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    Cynthia Jay-Brennan, de la fortuna a la tragedia

    La vida de Cynthia transcurría como una más, sin grandes sobresaltos, hasta que una serie de eventos la marcaron para siempre. En poco tiempo, pasó de ser ganadora de una de las mayores fortunas en un casino, a sufrir un accidente fatal, que transformó su existencia y cambió completamente sus prioridades. En su historia se puede aprender cómo la suerte y la tragedia, en sus máximas expresiones, pueden ocurrir en cualquier momento.

    Cynthia Jay nació en Estados Unidos, más específicamente en Sacramento, California, en el seno de una familia humilde. Ni ella, ni sus ocho hermanos, alguna vez pasaron hambre, pero tampoco pudieron disfrutar grandes lujos, entre los que se encontraba pagar una matrícula universitaria. Como su deseo por estudiar fotografía era muy fuerte, decidió mudarse a Las Vegas y comenzar a trabajar de camarera, hasta juntar el dinero suficiente.

    Durante ese período, mientras se desempeñaba como mesera en el Casino Montecarlo, conoció y se enamoró de Terry Brennan. Los planes universitarios rápidamente fueron reemplazados por familiares: casamiento, fiesta, luna de miel, casa y tres hijos. De todas formas, para llevarlos a cabo, necesitaría mucho dinero, por lo que tomaba turnos de hasta 20 horas en fines de semana. Hasta que sucedió el primer evento inesperado.

    Salto a la banca y a la fama

    En enero del 2000, Cynthia llevó a su familia al Desert Inn Hotel and Casino de Las Vegas, con la excusa de celebrar el cumpleaños de su suegra. Transcurrida la velada, decidió jugar 100 dólares a una de las máquinas tragamonedas Megabucks, conocidas por ser las que mejores botes acumulan. Lanzó una, dos, tres veces. Siempre aferrada a un presupuesto fijo, para no caer en la tentación y gastar más de la cuenta. Hasta que en uno de sus últimos tiros, sucedió. Todos los rodillos se detuvieron: jackpot y premio mayor. La familia ingresó festejando un cumpleaños, y se retiró celebrando nada menos que un cheque por casi 35 millones de dólares.

    Por supuesto, la vida de Cynthia dio un giro rotundo: pagó todas sus deudas, ayudó a los familiares más necesitados, celebró su boda con lujos impensados y viajó a Fiji, junto a su flamante marido, para la luna de miel. Además, llamó la atención de los medios de comunicación: no es común un premio de tal magnitud. A pesar de todo, la mujer se mantuvo centrada y no se dejó encandilar por los millones. La pareja conservaba sus planes de criar tres hijos y habitar una bella casa. Pero un nuevo suceso inesperado provocaría otro giro total.

    Tragedia y conciencia

    Lamentablemente, toda la suerte que le tocó a Cynthia se compensó con un evento devastador. Mientras paseaba en auto por Las Vegas, junto a su hermana Lela, un conductor ebrio las embistió violentamente. El resultado fue fatal: Lela falleció en el acto, en tanto Cynthia sufrió la rotura de la quinta vértebra de su columna, lo que le impidió volver a caminar.

    La millonaria no se dejó caer. Sus nuevas condiciones motrices la impulsaron a destinar parte de su dinero a organizaciones benéficas. Por ejemplo, lleva donadas más de 100 sillas de ruedas a personas que no pueden pagarlas. Además, colabora con fundaciones que buscan concientizar sobre el manejo y el alcohol. La historia de Cynthia es una inspiración para no encandilarse ni detenerse, a pesar de que la vida sorprenda con las más impensadas situaciones.

    La vida de Cynthia transcurría como una más, sin grandes sobresaltos, hasta que una serie de eventos la marcaron para siempre. En poco tiempo, pasó de ser ganadora de una de las mayores fortunas en un casino, a sufrir un accidente fatal, que transformó su existencia y cambió completamente sus prioridades. En su historia se puede aprender cómo la suerte y la tragedia, en sus máximas expresiones, pueden ocurrir en cualquier momento.

    Cynthia Jay nació en Estados Unidos, más específicamente en Sacramento, California, en el seno de una familia humilde. Ni ella, ni sus ocho hermanos, alguna vez pasaron hambre, pero tampoco pudieron disfrutar grandes lujos, entre los que se encontraba pagar una matrícula universitaria. Como su deseo por estudiar fotografía era muy fuerte, decidió mudarse a Las Vegas y comenzar a trabajar de camarera, hasta juntar el dinero suficiente.

    Durante ese período, mientras se desempeñaba como mesera en el Casino Montecarlo, conoció y se enamoró de Terry Brennan. Los planes universitarios rápidamente fueron reemplazados por familiares: casamiento, fiesta, luna de miel, casa y tres hijos. De todas formas, para llevarlos a cabo, necesitaría mucho dinero, por lo que tomaba turnos de hasta 20 horas en fines de semana. Hasta que sucedió el primer evento inesperado.

    Salto a la banca y a la fama

    En enero del 2000, Cynthia llevó a su familia al Desert Inn Hotel and Casino de Las Vegas, con la excusa de celebrar el cumpleaños de su suegra. Transcurrida la velada, decidió jugar 100 dólares a una de las máquinas tragamonedas Megabucks, conocidas por ser las que mejores botes acumulan. Lanzó una, dos, tres veces. Siempre aferrada a un presupuesto fijo, para no caer en la tentación y gastar más de la cuenta. Hasta que en uno de sus últimos tiros, sucedió. Todos los rodillos se detuvieron: jackpot y premio mayor. La familia ingresó festejando un cumpleaños, y se retiró celebrando nada menos que un cheque por casi 35 millones de dólares.

    Por supuesto, la vida de Cynthia dio un giro rotundo: pagó todas sus deudas, ayudó a los familiares más necesitados, celebró su boda con lujos impensados y viajó a Fiji, junto a su flamante marido, para la luna de miel. Además, llamó la atención de los medios de comunicación: no es común un premio de tal magnitud. A pesar de todo, la mujer se mantuvo centrada y no se dejó encandilar por los millones. La pareja conservaba sus planes de criar tres hijos y habitar una bella casa. Pero un nuevo suceso inesperado provocaría otro giro total.

    Tragedia y conciencia

    Lamentablemente, toda la suerte que le tocó a Cynthia se compensó con un evento devastador. Mientras paseaba en auto por Las Vegas, junto a su hermana Lela, un conductor ebrio las embistió violentamente. El resultado fue fatal: Lela falleció en el acto, en tanto Cynthia sufrió la rotura de la quinta vértebra de su columna, lo que le impidió volver a caminar.

    La millonaria no se dejó caer. Sus nuevas condiciones motrices la impulsaron a destinar parte de su dinero a organizaciones benéficas. Por ejemplo, lleva donadas más de 100 sillas de ruedas a personas que no pueden pagarlas. Además, colabora con fundaciones que buscan concientizar sobre el manejo y el alcohol. La historia de Cynthia es una inspiración para no encandilarse ni detenerse, a pesar de que la vida sorprenda con las más impensadas situaciones.

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