5 de junio de 2026

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Antauro, el tonto útil de Roberto Sánchez

Antauro, el tonto útil de Roberto Sánchez

Candidato de JPP cambia plan de Gobierno que presentó en primera vuelta y se alínea con caviares

 

El escenario político de cara a la segunda vuelta electoral ha ingresado a una fase de reconfiguración radical, marcada por acusaciones de traición, pragmatismo oportunista y un evidente cambio de piel ideológico.

En el centro de esta tormenta se encuentra el candidato presidencial de Juntos por el Perú (JPP), Roberto Sánchez, quien enfrenta duras críticas desde diversos sectores por lo que se señala como una instrumentalización abierta y sistemática del líder etnocacerista Antauro Humala.

Tras haber utilizado el arrastre electoral de Humala en las regiones clave de la sierra y el sur del país para asegurar su pase al balotaje, Sánchez ha iniciado un acelerado proceso de distanciamiento, dejando de lado las promesas de la primera vuelta para alinearse con los sectores denominados «caviares» y rediseñar por completo su plan de gobierno.

 

TRAICIÓN

Durante la campaña de primera vuelta, la figura de Antauro Humala fue un motor indispensable para las aspiraciones de Juntos por el Perú.

El caudal electoral del etnocacerismo, caracterizado por un voto de protesta radical y profundamente arraigado en el sur del país, blindó la candidatura de Sánchez y le otorgó el impulso necesario para pasar a segunda vuelta.

Sin embargo, una vez alcanzado dicho objetivo, la presencia de Humala se convirtió en un pasivo político.

Esta tensión se hizo evidente durante el debate presidencial. La candidata de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, emplazó de manera directa a Roberto Sánchez para que realizara un deslinde público y definitivo respecto a Humala. En ese momento crucial, Sánchez optó por un silencio absoluto.

Las lecturas de este mutismo coinciden en que el candidato de JPP buscaba desesperadamente no quedar como un traidor ante los miles de seguidores del etnocacerista mientras las urnas aún procesaban el respaldo popular.

No obstante, la tibieza no pudo sostenerse por mucho tiempo. Concluido el evento, y bajo la presión de captar el esquivo voto urbano de la Costa —marcadamente antifujimorista pero temeroso de los extremismos—, Sánchez y sus principales voceros, entre ellos Ernesto Zunini y Pedro Francke, iniciaron un viraje estratégico.

A través de declaraciones públicas, intentaron desmarcarse de Humala asegurando que este no ocupará ningún cargo de confianza ni función ministerial en un eventual gobierno de JPP. Este giro ha sido calificado por analistas y críticos como una maniobra de puro cálculo político que reduce a Antauro Humala a la categoría de «tonto útil»: una pieza descartable que fue utilizada para captar el voto rural y andino, y que ahora es marginada para edulcorar la imagen del candidato frente a las clases medias urbanas.

 

BLOQUE CAVIAR

La evidencia más contundente de este cambio de rumbo se materializó esta semana con la presentación oficial de los 124 integrantes del equipo técnico de Juntos por el Perú y la exposición de un nuevo programa de gobierno diseñado exclusivamente para la segunda vuelta.

La fisonomía de este nuevo equipo técnico marca un quiebre absoluto con la base política que acompañó a Sánchez en los meses previos. Los técnicos y dirigentes vinculados al etnocacerismo y a la izquierda inicial fueron purgados del entorno cercano del candidato. En su lugar, la mesa principal de presentación estuvo copada por figuras emblemáticas de la denominada izquierda «caviar», tales como: Ernesto Zunini, Pedro Francke (exministro de Economía), Gustavo Guerra García, Manuel Rodríguez Cuadros (excanciller), Anahí Durand, Hernando Cevallos (exministro de Salud), entre otros.

 

MUTACIÓN

Según se consigna en el nuevo documento, el programa de gobierno de segunda vuelta «se ha construido sobre la base» de los planes de partidos como Ahora Nación, Partido Cívico OBRAS, Primero La Gente y la Alianza Electoral Venceremos, sumado a los aportes de la Plataforma por la Democracia.

Este nuevo texto difiere radicalmente del plan original presentado ante el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) para la primera vuelta; un plan que, en su momento, contó con el aval explícito de Antauro Humala. La sustitución de las propuestas originales por una agenda más institucionalista y de centroizquierda ha encendido las alarmas, pues se denuncia que el bloque caviar ya se encuentra «repartiendo ministerios» y dictando las pautas que un sumiso Roberto Sánchez deberá acatar en caso de llegar a Palacio de Pizarro.

 

RUPTURA

La reacción en el interior de las huestes etnocaceristas no se ha hecho esperar, desatando una profunda crisis de representatividad. El sentimiento de haber sido utilizados ha dividido las aguas dentro del movimiento. Diversas facciones regionales han alzado su voz para tildar la actitud de Juntos por el Perú y de Roberto Sánchez como una traición abierta y un acto de oportunismo político sin precedentes.

Para las bases del sur de la sierra, el desdén con el que los voceros de JPP ahora minimizan a Humala —llegando incluso, según reportes de la interna, a «ningunearlo» o tratarlo de disfuncional para los estándares democráticos— es una afrenta directa a su identidad política.

El riesgo electoral para Sánchez es alto: al intentar seducir al electorado moderado de la costa, se arriesga a sufrir un ausentismo masivo o un voto en blanco por parte del electorado del sur, que se siente estafado por un candidato que mudó de piel apenas consiguió el boleto para la segunda vuelta.

A este panorama se suma el recuerdo de los antecedentes políticos de Sánchez. En los círculos de discusión se ha vuelto a traer a colación la denuncia histórica del exprimer ministro Yehude Simón, quien en su momento acusó directamente a Roberto Sánchez de haberle «robado» el partido para utilizarlo como plataforma personal de ascenso político. Este antecedente refuerza la narrativa de los críticos que ven en el candidato presidencial a un estratega pragmático, dispuesto a desplazar a fundadores, aliados y líderes sociales con tal de satisfacer sus ambiciones de poder.

 

 

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