La polarización política no solo se refleja en las urnas. También afecta la economía, la seguridad y la capacidad del Estado para responder a los ciudadanos, creando espacios que aprovechan las organizaciones criminales.
Cada elección presidencial deja una fotografía similar: un Perú dividido.
Sin embargo, el verdadero problema no es que existan posiciones políticas distintas, sino que esa confrontación se ha vuelto permanente.
Mientras los actores políticos concentran sus esfuerzos en derrotar al adversario, decisiones urgentes para el país continúan postergándose.
La reciente segunda vuelta volvió a evidenciar una fractura territorial y política que se repite desde hace más de una década.
Para el sociólogo peruano Santiago Pedraglio, la polarización se ha convertido en una constante de la política peruana, con importantes sectores de la población alineados en posiciones opuestas y una marcada distribución regional del voto.
Reformas en espera
Las consecuencias van más allá de la política. La economía peruana mantiene estabilidad macroeconómica, pero enfrenta dificultades para impulsar reformas que permitan acelerar el crecimiento y generar más empleo formal.
El economista Guillermo Dulanto, de la Universidad de Piura, ha advertido que el escenario electoral ha mostrado una fuerte polarización de propuestas económicas, entre modelos que priorizan la inversión privada y otros que plantean cambios estructurales profundos.
Mientras tanto, millones de peruanos continúan esperando mejoras en servicios básicos, infraestructura, salud y educación.
La falta de consensos también limita la capacidad del Estado para ejecutar proyectos de largo plazo y reducir las brechas sociales que persisten en gran parte del país.
El avance del crimen
Donde más se sienten las consecuencias es en la seguridad. El Centro Nacional de Planeamiento Estratégico (Ceplan) identificó recientemente a la criminalidad y a la crisis de gobernabilidad entre los principales riesgos para el desarrollo del Perú durante la próxima década.
La expansión de las extorsiones, el sicariato, la trata de personas y la minería ilegal ha puesto en evidencia las limitaciones del Estado para enfrentar organizaciones criminales cada vez más sofisticadas.
Diversos expertos en seguridad han advertido que el combate contra estas redes requiere políticas sostenidas durante varios años, algo difícil de conseguir cuando las prioridades cambian constantemente en medio de conflictos políticos.
Vulnerables al reclutamiento
La preocupación no termina en las fronteras del país. La combinación de pobreza, informalidad, falta de oportunidades laborales y presencia creciente del crimen organizado crea condiciones que pueden ser aprovechadas por organizaciones criminales internacionales.
Estas redes suelen captar personas mediante falsas ofertas de empleo o promesas de ingresos rápidos. En algunos casos, las víctimas terminan involucradas en actividades ilícitas o incluso en conflictos armados fuera del país.
Las autoridades peruanas han investigado en los últimos meses denuncias relacionadas con ciudadanos reclutados mediante mecanismos de engaño para participar en actividades vinculadas a organizaciones extranjeras.
Para los analistas, este fenómeno demuestra que los problemas económicos, sociales y de seguridad están más conectados de lo que parece.
Más allá de las elecciones
El politólogo Alberto Vergara ha señalado que el Perú atraviesa un ciclo de inestabilidad política que difícilmente terminará con una sola elección.
«No creer que estas elecciones necesariamente son un punto de ruptura sino que probablemente forman parte de una trayectoria de un ciclo de inestabilidad crónica que no se acaba», afirmó recientemente.
Esa es quizás la principal advertencia detrás de los resultados electorales.
Mientras el país siga atrapado en una lógica de confrontación permanente, problemas como la inseguridad ciudadana, la pobreza, la falta de oportunidades y el avance del crimen organizado seguirán encontrando un terreno favorable.
Y en un mundo donde las redes criminales operan cada vez con mayor alcance internacional, la falta de acuerdos puede terminar convirtiéndose en un problema mucho más grave que cualquier disputa política.




