohetes y misiles balísticos contra la población civil azerbaiyana, incluso en las ciudades ubicadas lejos de la zona del conflicto, entre ellas Ganja, la segunda ciudad más grande del país, Barda, la ciudad que sufrió el ataque más sangriento de todos, así como Terter, Aghdám, Mingachevir, Goranboy, Gabalá, Kurdemir, Absherón y etc. Durante esos ataques se utilizaron por parte de las fuerzas armadas de Armenia municiones de racimo, hecho que también fue condenado por Human Rights Watch y Amnistía Internacional.

    El mismo vandalismo se observa hoy en los territorios de Azerbaiyán liberados de la ocupación armenia, cuales se asemejan a Hiroshima después del bombardeo atómico y donde Armenia totalmente destruyó la herencia histórica y cultural de mí país.

    A la luz de esas atrocidades que sufrió el pueblo azerbaiyano en manos de Armenia, la reconciliación resulta bastante complicada.

    A pesar de ello, Azerbaiyán, reconocido en el mundo por su multiculturalismo, donde más de 40 etnias hace siglos conviven sin ningún obstáculo, sigue comprometido con su trayectoria y política de dialogo, paz y cooperación regional, siempre convencido de que la única carretera de lograr la prosperidad en la región pasa por la reconciliación y paz duradera. Y para que se logre esto, Armenia debe abandonar sus reclamos territoriales, política de agresión y odio contra sus vecinos.

    Mammad Talibov, Embajador de Azerbaiyán

    Hace 29 años atrás, en un pequeño distrito de la región azerbaiyana de Nagorno Karabaj fue cometido uno de los actos de violencia étnica más brutales de fines del siglo XX. Durante la noche del 25 al 26 de febrero de 1992, luego de un masivo bombardeo de artillería pesada, las fuerzas armadas de Armenia, con el apoyo del 366º Regimiento de Infantería Motorizada de la ex Unión Soviética, invadieron el distrito de Joyalí, cometiendo atrocidades sin precedentes contra su población civil, que significaron el asesinato de 613 civiles azerbaiyanos, entre ellos 106 mujeres, 63 niños y 70 ancianos. 1275 personas fueron tomadas como rehenes y el destino de 150 personas hasta hoy día permanece desconocido. Durante esa trágica noche 8 familias fueron completamente exterminadas, 130 niños perdieron a uno de sus padres y 25 niños perdieron a ambos.

    Ese genocidio fue documentado con evidencias grabadas por periodistas de diversos medios internacionales, como BBC Morning News, The Washington Post, Le Monde, Times, Newsweek y etc. Cadáveres congelados en posturas de rendición, disparos a quemarropa, cabezas desgarradas, niños y mujeres mutilados son algunas de esas evidencias terroríficas de la incomprensible crueldad armenia.

    Mediante la ocupación de Joyalí Armenia tenía como el objetivo obtener una ventaja estratégica y oportunidades para invadir otras ciudades de Nagorno Karabaj. Hasta 1994 Armenia ocupó la región de Nagorno Karabaj y 7 distritos adyacentes, en total el 20% del territorio internacionalmente reconocido del país y cometió la limpieza étnica contra cerca de 1 millón de azerbaiyanos.

    El Genocidio de Jodyalí fue resaltado por Human Rights Watch como la masacre más sangrienta cometida en el transcurso de ese conflicto. Sin embargo, no fue el único caso, ya que Armenia cometió matanzas masivas en otras localidades de Azerbaiyán.

    Al mismo tiempo, la masacre cometida en Joyalí tuvo la clara intención de aterrorizar y romper el espíritu de los azerbaiyanos a fin de garantizar una ventaja psicológica para sus futuras agresiones.

    Lo prueban también las declaraciones del ex presidente armenio Serzh Sargsyan, quien en el libro del autor británico Thomas de Waal “Black garden: Armenia y Azerbaiyán Through Peace and War” confiesa – “antes de Joyalí los azerbaiyanos pensaban que los armenios no eran capaces de levantar la mano contra la población civil. Logramos derribar esa opinión”.

    Tras un periodo de casi 30 años, la persistente ignorancia por parte de Armenia de las resoluciones de la ONU que exigían la retirada de las tropas armenias de los territorios ocupados de Azerbaiyán, así como el fracaso de las negociaciones en el marco de la OSCE a causa de la posición destructiva de la misma Armenia, mi país logró liberar sus territorios durante la reciente guerra de 44 días, estallada también en el resultado de otra provocación armenia.

    Sin embargo, la naturaleza inhumana y terrorista a nivel estatal del liderazgo armenio volvió a manifestarse una vez más durante esa guerra, cuando sus fuerzas armadas, en una flagrante violación de todas las normas y principios del derecho internacional humanitario, lanzaron ataques con artillería pesada, cohetes y misiles balísticos contra la población civil azerbaiyana, incluso en las ciudades ubicadas lejos de la zona del conflicto, entre ellas Ganja, la segunda ciudad más grande del país, Barda, la ciudad que sufrió el ataque más sangriento de todos, así como Terter, Aghdám, Mingachevir, Goranboy, Gabalá, Kurdemir, Absherón y etc. Durante esos ataques se utilizaron por parte de las fuerzas armadas de Armenia municiones de racimo, hecho que también fue condenado por Human Rights Watch y Amnistía Internacional.

    El mismo vandalismo se observa hoy en los territorios de Azerbaiyán liberados de la ocupación armenia, cuales se asemejan a Hiroshima después del bombardeo atómico y donde Armenia totalmente destruyó la herencia histórica y cultural de mí país.

    A la luz de esas atrocidades que sufrió el pueblo azerbaiyano en manos de Armenia, la reconciliación resulta bastante complicada.

    A pesar de ello, Azerbaiyán, reconocido en el mundo por su multiculturalismo, donde más de 40 etnias hace siglos conviven sin ningún obstáculo, sigue comprometido con su trayectoria y política de dialogo, paz y cooperación regional, siempre convencido de que la única carretera de lograr la prosperidad en la región pasa por la reconciliación y paz duradera. Y para que se logre esto, Armenia debe abandonar sus reclamos territoriales, política de agresión y odio contra sus vecinos.

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