Capitalismo de la sardina, la receta económica del crecimiento en Portugal

No hubo la receta tradicional de la austeridad, sino de la antiausteridad, basada en incentivar el consumo mas inversión pública en educación e infraestructuras

por | Oct 17, 2021 | Especiales

No hubo la receta tradicional de la austeridad, sino de la antiausteridad, basada en incentivar el consumo mas inversión pública en educación e infraestructuras

BBC.COM/MUNDO

Portugal, un pequeño país europeo de poco más de 10 millones de habitantes se ha convertido en un ejemplo de cómo salir con éxito de la crisis económica iniciada en 2008, así como del desastre económico que supuso la pandemia de coronavirus, al desarrollar lo que Michael Moran denominó en la revista Foreign Policy, como «capitalismo de la sardina».

¿En qué consiste ese «capitalismo de la sardina»? Patrícia Lisa, investigadora del think tank Real Instituto Elcano, lo define como una apuesta muy fuerte en los valores de su marca país.

«No solo la sardina, sino también todo lo que está relacionado con el turismo, con la reconversión de su industria, del calzado, de los vinos, de la moda… y una fuerte apuesta por la llamada diplomacia económica, que conjuga la internacionalización de su economía», dice.

Es decir, según Lisa,  una fuerte apuesta por la internacionalización, por girarse al exterior, por el mar y la economía del mar, a los que se ha añadido las nuevas tecnologías y la agenda de las energías renovables.

Milagro portugués

En 2011, al borde de la bancarrota, el gobierno del país pidió un préstamo de 78.000 millones de euros (US$90.250 millones) a las instituciones de la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional, que se lo dieron bajo la condición de implementar medidas de austeridad.

Fueron los años de la «troika», léase de las imposiciones de la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI, en los que se recortó notablemente el gasto público, también los salarios de los funcionarios e igualmente las pensiones- y se aumentaron los impuestos.

Pero el desempleo no paraba de subir, -llegó a situarse en una cifra récord de 17,7% en 2013- y la pobreza y descontento social tampoco, mientras el consumo y la moral de los portugueses se desplomaban.

Después de las reformas llevadas a cabo por un gobierno de centro derecha bajo supervisión de la troika, la tasa de desempleo rondaba el 12%, el 20% de la población vivía por debajo del umbral de pobreza y 485.000 portugueses habían emigrado del país entre 2011 y 2014.

Tras las elecciones de 2015 se formó un nuevo gobierno de centroizquierda liderado por el socialista António Costa, quien está actualmente en el cargo.

Los precios de la vivienda no paran de crecer en ciudades como Lisboa y Porto.

Antiausteridad

El gobierno de Costa -y su aplaudido ministro de Finanzas Mário Centeno-, empezó a revertir las medidas de austeridad, pero sin dejar de lado la responsabilidad fiscal.

«Lo que hizo el gobierno de centroizquierda a partir de 2015 fue empezar a gastar un poco más, en términos de salarios por ejemplo, y eso tuvo un efecto multiplicador en la economía. Gastaron un poco más sin gastar demasiado, y entonces hay un incremento en el PIB, hay un incremento en los ingresos por impuestos», dice Centeno.

La política antiausteridad marcó el cambio desde los momentos más duros de la crisis financiera y dio sus frutos.

«El modelo de Costa se basó en incentivar el consumo más un gasto público estructural, es decir, inversión pública en educación y en infraestructuras», explica Lisa.

«No se puede pensar ni en una revolución ni en una ruptura», aclara la experta, pero «es obvio que en 2015 hubo una reversión de la política económica».

La recuperación se notó mucho en 2017. Ese año el PIB portugués registró un crecimiento del 2,7%, la tasa más alta del país desde el comienzo del milenio y la tasa de desempleo bajó a niveles precrisis.

Año de las victorias

Centeno fue nombrado como el «Ronaldo de las finanzas» por el desempeño sorprendente de la economía portuguesa.

2017 fue el año de todas las victorias para Portugal. «Lo que ocurrió notablemente en Portugal es que la tasa de ahorro aumentó extraordinariamente en 2011, 2011, 2012 y 2013», explica Afonso.

Y las exportaciones también se comportaron bien. «Había muchas exportaciones en el sector textil, pero desde que tienes una alta competencia desde los 2000 desde China, desde Asia en general, la gente empezó a apostar más por la calidad, la diferenciación», dice el economista.

Por otro lado, un contexto de contracción fiscal en 2011-2012 «tiene un impacto en los precios, entonces puedes aumentar la productividad». «Si ganas productividad, ganas competitividad afuera, si ganas competitividad puedes exportar más a buen precio».

«Eso es lo que hemos visto en los últimos 10 años, más o menos», agrega Afonso.

Y, según los expertos, otro programa que contribuyó a impulsar la economía fue el de las llamadas Golden Visa, bajo el cual los inversores extranjeros que invierten 500.000 euros en una propiedad en el país obtienen el derecho a la residencia.

El esquema fue introducido en 2012 y se continuó con los gobiernos socialistas, aunque no está exento de polémica.

Escenario postpandemia

La buena salud de la economía portuguesa sufrió un duro golpe con la pandemia de coronavirus y el PIB se desplomó un 8,4% en 2020, la peor recesión desde 1936. Los visitantes extranjeros cayeron un 76% el año pasado.

Sin embargo, según los expertos, las medidas impulsadas durante los años previos a la pandemia permitió capear mejor la nueva crisis y Portugal es uno de los países que mejor se está desempeñando en la recuperación.

En el segundo trimestre de este año, Portugal lideró la recuperación de la zona euro y registró la tasa de crecimiento más elevada (4,9%) entre los países de la UE, como Alemania (1,5%) España (2,8%) o Italia (2,7).

Ahora, abiertos de nuevo al turismo y con un escenario ya prácticamente de normalidad, el Banco Central de Portugal prevé que se cierre este 2021 con un crecimiento del 4,8%, mientras la tasa de desempleo se sitúa en 6,7%, muy por debajo de países vecinos y también dependientes del turismo como España (15%) e Italia (10%).

Los retos

Por supuesto, no todo es perfecto para Portugal y la economía portuguesa aún tiene grandes retos, y el  principal para Patricia Lisa es reformar el mercado laboral, el que se caracteriza por los sueldos bajos. «Es un gran reto para Portugal».

Luego están los efectos colaterales del boom turístico y de las Golden Visa, que además de la cantidad de millones que suponen para el país, que han provocado un galopante aumento de precios en la vivienda, particularmente en la capital, Lisboa, y en Porto.

«Ese modelo del gran boom turístico tuvo como consecuencias, como pasa con las Golden Visa, que hicieron que explotaran los precios de la vivienda, sobre todo en las zonas de Lisboa y Porto y el Algarve», dice Lisa.

Debido a las protestas, el gobierno socialista reformuló la política de las Golden Visa, retirando de los beneficios de dicha visa a inversiones justo en esas tres regiones.

Ni la pandemia detuvo los incrementos en el precio de la vivienda en Portugal, que aumentó en un 8,4% en 2020, según el Índice de Precios publicado por el Instituto Nacional de Estadística (INE), tan solo 1,2 puntos menos que en 2019.

¿Modelo a la vista?

El gobierno planea con el plan de Recuperación y Resiliencia -dotado con fondos europeos para la recuperación de la pandemia de covid, poner en el mercado 26.000 casas de vivienda pública hasta 2026.

¿Es Portugal un modelo en el que deben mirarse otras pequeñas economías?

Lisa cree que es temprano para determinar modelos porque hay otros países también pequeños, como Eslovenia, que entraron en la UE después que Portugal, que están teniendo comportamientos extraordinariamente positivos.

«Es verdad que Portugal marcó el giro a las políticas de austeridad en términos simbólicos, pero de ahí a sacarlo como modelo me parece un poco pronto».

Durante los años de la troika (Comisión Europea, Banco Central Europea y FMI) hubo muchas protestas contra las medidas de austeridad