¿Cuándo empieza la reforma judicial en serio?

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Jorge B. Hugo Álvarez
Jorge B. Hugo Álvarez

Por: Jorge B. Hugo Álvarez / La reforma judicial es en serio una cuestión pendiente por echar andar con mayor celeridad. No se puede convivir con jueces y fiscales con poca preparación académica o simplemente comprometidos con la corrupción. Sin generalizar, nos referimos a todos aquellos magistrados  que ingresaron por concursos  públicos “truchos” direccionados por los hermanitos del extinto Consejo Nacional de la Magistratura (CNM).

En lo esencial, nada resulta tan indignante comprometerse con la reforma de justicia del país para luego hacerla largona. Claro que se han dado algunas señales de suspensión temporal que parecerían indicar sanciones a futuro, pero fueron dadas con demasiadas garantías que ya el común de los mortales sujetos a la justicia ordinaria hubiera deseado gozar.

Fresco aún está en mi memoria, las declaraciones del Presidente de la Junta Nacional de Justicia a los medios de comunicación en enero del 2020: “Tenemos un sentido compromiso con la reforma de justicia del país y de dar plena garantía de independencia, autonomía y compromiso con una reforma largamente esperada.

“Todos somos conscientes dela oportunidad histórica que tenemos como país, es una oportunidad que no podemos perder. El sistema de justicia ha sido puesto en cuestión, el desarrollo de un país pasa por la reforma de sus instituciones, uno de ellos el sistema de administración de justicia”. Pues bien, no dudamos de las buenas intenciones de un hombre de derecho tan respetable como el Dr. Aldo Vásquez. Pero estamos tan lentos que nos genera suspicacias.

Administrar justicia en Perú es algo tan serio para dejar en manos de jueces y fiscales tan venidos a menos. En ese orden de cosas, no se tiene garantizadas nuestras  libertades frente al aplauso fácil de las pasiones políticas, la presión de los medios de comunicación, el afán de protagonismo y el abuso del poder.

En esas condiciones la reforma judicial suena tan fuerte en lo sustancial y lo racional porque resulta intolerable vivir de la cursilería palaciega así como del halago interesado del sistema de justicia nacional. Por eso, deseábamos fervientemente un sistema de justicia humana desde nuestro suelo patrio.

Un Estado Constitucional de Derecho se caracteriza precisamente por la primacía de la Constitución y la defensa de los derechos fundamentales.  Por eso exigimos el reino de una justicia ordinaria independiente, culta, desprejuiciada, justa, descontaminada de la corrupción, de la influencia política, del compadrazgo, dentro de las más hermosas realidades que el ser humano y la sociedad pueda concebir.

Es de justicia referirse al último concurso para magistrados convocado por el C.N.M. que se truncó en su última etapa: La entrevista personal. Me consta la calidad humana y académica de algunos excelentes abogados (as) que concursaron sin vara. Sin embargo, La Junta Nacional de Justicia parecería no hacer justicia con ellos. Estaremos atentos, porque el sistema judicial en Perú, se ha caracterizado por mostrar una inadecuada imagen en comparación con los estándares básicos y los principios de independencia, acceso, eficiencia y competencia e integridad profesionales.

(*) La Dirección no se hace responsable por los artículos firmados.