Por Magaly Zapata
Empezamos la Feria del Señor de los Milagros en Acho con el homenaje al IV Califa del Toreo, Manolete, al cumplirse 80 años de su primer paseíllo en la Feria de Octubre de Lima. La Asociación de Peñas Taurinas de Lima recordó al maestro cordobés ante su busto, en el histórico coso del Rímac. Dos festejos, una novillada y una corrida, dejaron tres orejas y comportamientos ganaderos muy distintos. La novillada con 8 de Camponuevo fue desigual de presentación y juego, tuvo en el cuarto y quinto sus mejores ejemplares. Mario Vilau, que llegó encabezando el escalafón español, mostró maneras que calaron en el público. Quietud, firmeza y capacidad para someter la rebrincada y corta embestida de su primero, al que terminó imantando en su muleta y girándolo por la cintura. Una buena serie por derecha y estocada entera le valieron una oreja. Con el sexto, sin fuerzas, poco pudo hacer. El peruano Jesús Herrera también tocó pelo del cuarto, el novillo de mejores hechuras, ritmo y galope. Pedía distancia y vuelos, pero el planteamiento fue acortar distancia y someter por abajo. Lo atacó demasiado. Lo mejor llegó al natural, cuando le dio sitio y condujo largo las embestidas. Oreja. No redondeó con el octavo. Israel Flores y Jorge Hurtado, sustituto del herido Álvaro Serrano, se fueron de vacío. Mostró ganas, inició sus dos faenas de rodillas el peruano y temple y sometimiento el español aunque algo apocado. La corrida de Montalvo trajo toros con edad, peso y trapío, pero flojedad de remos y complicaciones que exigieron oficio. Destacó el quinto, aplaudido en el arrastre. Ismael Martín, debutante en Acho, dejó interesante carta de presentación. Aguantó en el sitio y toreó templado, especialmente por la diestra al tercero que embestía rebrincado. Fue prendido al entrar a matar y cortó una oreja. El inválido sexto le impidió mayor lucimiento. Jesús Enrique Colombo desplegó variedad y gusto con el capote y espectacularidad en banderillas. Con el quinto, de mayor transmisión, sometió por abajo, barriendo la arena con media muleta y aguantando las embestidas en un palmo de terreno. Por su solidez y poderío, fue la mejor faena que le hemos visto en sus tardes de Acho. Una labor de peso que perdió premio con el acero. El Fandi se esforzó ante un lote complicado y sufrió un feo percance sin consecuencias al parear al primero. Hubo peligro también fuera de la lidia: un toro derribó al picador Cahuantico y su caballo contra las tablas, resultando herido en la cabeza el veterinario Luis Herencia en un burladero de callejón hasta donde le alcanzó el regatón de la vara . El picador volvió a montar y sostuvo el empuje del toro hasta los medios. Gran ovación ante una escena de antaño. Lo lamentable fue la intolerancia de parte del algunos en Sol, exigiendo brevedad e incordiando a los toreros cuando debían lidiar y resolver las complicaciones. Acho supo distinguir siempre entre torear y lidiar, y sancionar con respetuoso silencio. Porque no todos los toros permiten el lucimiento, pero todos exigen conocimiento y valor.



