30 de julio de 2026

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Daniel Brousek habla sobre su nuevo libro “El arte de conectar con Dios”

“Basta de ser espectadores”: la entrevista que cuestiona la vida cómoda

Por Ricardo Sánchez-Serra

La Razón conversó con Daniel Brousek, licenciado y magíster en Teología,  distinguido por el Congreso de la República en 2004 por su labor periodística, y autor a sus 16 años del libro “Cuna de ambiciones”, felicitado en su momento por Mario Vargas Llosa, y ahora, a sus 45 años, presenta su nueva obra “El arte de conectar con Dios”. Mientras España celebra su segunda estrella mundialista y el continente vive un giro político hacia la derecha, Brousek lanza una pregunta incómoda: “¿y si el verdadero despertar que necesitamos no es político ni futbolístico, sino espiritual?”.

– ¿Qué entendemos por Dios? ¿Qué relación tenemos con Él? En una sociedad que busca la felicidad en el éxito, el dinero o el reconocimiento, usted sostiene que solo se alcanza en un encuentro personal con Dios

Exacto. Antes de hablar de felicidad hay que preguntarse qué tipo de Dios tenemos en la cabeza. Muchos arrastran la imagen de un juez lejano, y por eso lo evitan. Yo hablo de un Dios Padre que no exige devotos, sino que invita a hijos. Ninguna carrera universitaria enseña a ser feliz, y ese vacío es justamente el que llena una vida interior bien cultivada. Mi libro no vende un producto espiritual más entre tanta oferta de gurús y coaches; propone algo más simple y más exigente: que la felicidad no está en tener, sino en un vínculo real con lo divino.

 – Usted dice que cualquier persona, no solo santos o sacerdotes, puede alcanzar intimidad con Dios. ¿mo empieza alguien común y cuáles son los obstáculos?

El primer obstáculo es creerse espectador. Como le decía a mis alumnos cuando Perú clasificó al Mundial de Rusia 2018: al estadio van millones, pero juegan once. Con Dios pasa igual: hay multitudes que hablan de Él, pocos que hablan con Él. El segundo obstáculo es el ruido: redes, prisa, consumismo. Para empezar, hace falta decidir un tiempo diario, mínimo una hora de oración, meditación y escucha, de abrir el corazón a Dios y sostenerlo con disciplina, no con ánimo pasajero.

 – Usted compara la vida espiritual con la de un deportista de élite. ¿Qué papel cumplen la oración, el silencio y la constancia, y cómo evitar que se vuelvan rutina?

Cristiano Ronaldo entrena dos turnos; el segundo, solo, sin que nadie lo vea. Esa disciplina invisible es la que distingue a quien perdura de quien brilla un año y desaparece. En lo espiritual pasa lo mismo: la oración diaria es ese segundo turno silencioso. Para que no se vuelva rutina, yo mismo llevo un cuaderno espiritual y varío el método, casi como un entrenador que rota ejercicios para que el cuerpo no se acomode. Practico una respiración quiere que sincroniza con la oración: rezo con salmos o hago silencio interior para tratar de unirme a Dios. Asimismo, la ducha, ese momento que casi todos hacemos en automático, la convierto en un pequeño bautismo cotidiano: empiezo con agua caliente agradeciendo, y cierro con agua fría, que además de despertar el cuerpo, entrena la voluntad y me da un shock tempranero de energía.

Aplico también la espiritualidad a la comida: el primer bocado en silencio, masticado despacio, como quien saborea un último bocado mientras voy agradeciendo por la salud, por las personas que lo prepararon, pidiendo a Dios que bendiga sus familias con la Paz, la alegría y una buena economía. Practico ayuno intermitente, no por moda saludable sino porque un estómago vacío aclara la mente para orar. Incluso camino descalzo o me masajeo los pies unos minutos, porque hasta lo más humilde del cuerpo merece reverencia. Y cuando nado, cada brazada se vuelve oración rítmica. Otras mañanas empiezo nadando media hora en la piscina, antes de las siete de la mañana porque debo entrar al trabajo. Y en algunas mañanas, salgo muy temprano a pasear con mi esposa por un parque o la playa, tomados de la mano.

Lo importante no es la técnica en sí, sino que el cuerpo entero —no solo la mente— participe del encuentro con Dios. Un instrumento cuidado suena mejor; un cuerpo atendido ora mejor. Vivir despacio, aprovechar desde el primer momento de la mañana y agradecer mucho a Dios en todo momento es la mejor manera de vivir despiertos espiritualmente y abiertos al torrente de luz y creatividad que Dios derrama cada día.

 – Habla mucho de madrugar. ¿Por qué no es lo mismo meditar de noche que de madrugada?

Porque la mente descansada de la madrugada está libre de las interferencias del día. Yo empiezo entre las cuatro y media y las cinco. No lo hago para ser más productivo, sino porque ahí, en ese silencio, Dios se deja encontrar con más claridad. Grandes transformadores del mundo -desde Gandhi hasta Martin Luther King- cambiaron primero sus mañanas antes de cambiar la historia. Cuando uno madruga para orar, además, se une a millones de personas de distintas tradiciones que a esa misma hora están haciendo lo mismo en todo el planeta: es una comunión invisible pero real.

 – Si un lector termina la última página, ¿cuál es el primer paso concreto para esa transformación interior?

Que decida una hora, cualquiera, y la sostenga siete días seguidos antes de amanecer. No hace falta convento ni voto de silencio: yo soy casado, trabajo como coordinador en un colegio, lidero un voluntariado de ayuda social en Pamplona con jóvenes, doy retiros espirituales y jornadas de liderazgo los fines de semana, doy mentorías y asesorías personales de coach en las noches, en fin, tengo obligaciones como cualquiera, y también, disfruto, viajo con mi esposa, voy al estadio a ver futbol o a conciertos, el último que asistí fue hace unos meses al de Ed Sheran. Pero descubrí, que hay que dar ese tiempo prioritario a Dios, cada mañana de cada día, y hay que empezar por hoy mismo, te respondería, porque ese primer paso -vencer la comodidad para buscar a Dios- cambia todo lo demás y te cambia toda la vida.

Con España coronándose campeona del mundo y Argentina quedándose a un gol de la gloria, Daniel Brousek insiste en que las verdaderas “finales” se juegan en otro terreno: el del corazón. Su primer libro, “Cuna de ambiciones”, exploraba el poder, el dinero y la fama como ambiciones humanas que terminan vaciando. Sobre su nueva obra, el propio autor reflexiona: “si aquel libro fue casi mi Antiguo Testamento -la crónica de las ambiciones que no llenan-, este es la ambición que sí sacia. A mis 45 años, y no a mis 16, entendí que la única ambición que llena el corazón es la felicidad en Dios”.

Contacto: Si quiere comunicarse con el escritor, búsquelo en Instagram: @coachdevidamotivacional Daniel Brousek

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