La región registra más de 330 incendios forestales y más de 11 000 hectáreas de cobertura natural afectadas.
Un adulto mayor de 65 años falleció la madrugada de este jueves en el Hospital Regional del Cusco, convirtiéndose en la séptima víctima mortal de los incendios forestales registrados en la región durante este año. Aniceto Quispe Huanca sufrió quemaduras de tercer grado en el 90 % de su cuerpo cuando intentaba apagar un incendio en la comunidad de Santo Domingo, entre los distritos de Acopia y Pomacanchi, en la provincia de Acomayo.
El hombre participaba junto a otros pobladores en las labores para controlar el fuego cuando fue alcanzado por las llamas. Debido a la gravedad de sus lesiones, fue evacuado de emergencia a la ciudad del Cusco e ingresado al área de Trauma Shock del Servicio de Emergencia del hospital regional.
Durante su hospitalización, permaneció con ventilación mecánica y pronóstico reservado. Presentaba graves quemaduras en el rostro, el tórax y las extremidades superiores, por lo que recibió soporte vital de manera ininterrumpida.
El personal médico también gestionó su traslado en una ambulancia aérea a Lima, con el apoyo del Seguro Integral de Salud (SIS) y del Hospital Nacional Arzobispo Loayza. Sin embargo, el estado crítico del paciente impidió concretar la evacuación, debido al riesgo que representaba para su vida.
Finalmente, Quispe Huanca falleció alrededor de las 3:00 a. m. de este jueves, según la información del caso.
Con su muerte, Cusco suma siete fallecidos por incendios forestales en lo que va del año. De acuerdo con el reporte, cinco de las víctimas eran adultos mayores, un grupo especialmente expuesto durante las labores de control del fuego en zonas rurales.
La emergencia también ha dejado importantes daños ambientales. Según el Centro de Operaciones de Emergencia Regional (COER), en la región se han reportado más de 330 incendios forestales, que han arrasado con más de 11 000 hectáreas de cobertura natural.
Ante esta situación, las autoridades exhortaron a la población a evitar las quemas y los roces agrícolas que puedan salirse de control y provocar nuevos incendios. Estas prácticas representan un riesgo para las comunidades, la vida de quienes participan en las labores de control y los ecosistemas de la región.




