A río revuelto…

por | Oct 22, 2019 | Opinión

Por: Martín Valdivia Rodríguez
Chile
, el país Latinoamericano ejemplo de la prosperidad económica, pasa por su peor crisis socio-económica desde los años iniciales de la dictadura militar de Augusto Pinochet. Muy pocos agentes internacionales se imaginaban esta explosión social que tuvo como punto detonante el alza del precio de los pasajes en el Metro, uno de los sistemas de transporte más utilizados por la clase media y pobre de la capital chilena.

La imagen que por años la clase política dominante y la prensa de ese país nos vendió, se cayó como un velo frente a nuestros ojos cuando nos enteramos que la crisis económica del día a día del chileno de a pie, era totalmente otra, distinta al del país “tigre” de Sudamérica y un ejemplo de crecimiento económico. La desesperación frente a la desigualdad social se destapó cual corcho de champán al ver cómo el alza del Metro pasó a un segundo plano y surgieron todos los miedos y frustraciones de un pueblo cansado de tanta injusticia frente al poder.

Para muchos entendidos en la materia, el estallido social se debe – como ya lo dijimos – a una inocultable desigualdad social, con ricos que son muy ricos y pobres que son muy pobres, con una riqueza concentrada en cuantas familias poderosas y una clase política divorciada de los problemas sociales que agobian a los más pobres (¿le parece todo esto conocido?).

A ello hay que sumarle una agobiante permisividad ante la corrupción (políticos, altos mandos militares y policiales de por medio), además de una pésima atención médica pública, costos de las universidades por las nubes y un creciente descontento contra el sistema privado de pensiones (AFPs). Todo ello ha sido el detonante de un país lleno de desigualdades y muchas carencias.

Ahora, si bien existe este descontento social, no cabe duda que la ultra izquierda está metida en todo este entuerto, sacando provecho del malestar y la desazón social que corroe a la sociedad chilena. Ellos son especialistas en la quema de autos, edificios y otros bienes públicos y privados.

Ellos agudizan las contradicciones para colocar su agenda y convertirse en alternativa política a la democracia. De hecho, ya están pidiendo en las calles una nueva Constitución, muy ad hoc para su causa y beneficio. Imaginamos a Nicolás Maduro, Evo Morales y nuestros zurdos criollos sobándose las manos con cierta irónica sonrisa. A ellos les diremos, “no me defiendas compadre…” Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.