Las enfermedades infecciosas suelen asociarse con cuadros agudos: fiebre, malestar, tratamiento y recuperación. Sin embargo, la ciencia ha demostrado que, en muchos casos, la historia no termina allí. Algunas infecciones pueden evolucionar silenciosamente y convertirse en enfermedades crónicas que, años después, afectan órganos vitales como el corazón o el cerebro.
Este es el eje central de las investigaciones que lidera la doctora Manuela Verástegui, investigadora en enfermedades infecciosas, Coordinadora del Laboratorio de Enfermedades Infecciosas de la Universidad Peruana Cayetano Heredia, quien abrió las puertas del laboratorio para explicar por qué estos males continúan siendo un desafío para la salud del Perú.
“Para nosotros es emocionante e importante poder compartir con ustedes los trabajos que venimos desarrollando aquí en el laboratorio. Estoy convencida de que la divulgación científica es clave para prevenir y comprender estas enfermedades”, señaló la doctora Verástegui en el programa Soy Cayetano, conducido por la doctora Carla Gonzáles, del canal cayetano.plus.
Su equipo se enfoca en tres patologías infecciosas de gran impacto en el país: la enfermedad de Chagas, la neurocisticercosis y la toxoplasmosis. Aunque causadas por distintos parásitos, todas comparten una característica preocupante: pueden permanecer ocultas durante años antes de manifestarse con daños severos e irreversibles.
Chagas: una infección que daña el corazón en silencio
La enfermedad de Chagas es causada por el parásito Trypanosoma cruzi, transmitido por un insecto conocido popularmente como chirimacha. Este vector habita principalmente en viviendas rurales construidas con adobe o quincha, donde se refugia en las grietas de las paredes.
“El problema es que muchas veces la enfermedad no se trata en la fase aguda o el paciente abandona el tratamiento. Aparentemente se sana, pero años después puede desarrollar la fase crónica”, explica la especialista.
Entre 10 y 20 años después de la infección inicial, algunos pacientes desarrollan cardiomiopatía chagásica, una afección grave en la que el músculo del corazón se atrofia y se fibrosa.
“El tejido ya no funciona adecuadamente y el corazón no bombea bien la sangre. En esa fase, lamentablemente, hay poco que hacer”, advierte Verástegui.
Uno de los grandes retos es que no todas las personas infectadas desarrollan la fase crónica: solo entre el 20% y 30% lo hacen. Comprender por qué ocurre esta diferencia es uno de los objetivos centrales del laboratorio.
“Creemos que hay factores genéticos, inmunológicos y ambientales que determinan quién desarrollará la enfermedad crónica”, señala.
Síntomas
Durante la fase inicial, puede presentar fiebre persistente, cansancio extremo, dolor de cabeza, malestar general y la inflamación del lugar por donde ingresó el parásito, que a veces se manifiesta como hinchazón de un párpado o una lesión en la piel.
Con el paso del tiempo, si la enfermedad no es diagnosticada ni tratada, pueden aparecer complicaciones más graves, como palpitaciones, dificultad para respirar, dolor en el pecho, trastornos digestivos, estreñimiento crónico o dificultad para tragar, señales de que el parásito ha comenzado a afectar al corazón y al sistema digestivo.
Neurocisticercosis: cuando el parásito llega al cerebro
Otra línea de investigación crucial es la neurocisticercosis, una enfermedad causada por la fase larvaria de la tenia conocida como “solitaria”. A diferencia de lo que suele creerse, el mayor problema no es el gusano adulto, sino sus huevos.
“El ser humano se infecta al consumir alimentos contaminados con heces de personas que tienen el parásito adulto”, explica la doctora.
Una vez ingeridos, los huevos liberan larvas que pueden viajar por la sangre hasta el cerebro, donde forman quistes llamados cisticercos.
Esta enfermedad puede tardar meses o incluso años en manifestarse. Cuando lo hace, los síntomas pueden ser severos: epilepsia tardía, dolores de cabeza, hipertensión intracraneal y déficit cognitivo.
“El paciente no sabe que está infectado hasta que aparecen los síntomas”, señala Verástegui.
Para estudiar esta patología, el laboratorio ha desarrollado un modelo animal en ratas, lo que permite seguir la enfermedad desde la infección hasta el daño cerebral.
“Vemos que el daño empieza desde que el parásito ingresa al cerebro, no solo cuando empieza a morir, como se pensaba antes”, afirma.
Los resultados muestran similitudes sorprendentes con enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.
“Observamos hinchazón axonal y daño neuronal, muy parecido a lo que se describe en esas enfermedades”, comenta la investigadora.
Toxoplasmosis: un riesgo para gestantes e inmunodeprimidos
La tercera enfermedad en estudio es la toxoplasmosis, causada por el parásito Toxoplasma gondii. Aunque es muy común y muchas personas no presentan síntomas, puede ser peligrosa en mujeres gestantes y en pacientes con el sistema inmunológico debilitado.
“El gato es el hospedero definitivo, pero el parásito puede infectar a muchos animales y al hombre”, explica Verástegui.
La transmisión ocurre por consumo de carne mal cocida o por contacto con alimentos contaminados con heces de gato.
En el caso de una infección durante el embarazo, el parásito puede causar malformaciones congénitas en el bebé. Por ello, la especialista enfatiza la importancia de la higiene, la correcta cocción de los alimentos y el cuidado en la alimentación de las mascotas.
La inflamación: un hilo común
Un hallazgo clave del laboratorio es el papel central de la inflamación en estas enfermedades.
“La mayoría de enfermedades crónicas tienen un componente inflamatorio importante”, explica la doctora.
En sus estudios han observado activación del estrés oxidativo, del inflamasoma y alteraciones en procesos celulares como la autofagia, lo que contribuye al daño progresivo de los tejidos.
Este enfoque abre la posibilidad de que, en el futuro, tratamientos dirigidos a controlar la inflamación puedan ayudar a prevenir o reducir el daño crónico.
Ciencia, creatividad y futuro
La doctora Verástegui deja un mensaje claro para los jóvenes interesados en la ciencia:
“Que nunca se subestimen. El estudiante peruano tiene mucho por aportar. Venir de un país con carencias nos hace más creativos”.
En un país donde estas enfermedades siguen afectando a miles de personas, la ciencia se consolida como una de las principales aliadas para comprender, prevenir y, algún día, curar. Porque detrás de cada infección silenciosa, hay una oportunidad de investigación que puede cambiar vidas.
Prevención
La prevención frente a las enfermedades infecciosas es una tarea clave que involucra tanto a las autoridades de salud como a la población en general.
Medidas sencillas como el lavado frecuente de manos, el consumo de agua segura, la correcta manipulación de alimentos y el cumplimiento del esquema de vacunación pueden marcar la diferencia entre la salud y la enfermedad.
A ello se suma la importancia de mantener viviendas limpias y ventiladas, controlar la presencia de insectos transmisores y acudir oportunamente a los servicios de salud ante cualquier síntoma sospechoso.
La información clara y la educación sanitaria permiten que las personas adopten hábitos responsables, reduzcan el riesgo de contagio y contribuyan a proteger no solo su bienestar, sino también el de toda la comunidad.



