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    Barak Obama, el antisemita resentido y mentiroso (I)

    A propósito de su libro de memorias “Tierra Prometida”, lleno de inexactitudes refutadas por el congresista Israelí, Dov Lipman.

    El señor Obama, expresidente USA acaba de publicar su libro A Promised Land (Tierra Prometida) en la que demuestra la faceta de mentiroso y confirma su antisemitismo.

    De su antisemitismo me ocupé en mi artículo “Obama el Mahdi” publicado en La Razón el 11 de Agosto del 2015.

    Su resentimiento trasladado a Israel  y todo el pueblo judío se origina en la invitación que el Congreso USA le hace al primer ministro de Israel Benjamín Netenyahu para que explique cuál es el peligro de permitir al estado terrorista de Irán fabricar armas nucleares que caerían en manos de grupos terroristas con la respectiva amenaza a la existencia de nuestro planeta.

    En esa ocasión el Sr. Netanyahu es interrumpido con ovaciones unánimes de ambas bancadas Demócratas y Republicanos cada minuto, aprobación que Obama nunca consiguió. A raíz de ello Obama se niega a recibir a  Netanyahu a pesar de que éste se lo solicitó repetidas veces. Y le quedó la envidia y resentimiento hasta hoy en día.

    En cuanto al mencionado libro me he permitido traducir al español el artículo escrito por el ex congresista Israelí Dov Lipman, JNS sin mayor comentario. A continuación dicha traducción.

    En sus nuevas memorias, el ex presidente de los Estados Unidos engaña a los lectores de una manera que moldeará para siempre su perspectiva negativa del estado judío.

    Por: Dov Lipman, JNS (*)

    Nunca he criticado públicamente al expresidente estadounidense Barack Obama, ni durante mi tiempo en la Knesset, ni en ningún otro lugar, a pesar de haber estado en desacuerdo con muchas de sus políticas. Soy de la firme opinión de que los israelíes no deben participar ni interferir en la política estadounidense, y con regularidad ofrezco un agradecimiento general a todos los presidentes estadounidenses, incluido Obama, por su apoyo económico y militar a Israel.

    Sin embargo, sus memorias, “Una tierra prometida”, están llenas de inexactitudes históricas que siento la necesidad de abordar. Su relato de la historia de Israel (al comienzo del Capítulo 25) no solo exhibe una comprensión defectuosa de la región, que claramente impactó sus políticas como presidente, sino que engaña a los lectores de una manera que moldeará para siempre su perspectiva negativa del estado judío.

    Obama relata, por ejemplo, cómo los británicos estaban “ocupando Palestina” cuando emitieron la Declaración Balfour pidiendo un estado judío. Pero etiquetar a Gran Bretaña como un “ocupante” claramente arroja dudas sobre su legitimidad para determinar algo sobre el futuro de Tierra Santa, y esa no era la situación.

    Si bien es cierto que Inglaterra no tenía derechos legales en Palestina cuando se emitió la Declaración Balfour en 1917, eso cambió solo cinco años después. La Liga de Naciones, precursora de las Naciones Unidas, otorgó a los británicos derechos legales sobre Palestina en su “Mandato para Palestina” de 1922, que menciona específicamente “el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío”.

    La Liga también dijo que “de ese modo se ha reconocido la conexión histórica del pueblo judío con Palestina y los motivos para reconstituir su hogar nacional en ese país”.

    La notoria omisión del expresidente del mandato acordado internacionalmente para que los británicos establezcan un hogar para los judíos en Palestina desinforma al lector, quien concluirá que el movimiento por un estado judío en Palestina no tenía legitimidad ni consentimiento internacional.

    “Durante los siguientes 20 años, los líderes sionistas movilizaron una oleada de migración judía a Palestina”, escribe Obama, creando la imagen de que una vez que los británicos comenzaron ilegalmente el proceso de formación de un estado judío en Palestina y que los judíos de repente comenzaron a acudir allí.

    La verdad es que los judíos, que mantuvieron una presencia continua a lo largo de los 2,000 años que la mayoría estuvo exiliada de la tierra, ya se habían trasladado a Palestina en gran número mucho antes; considerablemente más de 100,000 inmigrantes llegaron a finales del siglo XIX y principios del XX. Luego, en la década de 1920, un gran número de personas que huían del antisemitismo en Europa solo podían encontrar refugio en Palestina, debido a que Estados Unidos había instituido cuotas en 1924 sobre la cantidad de judíos que podían ingresar a América.

    El número de inmigrantes aumentó aún más en la década de 1930, cuando Adolf Hitler subió al poder y comenzó su conquista de Europa mientras el mundo permanecía en silencio.

    EL CONTEXTO HISTÓRICO ES IMPORTANTE

    El contexto histórico es importante, y una vez que Obama eligió escribir sobre la historia, debería haber proporcionado el contexto completo y haber retratado a los judíos como eran: un pueblo perseguido y desesperado en busca de seguridad, y no, como él implica, fuertes conquistadores que invaden a Palestina.

    Su afirmación de que los nuevos inmigrantes “organizaron fuerzas armadas altamente capacitadas para defender sus asentamientos” también es engañosa. Una forma más precisa de describirlo habría sido: “Debido a que los árabes de la región atacaron sin piedad las áreas judías, los refugiados judíos no tuvieron más remedio que tomar las armas para defenderse”.

    Reconocer que los árabes estaban atacando a los judíos incluso antes de que existiera un estado de Israel es un contexto histórico importante para comprender el conflicto árabe-israelí.

    Una tierra prometida relata también cómo la ONU aprobó un plan de partición para Palestina en noviembre de 1947, al dividir el país en un estado judío y uno árabe, que los “líderes sionistas”, como él los llama, aceptaron, pero que para él “Los árabes palestinos, así como las naciones árabes circundantes que recién estaban emergiendo del dominio colonial, se opusieron enérgicamente”.

    El uso de Obama de “líderes sionistas” en lugar de “líderes judíos” encaja perfectamente en el clima internacional actual, en el que es políticamente correcto ser “antisionista”, mientras que es inaceptable ser antijudío. (En realidad, el sionismo es el movimiento para que los judíos vivan en su patria bíblica e histórica, por lo que estar en contra de eso en realidad es antisemitismo).

    La descripción de “naciones árabes que recién estaban emergiendo del dominio colonial” es un claro intento de justificar el rechazo árabe del Plan de Partición de la ONU. Esas pobres “naciones árabes” que han estado sufriendo debido a que los forasteros colonizan sus “naciones” simplemente no pueden aceptar que otra entidad “colonial”, los judíos, ingrese a la región. (CONTINUARÁ).

    A propósito de su libro de memorias “Tierra Prometida”, lleno de inexactitudes refutadas por el congresista Israelí, Dov Lipman.

    El señor Obama, expresidente USA acaba de publicar su libro A Promised Land (Tierra Prometida) en la que demuestra la faceta de mentiroso y confirma su antisemitismo.

    De su antisemitismo me ocupé en mi artículo “Obama el Mahdi” publicado en La Razón el 11 de Agosto del 2015.

    Su resentimiento trasladado a Israel  y todo el pueblo judío se origina en la invitación que el Congreso USA le hace al primer ministro de Israel Benjamín Netenyahu para que explique cuál es el peligro de permitir al estado terrorista de Irán fabricar armas nucleares que caerían en manos de grupos terroristas con la respectiva amenaza a la existencia de nuestro planeta.

    En esa ocasión el Sr. Netanyahu es interrumpido con ovaciones unánimes de ambas bancadas Demócratas y Republicanos cada minuto, aprobación que Obama nunca consiguió. A raíz de ello Obama se niega a recibir a  Netanyahu a pesar de que éste se lo solicitó repetidas veces. Y le quedó la envidia y resentimiento hasta hoy en día.

    En cuanto al mencionado libro me he permitido traducir al español el artículo escrito por el ex congresista Israelí Dov Lipman, JNS sin mayor comentario. A continuación dicha traducción.

    En sus nuevas memorias, el ex presidente de los Estados Unidos engaña a los lectores de una manera que moldeará para siempre su perspectiva negativa del estado judío.

    Por: Dov Lipman, JNS (*)

    Nunca he criticado públicamente al expresidente estadounidense Barack Obama, ni durante mi tiempo en la Knesset, ni en ningún otro lugar, a pesar de haber estado en desacuerdo con muchas de sus políticas. Soy de la firme opinión de que los israelíes no deben participar ni interferir en la política estadounidense, y con regularidad ofrezco un agradecimiento general a todos los presidentes estadounidenses, incluido Obama, por su apoyo económico y militar a Israel.

    Sin embargo, sus memorias, “Una tierra prometida”, están llenas de inexactitudes históricas que siento la necesidad de abordar. Su relato de la historia de Israel (al comienzo del Capítulo 25) no solo exhibe una comprensión defectuosa de la región, que claramente impactó sus políticas como presidente, sino que engaña a los lectores de una manera que moldeará para siempre su perspectiva negativa del estado judío.

    Obama relata, por ejemplo, cómo los británicos estaban “ocupando Palestina” cuando emitieron la Declaración Balfour pidiendo un estado judío. Pero etiquetar a Gran Bretaña como un “ocupante” claramente arroja dudas sobre su legitimidad para determinar algo sobre el futuro de Tierra Santa, y esa no era la situación.

    Si bien es cierto que Inglaterra no tenía derechos legales en Palestina cuando se emitió la Declaración Balfour en 1917, eso cambió solo cinco años después. La Liga de Naciones, precursora de las Naciones Unidas, otorgó a los británicos derechos legales sobre Palestina en su “Mandato para Palestina” de 1922, que menciona específicamente “el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío”.

    La Liga también dijo que “de ese modo se ha reconocido la conexión histórica del pueblo judío con Palestina y los motivos para reconstituir su hogar nacional en ese país”.

    La notoria omisión del expresidente del mandato acordado internacionalmente para que los británicos establezcan un hogar para los judíos en Palestina desinforma al lector, quien concluirá que el movimiento por un estado judío en Palestina no tenía legitimidad ni consentimiento internacional.

    “Durante los siguientes 20 años, los líderes sionistas movilizaron una oleada de migración judía a Palestina”, escribe Obama, creando la imagen de que una vez que los británicos comenzaron ilegalmente el proceso de formación de un estado judío en Palestina y que los judíos de repente comenzaron a acudir allí.

    La verdad es que los judíos, que mantuvieron una presencia continua a lo largo de los 2,000 años que la mayoría estuvo exiliada de la tierra, ya se habían trasladado a Palestina en gran número mucho antes; considerablemente más de 100,000 inmigrantes llegaron a finales del siglo XIX y principios del XX. Luego, en la década de 1920, un gran número de personas que huían del antisemitismo en Europa solo podían encontrar refugio en Palestina, debido a que Estados Unidos había instituido cuotas en 1924 sobre la cantidad de judíos que podían ingresar a América.

    El número de inmigrantes aumentó aún más en la década de 1930, cuando Adolf Hitler subió al poder y comenzó su conquista de Europa mientras el mundo permanecía en silencio.

    EL CONTEXTO HISTÓRICO ES IMPORTANTE

    El contexto histórico es importante, y una vez que Obama eligió escribir sobre la historia, debería haber proporcionado el contexto completo y haber retratado a los judíos como eran: un pueblo perseguido y desesperado en busca de seguridad, y no, como él implica, fuertes conquistadores que invaden a Palestina.

    Su afirmación de que los nuevos inmigrantes “organizaron fuerzas armadas altamente capacitadas para defender sus asentamientos” también es engañosa. Una forma más precisa de describirlo habría sido: “Debido a que los árabes de la región atacaron sin piedad las áreas judías, los refugiados judíos no tuvieron más remedio que tomar las armas para defenderse”.

    Reconocer que los árabes estaban atacando a los judíos incluso antes de que existiera un estado de Israel es un contexto histórico importante para comprender el conflicto árabe-israelí.

    Una tierra prometida relata también cómo la ONU aprobó un plan de partición para Palestina en noviembre de 1947, al dividir el país en un estado judío y uno árabe, que los “líderes sionistas”, como él los llama, aceptaron, pero que para él “Los árabes palestinos, así como las naciones árabes circundantes que recién estaban emergiendo del dominio colonial, se opusieron enérgicamente”.

    El uso de Obama de “líderes sionistas” en lugar de “líderes judíos” encaja perfectamente en el clima internacional actual, en el que es políticamente correcto ser “antisionista”, mientras que es inaceptable ser antijudío. (En realidad, el sionismo es el movimiento para que los judíos vivan en su patria bíblica e histórica, por lo que estar en contra de eso en realidad es antisemitismo).

    La descripción de “naciones árabes que recién estaban emergiendo del dominio colonial” es un claro intento de justificar el rechazo árabe del Plan de Partición de la ONU. Esas pobres “naciones árabes” que han estado sufriendo debido a que los forasteros colonizan sus “naciones” simplemente no pueden aceptar que otra entidad “colonial”, los judíos, ingrese a la región. (CONTINUARÁ).

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