El Ejército Argentino reafirmó en Lima su vocación de servicio, modernización y defensa de la Nación
Por Ricardo Sánchez Serra
El Círculo Militar del Perú fue escenario de una solemne celebración por el Día del Ejército Argentino, institución estrechamente ligada a la historia y a los albores de la vida independiente de la nación vecina. La ceremonia reunió a representantes de las Fuerzas Armadas del Perú y Argentina, miembros del cuerpo diplomático y personalidades vinculadas al ámbito de la defensa.

La recepción fue ofrecida por el agregado militar argentino en el Perú, coronel Ignacio Zubeldía, y contó con la presencia del embajador de Argentina, Samuel Ortiz Basualdo; la cónsul argentina, Lucía Cargnel; altos mandos militares peruanos presididos por el general José Cabrejos Martínez, director de la Escuela Superior de Guerra del Ejército y los agregados de Defensa, Ejército, Naval y Aéreo de las embajadas acreditadas en Lima.
Más que una celebración castrense, fue una expresión de los profundos vínculos históricos, institucionales y de fraternidad que unen a las Fuerzas Armadas de Argentina y el Perú.

Una institución nacida con la libertad
En su intervención, Zubeldía transmitió el mensaje del comandante del Ejército Argentino y evocó los orígenes de la institución, cuando el pueblo argentino asumió la necesidad de conquistar su libertad.
Recordó especialmente 1806 y 1807, cuando los Patricios defendieron Buenos Aires durante las invasiones inglesas, dejando testimonio del valor y la determinación del soldado criollo.

Desde entonces, señaló, el Ejército ha atravesado guerras, batallas y diversas circunstancias históricas que pusieron a prueba el coraje, la disciplina y la vocación de servicio de sus integrantes. Esas virtudes, transmitidas de generación en generación junto con los principios sanmartinianos, constituyen uno de los legados más preciados de la institución.
Con particular madurez, el mensaje reconoció que la historia militar, como toda historia humana, registra “aciertos y errores, victorias y derrotas”. Pero existe una constante que permanece inalterable: la voluntad de servir a la Nación y defender su soberanía.

La patria por encima de todo
Zubeldía subrayó que servir a la patria significa anteponer el bien común a los intereses individuales. Esa vocación no se limita a la preparación militar, sino que se expresa también en la asistencia durante emergencias, el apoyo a las comunidades y la presencia permanente en los lugares más alejados del territorio argentino.
Es esa dimensión humana la que convierte al uniforme en algo más que un símbolo de autoridad: representa responsabilidad, sacrificio y servicio.
Pero el Ejército del siglo XXI enfrenta desafíos muy distintos a los de otras épocas. Allí apareció uno de los aspectos centrales del discurso: la modernización de la institución.

El desafío tecnológico
El agregado militar destacó que Argentina impulsa una transformación destinada a consolidar una fuerza moderna, eficaz, flexible y preparada para el futuro, en un escenario internacional cada vez más complejo, incierto y competitivo.
La inteligencia artificial, los sistemas aéreos y terrestres no tripulados, el dominio del espacio y la disputa por la información están modificando profundamente la naturaleza de las operaciones militares.
Ante esta nueva realidad, sostuvo, la creatividad, el pensamiento crítico y la flexibilidad intelectual adquieren una importancia decisiva, junto con la disciplina y la voluntad de vencer.
La modernización, explicó, tampoco consiste únicamente en incorporar equipamiento. Implica transformar estructuras, sistemas de administración, educación y formación militar. Una fuerza moderna necesita tecnología, pero también soldados preparados moral, intelectual y físicamente para emplearla con responsabilidad.

Decisión para transformar
El representante militar argentino fue igualmente enfático al señalar que este proceso requiere compromiso en todos los niveles de decisión, coordinación interinstitucional, fortalecimiento de la industria para la defensa y un instrumento militar acorde con las necesidades del territorio soberano que debe proteger.
Reconoció que en 2026 la institución atraviesa una etapa de transición entre lo institucionalmente necesario y lo presupuestariamente posible. Sin embargo, planteó el momento actual como un punto de inflexión y llamó a avanzar con determinación.
Su mensaje quedó sintetizado en una frase contundente: “El día más difícil fue ayer”. Una expresión que resume la decisión de no postergar las transformaciones indispensables.

Una fraternidad que trasciende fronteras
La presencia de altos mandos peruanos y de los agregados militares de las distintas embajadas otorgó a la ceremonia una significativa dimensión internacional.
Argentina y Perú comparten, además, una profunda tradición sanmartiniana. La gesta del general José de San Martín, figura fundamental de la emancipación sudamericana, y de nuestro querido Roque Sáenz Peña, constituyen una herencia común que continúa proyectándose en la relación entre ambas instituciones castrenses.
En un escenario internacional donde las amenazas adquieren nuevas formas y la seguridad exige cooperación, intercambio de experiencias y preparación permanente, esta fraternidad conserva especial relevancia.
La ceremonia concluyó con una recepción marcada por la camaradería y la confraternidad militar.
El Día del Ejército Argentino fue, así, una ocasión para rendir homenaje a una institución de más de dos siglos de historia, pero también para mirar hacia el porvenir. Tradición y modernidad no son conceptos opuestos cuando existe una misma convicción: servir a la patria.
Porque las instituciones perduran cuando saben honrar su pasado, aprender de su experiencia y prepararse para los desafíos del futuro. Y en tiempos de profundas transformaciones geopolíticas y tecnológicas, aquella vocación adquiere renovada vigencia: defender la Nación, servir a la sociedad y estar preparados para el porvenir.



