27 de marzo de 2026

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Allain, pintor del sentimiento popular murió a los 103 años

Óscar Allaín Cottera

Fue hijo de un teniente EP y una novicia del convento de Belén.

Por: Víctor Alvarado

El notable y querido pintor Óscar Allaín Cottera, uno de los más admirados y queridos plásticos nacionales, falleció el miércoles 17 a la edad de 103 años, rodeado del afecto de sus hijos, nietos y familiares cercanos, luego de una notable trayectoria artística, en la que como pocos, dedicó de lleno más de 75 años de su vida al arte de los colores.

Allaín, es uno de los contados pintores peruanos que felizmente tuvo reconocimiento excepcional, por parte de determinados dignatarios que supieron en un momento determinado, darle espacio y lugar y brindarle significativos reconocimientos.

Merecidos honores

En la década del 70, sus pinturas fueron objeto de 2 estampillas postales que lo catapultaron y convirtieron en el pintor nacional más difundido y reclamado por exposiciones a nivel nacional. Esta distinción ha sido otorgada antes a autores consagrados como los pintores Carlos Baca Flor (1867- 1941) y Teófilo Castillo Guas (1857- 1922), entre otros.

Sus amigos más cercanos recuerdan que llegó a realizar a realizar hasta seis exposiciones simultáneas en Piura, Chiclayo, Trujillo, Ilo, Lima, Arequipa y Cusco, un récord nunca antes registrado en el Perú y tal vez en el mundo.

A esta época corresponde la compra de un enorme auto tipo Pontiac, negro, con capacidad para transportar las mayor cantidad de sus pinturas, y sobre todo de insumos destinados para casa uno de sus proyectos.

En 2010, al cumplir 88 años de edad, el presidente Alan García, atendiendo el pedido de las autoridades culturales de su gobierno, apoyo un proyecto de ley del Congreso para beneficiarlo con una pensión de gracia, que fue aprobado por unanimidad.

Hijo de novicia y militar

Pero estas excepciones no fueron la regla general porque más fueron las durezas que tuvo que enfrentar para emerger como artista, durezas que le salieron al camino desde niño.

Fue hijo del matrimonio de del teniente EP Guillermo Allaín Soto y de la joven novicia del antiguo Convento de Belén, Juanita Cottera Palomino, que resolvió renunciar a los hábitos por amor al joven oficial del Ejército, y Óscar fue el primer y único hijo del matrimonio, porque ella murió a los 22 años cuando Óscar era un niño.

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El camino de la pintura

El futuro pintor, aun infante, descubrió que tenía facilidades para el dibujo, en particular cuando le tocó acompañar a su padre a su nueva plaza en la ciudad de Lambayeque, donde por primera vez sintió la necesidad de perennizar los paisajes, personajes y vivencias de una región cargada de reminiscencias coloniales y mochicas.

Su padre le mostró este nuevo mundo, llevándolo a las picanterías y paisajes de las caletas de San José, Puerto Eten, Pimentel y Santa Rosa, así como de los distritos rurales, guardando en su retina de pintor los personajes, ambientes y paisajes, a los que retornaría una y otra vez, por largas temporadas, luego de que se hizo pintor profesional.

Su padre lo alentó desde esa edad a seguir el camino de la pintura, que lo concretaría más adelante al ingresar a la Escuela Nacional de Bellas Artes, donde se convertiría en admirador, seguidor y amigo de los pintores Alejandro Gonzáles Trujillo “Apurimak” y Juan Manuel Ugarte Eléspuru.

Espíritu de cuerpo

Pronto hará espíritu de cuerpo con los pintores: Ángel Chávez, Teodoro Nuñez Ureta, Víctor Humareda, Tilsa Tsuchiya, los poetas César Calvo, Juan Gonzalo Rose, los compositores Carlos Hayre, Luis Abelardo Nuñez, Pablo Casas y Manuel Acosta Ojeda, el novelista Manuel Scorza, el periodista César Lévano, y Alfonso Barrantes Lingán, entre otros.

Supo extender su amistad y aliento permanentes a jóvenes valores de la época, entre ellos a Julio Carmona, Premio Poeta Joven del Perú en 1975, poeta Miguel Paz Varías, pintores Bruno Portuguez y Hugo Rojas Monzón, entre otros.

Preferir lo nuestro

Su oficio de pintor lo entroncó desde que pintó su primer cuadro a la intensidad cromática y esencia del sentimiento popular, haciendo suyo las enseñanzas de José Sabogal, el fundador del indigenismo o nativismo en la pinturas, el que aconsejaba preferir siempre lo nuestro y después el resto.

Antes de migrar al norte peruano por largos decenios, vivió en Barrios Altos, en el famoso “Callejón del Buque”, donde tenía como contertulios a cantantes y compositores de música criolla, a poetas y novelistas y pintores como él.

Al retornar de Chiclayo y establecerse en Breña, convirtió su atelier en un improvisado centro cultor de música criolla.

Supo siempre anteponer sus raíces peruanas frente a todo tipo de modas extranjeras, lidiando contra corrientes foráneas, porque consideraba que despersonalizaban el arte y frente a todos los ismos, él se consideraba un adherente del impresionismo.

Sus cuadros

En sus cuadros priman las jaranas criollas con guitarra y cajón, en particular los cantantes y jaranistas, floristas, danzantes de marinera, los vendedores de pescado en las playas, paisajes de la costa y toda clase de manifestaciones populares con protagonistas campesinos de origen mochica y afroperuana.

Ya como pintor profesional no dudó en regresar a Chiclayo, donde desarrolló la mayor parte de su carrera artística y aquí le correspondió integrarse a una grupo de artistas e intelectuales que llegaron a convertirse en un hito de la historia cultural regional.

Motor cultural

Sus compañeros de este largo periplo lambayecano fueron el pintor, poeta, periodista y folclorista, Alfonso “Fuco” Tello Marchena, el periodista Vicente Nisizaka Mejía, el poeta y maestro Estuardo Deza Saldaña, al que posteriormente se sumaron Luis Rivas Rivas, Ricardo Rivas Martino, Hugo Rojas Monzón, el poeta Alfredo José Delgado Bravo, la mayoría fallecidos, con excepción de Rojas, entre otros.

Corresponde resaltar la amistad que unió a Oscar Allaín con Alfonso “Fuco” Tello (1923-1986), ambos se hicieron compadres por ser el uno padrino de los hijos del otro y viceversa, por lo que se consideraban hermanos inseparables.

En el año 1986, “Fuco” fue traído de Chiclayo a Lima en estado de gravedad por un cáncer fatal y terminó sus días en la capital. Óscar, se encargó de custodiar el traslado del cuerpo de su amigo hasta su sepultura en el campo santo de Chiclayo.

Por haber sido un pintor del alma nacional, o como él se reconocía: “no soy pintor de cosas, sino pintor de sensaciones», Allaín debería haber recibido la distinción más meritoria que merece un artista nacional: la Orden del Sol.

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