Periodista Dani Lerer denuncia campaña de desinformación contra Israel
VALERIA PONCE
El politólogo, periodista y analista internacional Dani Lerer advierte que, además de la guerra bélica en Medio Oriente, se libra una batalla paralela por la desinformación que distorsiona la percepción global del conflicto. Lerer es cofundador y CEO de Media Oriente, agencia internacional de noticias especializada en la región, es autor del libro “La guerra de la desinformación. Manipulación, posverdad, el declive de Occidente y el avance del antisemitismo”.
— ¿Cuál es la situación actual en Medio Oriente?
El Medio Oriente se encuentra bastante revuelto, sufriendo muchos cambios, que comenzaron con la masacre cometida por Hamás el 7 de octubre de 2023. Trajo un movimiento en toda la región: cambios y caídas de regímenes, pueblos que se levantan, como el caso de Irán, y guerras asociadas. En la actualidad estamos viviendo un momento de tensa calma, donde pareciera haber acuerdos de cese al fuego que se cumplen parcialmente, entre Estados Unidos e Irán, en el estrecho de Ormuz, con ataques permanentes y con idas y venidas de lo que cada parte dice que sucede realmente. En Israel hay una tensa calma, pero constantemente hay violaciones en el norte del grupo terrorista Hezbolá, que traen como consecuencia que Israel responda. Es un momento de tensa calma en medio de años de profundos cambios.
¿Qué es lo más preocupante desde mi óptica? Que junto con la guerra bélica hay una guerra muy fuerte por la desinformación. Hay tanta información y tantas mentiras dando vueltas que la gente ya no sabe qué es real y qué es mentira. Un evento como el 7 de octubre, que fue una masacre contra judíos, la peor después del Holocausto, rápidamente el mundo pasó a verlo, en lugar de como víctimas, como victimarios. Me preocupa mucho la percepción que el mundo tiene de lo que sucede realmente en el Medio Oriente.
— ¿Cómo influye la inteligencia artificial en esta desinformación y qué herramientas tienen para detectarla?
Primero, nosotros como agencia tenemos sistemas que nos permiten determinar qué cosas son manipuladas, qué cosas son hechas con inteligencia artificial, qué cosas son sacadas de contexto y no corresponden al evento que dicen representar. Pero lo que yo analizo en el libro es cómo la gente perdió la capacidad de analizar: con ver un video o un posteo ni siquiera se toma el trabajo de ver si es cierto o no. Vivimos en un mundo de inmediatez, donde todo es ya. Uno mira algo en un teléfono y lo toma como cierto. Más allá de los sistemas, más allá de crear agencias que se dedican a verificar, creo, y lo digo en el libro, que la solución pasa porque cada uno de nosotros recupere ese poder de duda, de no creer cualquier cosa y de tomarse el trabajo, porque a veces las mentiras son muy burdas, de verificar y buscar información.
— ¿Este fenómeno se limita a Medio Oriente o es que ocurre también en otros ámbitos y países?
En todos lados. En Argentina hemos tenido campañas políticas donde hicieron con inteligencia artificial un video de un candidato pidiendo que voten a la oposición y dando argumentos. En el conflicto en Medio Oriente hemos visto imágenes inventadas con inteligencia artificial. En otros conflictos en la región hemos visto imágenes sacadas de contexto, de guerras anteriores, utilizadas como si fueran de ahora. Y en todos los casos hemos visto influencers en redes sociales con millones de seguidores que no lo hacen de manera inocua, sino que son parte de esta guerra, distribuyendo este contenido falso. Con la globalización que hay, en cualquier tema, sea política, deporte, economía, crimen organizado, narcotráfico, guerras, Medio Oriente, la desinformación hoy opera en todos los niveles. Por eso decía al inicio que es el gran flagelo con el que nos encontramos, porque la verdad parece que cada vez vale menos.
— ¿Qué papel cumplen los países cercanos a Medio Oriente en la desinformación sobre el conflicto?
Mi libro toma el 7 de octubre de 2023 como punto de partida y ahí manifiesto que ese evento fue tomado como un experimento global de manipulación de masas y de desinformación. Hoy creo que sobre lo que más desinformación existe en el mundo es sobre Israel. Se generan muchos mitos, muchas mentiras que, cuando la gente viaja y conoce por primera vez, se da cuenta de que no son tales, pero en el consciente colectivo parece que fueran distintos. Eso claramente está diseñado y pergeñado por los países que los rodean, que en su mayoría no son democráticos, que son gobernados por regímenes terroristas, porque el terrorismo busca eso: mentir y transformar a la víctima en victimario en poco tiempo. Por eso decía que el 7 de octubre Israel sufrió la peor masacre de su historia y el 8 de octubre pasó a ser el victimario. Recordemos que Israel recién entró en Gaza 20 días después del 7 de octubre. Sin embargo, el 8 de octubre ya el mundo hablaba del genocidio israelí en Gaza. Israel todavía no había entrado a Gaza. Los únicos israelíes en Gaza eran los secuestrados. Así funciona. Sí, claramente los países que rodean a Israel son los principales promotores de esta guerra de desinformación.
— ¿Cuál es el análisis de su libro sobre la desinformación y cómo se ha dado esta guerra en la cobertura internacional?
Considero que el gran flagelo que tenemos en este momento a nivel mundial es la desinformación. Que haya tanto contenido donde la gente ya no sabe qué es verdad y qué es mentira hace que la verdad sea muy frágil. La gente ya no sabe si lo que dice un periodista o un medio es verdad o mentira, y cree lo que quiere creer, de acuerdo con su sesgo de confirmación y sus prejuicios. Eso es muy grave, y me llevó a hacer un análisis profundo sobre cómo funciona la manipulación de masas. Ciertos términos que se repiten una y otra vez entran en la cabeza de la gente como si fueran verdad y les bloquean el poder de discernir.
Doy un ejemplo bastante burdo, hemos visto en los medios del mundo hablar de que lo que Israel hace en Gaza es un genocidio y, hasta ahora, ninguna corte ha determinado que es genocidio. Sin embargo, en el consciente colectivo está instalado como real, y no lo es. Puedo dar muchos ejemplos, porque si bien en mi libro lo abordo a partir del 7 de octubre, la desinformación la vimos en el Mundial de fútbol, con una campaña antiargentina que hablaba de que la Argentina es racista, cuando les puedo asegurar que no es un país racista. Sin embargo, se instaló y se usa mucho en la política para deslegitimar a un candidato, para hacer campañas sucias.
Por eso fundamos una agencia de noticias internacional que busca luchar contra este flagelo. Sepamos que la desinformación llega al periodismo y también a las agencias internacionales.
— ¿Cuál es la situación del antisemitismo en América Latina y qué peso tiene la desinformación?
Cada país tiene su particularidad. Chile tiene la comunidad palestina más grande de América Latina y probablemente del mundo fuera de la región de Medio Oriente. Entonces, tiene una realidad propia. En el resto de los países, mayoritariamente, el antisemitismo que estalló después de la dictadura es más un antisemitismo de opinión, de redes sociales, de comentarios, de narrativa, no necesariamente de hechos. Hemos visto en Europa y en Estados Unidos atentados contra comunidades judías. Eso en Latinoamérica no lo tenemos. Pero lo que sí ha estallado es un antisemitismo profundo, disfrazado de antisionismo.
Lo aclaro porque es válido que entiendan a qué me refiero. Como es mal visto ser antisemita, hoy el ataque que antes del Holocausto era contra los judíos es contra el Estado judío. Toda crítica contra un gobierno es válida, pero cuando se quiere instalar que Israel comete un genocidio, que es un país colonialista, es todo mentira y es muy fácil de contradecir. Pero en el inconsciente colectivo, con esas pequeñas palabras que se meten en la noticia y no son acordes con lo que pasa, van generando antisemitismo, y los ataques en las redes sociales son feroces. Yo recibo cientos de amenazas por hora, ataques y mensajes antisemitas, y mucha gente ni siquiera es capaz de escuchar una refutación a las mentiras. Es lo que le decía: uno o dos términos que te van instalando en la cabeza le cierran el poder cognitivo y ya tienen una posición tomada.
— ¿Qué conclusiones concretas deja su análisis y cómo puede un ciudadano distinguir una noticia falsa de una información verídica?
Lo primero que cualquier ciudadano tiene que hacer es dudar. En las redes sociales se viraliza el contenido emocional, el que divulga odio, y las mentiras corren muy rápido. Se ven mucho más que una verdad que después intenta refutarlas. Entonces, cuando la gente ve algo muy emotivo, muy emocional o con mucho odio, debe dudar e ir a verificar: buscar fuentes confiables, medios confiables, agencias confiables, llegar a los protagonistas del hecho y ver si es cierto o no.
Ese es el principal fundamento, porque cuando hablamos de desinformación, muchas veces hay países detrás de esta campaña. Durante la guerra entre Israel e Irán, Irán, aun sabiendo que perdía la guerra bélica, dedicó todos sus esfuerzos a la guerra de la desinformación, a mostrar una imagen. Lo que termino diciendo es que los hechos en este momento importan poco. A mí sí me importan, pero a quienes se encargan de esta guerra les importa instalar su posverdad, su visión, su distorsión de los hechos. Y si nosotros no somos capaces de dar esta batalla ahora, dentro de 100 años los hechos como los conocimos van a ser cambiados y la historia va a ser reescrita. Por eso es muy importante dar esta batalla.
— ¿Cuántas noticias y análisis han logrado desmontar como agencia?
Es permanente. Es difícil dar una cifra porque, mientras estamos hablando, en este momento hay fake news, distorsión y desinformación. La desinformación no es necesariamente un contenido falso creado. Puede ser una palabra dicha fuera de lugar, y es muy común. Sabemos que los medios suelen, cuando no tienen información en cierto lugar, copiar o tomar como válido lo que una agencia dice o lo que un medio de ese país dice. A veces ciertas palabras o ciertas faltas de contexto son desinformación. Por ejemplo, si cuentas una noticia y no cuentas lo que pasó precedentemente, estás desinformando, porque la gente toma como percepción la reacción sin conocer lo que ocurrió inicialmente. Por eso es muy difícil cuantificarlo. Es un trabajo de todos los días. Tratamos de luchar todos los días, pero a diario encontramos cientos de casos.
— Si usted no está en el lugar de los hechos, ¿cómo accede a información verídica de Medio Oriente?
Yo estoy acá, pero la agencia internacional de noticias de la que le hablo fue fundada con socios en Europa y en Medio Oriente, y tenemos cronistas y personal propio en todos los países de Medio Oriente, en toda Europa y en casi toda América Latina. Trabajamos con una red muy amplia. Hoy estoy en Perú y vivo en Argentina, pero nuestra red es amplia y mis socios sí están en Medio Oriente.
— ¿Cuál fue su objetivo con este análisis y qué mensaje deja a sus seguidores?
Lo que he buscado con el libro y lo que buscamos con la agencia es luchar contra la desinformación en todos sus ámbitos. Este libro toma el 7 de octubre como paciente cero. El próximo libro tomará la política y el siguiente hablará sobre la desinformación en el deporte.
Buscamos luchar contra este flagelo que creemos que, si no lo paramos a tiempo, se lleva puesta la verdad y las democracias. Un líder dictador puede inventar una verdad paralela y convencer a las masas de que eso es lo que está ocurriendo, y los valores de Occidente, como los conocemos, dejan de ser tales. Por eso les pido a mis seguidores dar esta batalla, que creo que es la que tenemos en este momento. Ustedes, trabajando en los medios, saben mejor que nadie cuántas mentiras hay dando vueltas y cuánto trabajo nos cuesta verificar qué es verdad y qué es mentira. Mi mensaje final es que nunca bajen los brazos en esta lucha por la verdad. Es lo que nos queda. En un momento de profunda desinformación y mentira, la lucha de cada uno y lo que cada uno pueda mostrar y alzar la voz desde su lugar es fundamental para que no perdamos esta guerra, que considero muy dura.




