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Lunes, Enero 25, 2021

El “Estado Profundo” o el “Estado demencial” de Trump

Atribuye a un gobierno oculto supuestas maniobras para sacarlo del gobieno, entre ellas las investigaciones de la CIA que vinculan su triunfo electoral en el 2016 al apoyo de Putin

Por: VÍCTOR ALVARADO

El asalto al Capitolio en Washington, EE.UU., ejecutado por una variopinta de miles de gentes movilizadas por el presidente Donald Trump, pretendió consumar un golpe de estado, con la intención de asegurar su permanencia en el gobierno, y de impedir el ascenso de Joe Biden, por supuestamente representar un tenebroso “Estado Profundo”, presuntamente responsable de un plan para destruir a los Estados Unidos.

Si esta  asonada, consumada en el Capitolio con el saldo de apenas cinco muertos, hubiera sido ejecutada por afroamericanos o sindicalistas o pacifistas normalmente motejados de comunistas, se habría producido una matanza de cientos o de miles, como ha ocurrido en hechos similares en otras capitales del mundo, como por el ejemplo en el “Caracazo” (Venezuela) en 1989, con el saldo de 276 muertos, entre otros.

La expresión “Estado Profundo”, acuñada por el presidente Donald Trump y su antiguo exasesor presidencial Steve Bannon, formó parte de su prédica electoral que lo llevó al gobierno de los EE.UU.en el 2016, para significar la existencia de un supuesto gobierno secreto liderado por banqueros siniestros, con la participación de comunistas y globalistas, representados por los líderes del Partido Demócrata.

IMPRESENTABLES

Los ocupantes del Capitolio, convocados por Trump para apoyar su guerra declarada contra el Estado Profundo, contra todo lo esperado, estuvo liderado por sujetos impresentables. El principal de ellos, que aparecía en el grupo dirigente, usaba una vestimenta típica delos antiguos guerreros sioux: gorro de piel de bisonte con cuernos, la cara pintada, torso desnudo y portando una bandera de EEUU atada a una lanza como asta.

La prensa estadounidense los describió como adscritos a un universo de grupos ultraderechistas, anticomunistas, antirracistas odiadores a muerte de los afroamericanos, latinoamericanos y asiáticos, identificando a su principal líder, el de vestimenta soiux como Jacob Anthony Chansley (27), conocido como “Jake Angeli” o “Yellowstone Wolf” (Lobo de Yellowstone) y “Q-Shaman”, y editor de la página “Conspiración de Q’Anon”.

Los otros identificados son: Nick Ochs, líder del grupo de extrema de derecha los “Proud Boys” (Chicos orgullosos), Richard “Bigo” Barnett, filmado por las cámaras tendido en el piso del despacho de la senadora demócrata Nancy Pelosi, a la que dejó una nota con el siguiente mensaje: “Nancy, Bigo, estuvo aquí, perra”. Y Tim Gianet, que se autonombra como “Basked Alaska” (Alaska horneada). A la vista, todos impresentables.

TEORÍA DEL Q’ANNON

La teoría conspirativa del QÁnon (abreviatura de Q y Annonymous), a la que adhieren Trump y Angeli, asegura la existencia de un supuesto Estado de Profundo enemigo de Trump, que tendría entre sus miembros a los multimillonarios George Soro, Bill Gates, Hillary Clinton, al papa Francisco y por supuesto a los líderes del partido demócrata, en particular a Joe Biden, el expresidente Barack Obama, entre otros.

Agregan a esta nómina de políticos, las plataformas digitales Facebook, Whatsapps, Tweett, a los principales diarios estadounidense, entre ellos el The New York Times que optaron por distanciarse por sus graves excesos políticos, y a las propias agencias de inteligencia norteamericanas, la NSA, CIA y el FBI, por haberle hecho investigaciones por sus presuntas infracciones a la seguridad nacional.,

Según la secta Q’Annon, actores liberales de Hollywood, políticos del partido demócrata y funcionarios de alto rango, son miembros de una red internacional de pedófilos implicados en un tráfico sexual de niños y de un gobierno oculto llamado Estado Profundo, a los que Trump les ha declarado la guerra.

Angeli, líder de grupo denominado “Conspiración Q’Anon”, responsabiliza al Estado Profundo de haberse infiltrado en el gobierno en las gestiones de los demócratas, en las empresas, medios de comunicación y organizado un fraude electoral contra Trump. Por esta razón, admiten haber acudido al llamado de Trump: “Si no pelean como el demonio, ya no van a tener un país. Dejen que los débiles se vayan. Es la hora de la fuerza”.

LO QUE OCULTA TRUMP

Pero, entre el dicho al hecho hay mucho trecho. Los más reputados analistas estadounidenses han descartado que exista un movimiento Q’Annon, aunque exista gente que se autoproclama como tal, incluso usa ropa con estas siglas, y menos un Estado Profundo que actúen en la clandestinidad.

Gordon Adams, experto en política de seguridad nacional de la American University, de Washington D. C., en declaraciones a la BBC, advierte que el término Estado Profundo es una teoría conspirativa que ha sido acuñada por Trump para defenderse de una serie de filtraciones desde  la CIA y el FBI, que lo involucran en supuestos apoyos que habría recibido del presidente ruso Vladimir Putin, para ganar las elecciones en el 2016.

Atribuir estas revelaciones a un supuesto Estado Profundo, aparece tirado de los cabellos, porque es público que esas investigaciones de inteligencia confirmaron que Michael Flynn, exconsejero de seguridad nacional e incondicional de Trump, ocultó datos sobre sus contactos con Rusia, referidos al apoyo ruso a Trump para vencer a su oponente, Hillary Clinton, en las elecciones del 2016.

Igualmente, Trump culpó al supuesto Estado Profundo, de las denuncias de un miembro de la inteligencia de la CIA de que Trump había presionado a su homólogo ucraniano, Volodymyr Zelenski, para que reabriera una investigación a Hunter Biden, hijo del exvicepresidente y precandidato presidencial demócrata Joe Biden, por presunta corrupción en la dirección de Burisma, una compañía de energía ucraniana.

POLÍTICA DECONSTRUCTIVA

Lo grave es que Trump tomó en serio su hilarante teoría del Estado Profundo para utilizarlo como pretexto para lanzar una ofensiva contra el aparato administrativo, supuestamente controlado por el gobierno oculto, consistente en una política deconstructiva o de destrucción del Estado administrativo.

Pasó seguidamente poco menos que a demoler determinadas estructuras estatales de la sociedad imperial para hacerla más individualistas, elitistas y excluyentes.

Entre estas acciones, repasaremos las más desastrosas adoptadas en el 2016, luego de ganar las elecciones. Para la Agencia de Protección Ambiental-EPA, nombró a Scott Pruitt, criticado por negar públicamente el cambio climático y presentarse como defensor de los combustibles fósiles, responsables de la grave contaminación mundial.

Para la Secretaría (Ministerio) de Educación, designó a Betsy DeVos, una conocida “enemiga” de las escuelas públicas y una férrea impulsora durante décadas para desvincular al gobierno en la educación de los niños.

Para la Secretaría de Salud, nominó a Tom Price, un acérrimo crítico del actual sistema de salud pública, llamado ‘Obamacare’, al que procedió a desmontar y dejar sin seguro social a unos 20 millones de estadounidenses, hoy desamparados y condenados a muerte por la pandemia del covid.

Ahora se entiende las palabras esperanzadoras del electo presidente Joe Biden, luego de conocer que había ganado las elecciones y derrotado a Trump: “Es el momento de sanar el país, que esta nefasta era de satanización en Estados Unidos termine aquí y ahora”.

Atribuye a un gobierno oculto supuestas maniobras para sacarlo del gobieno, entre ellas las investigaciones de la CIA que vinculan su triunfo electoral en el 2016 al apoyo de Putin

Por: VÍCTOR ALVARADO

El asalto al Capitolio en Washington, EE.UU., ejecutado por una variopinta de miles de gentes movilizadas por el presidente Donald Trump, pretendió consumar un golpe de estado, con la intención de asegurar su permanencia en el gobierno, y de impedir el ascenso de Joe Biden, por supuestamente representar un tenebroso “Estado Profundo”, presuntamente responsable de un plan para destruir a los Estados Unidos.

Si esta  asonada, consumada en el Capitolio con el saldo de apenas cinco muertos, hubiera sido ejecutada por afroamericanos o sindicalistas o pacifistas normalmente motejados de comunistas, se habría producido una matanza de cientos o de miles, como ha ocurrido en hechos similares en otras capitales del mundo, como por el ejemplo en el “Caracazo” (Venezuela) en 1989, con el saldo de 276 muertos, entre otros.

La expresión “Estado Profundo”, acuñada por el presidente Donald Trump y su antiguo exasesor presidencial Steve Bannon, formó parte de su prédica electoral que lo llevó al gobierno de los EE.UU.en el 2016, para significar la existencia de un supuesto gobierno secreto liderado por banqueros siniestros, con la participación de comunistas y globalistas, representados por los líderes del Partido Demócrata.

IMPRESENTABLES

Los ocupantes del Capitolio, convocados por Trump para apoyar su guerra declarada contra el Estado Profundo, contra todo lo esperado, estuvo liderado por sujetos impresentables. El principal de ellos, que aparecía en el grupo dirigente, usaba una vestimenta típica delos antiguos guerreros sioux: gorro de piel de bisonte con cuernos, la cara pintada, torso desnudo y portando una bandera de EEUU atada a una lanza como asta.

La prensa estadounidense los describió como adscritos a un universo de grupos ultraderechistas, anticomunistas, antirracistas odiadores a muerte de los afroamericanos, latinoamericanos y asiáticos, identificando a su principal líder, el de vestimenta soiux como Jacob Anthony Chansley (27), conocido como “Jake Angeli” o “Yellowstone Wolf” (Lobo de Yellowstone) y “Q-Shaman”, y editor de la página “Conspiración de Q’Anon”.

Los otros identificados son: Nick Ochs, líder del grupo de extrema de derecha los “Proud Boys” (Chicos orgullosos), Richard “Bigo” Barnett, filmado por las cámaras tendido en el piso del despacho de la senadora demócrata Nancy Pelosi, a la que dejó una nota con el siguiente mensaje: “Nancy, Bigo, estuvo aquí, perra”. Y Tim Gianet, que se autonombra como “Basked Alaska” (Alaska horneada). A la vista, todos impresentables.

TEORÍA DEL Q’ANNON

La teoría conspirativa del QÁnon (abreviatura de Q y Annonymous), a la que adhieren Trump y Angeli, asegura la existencia de un supuesto Estado de Profundo enemigo de Trump, que tendría entre sus miembros a los multimillonarios George Soro, Bill Gates, Hillary Clinton, al papa Francisco y por supuesto a los líderes del partido demócrata, en particular a Joe Biden, el expresidente Barack Obama, entre otros.

Agregan a esta nómina de políticos, las plataformas digitales Facebook, Whatsapps, Tweett, a los principales diarios estadounidense, entre ellos el The New York Times que optaron por distanciarse por sus graves excesos políticos, y a las propias agencias de inteligencia norteamericanas, la NSA, CIA y el FBI, por haberle hecho investigaciones por sus presuntas infracciones a la seguridad nacional.,

Según la secta Q’Annon, actores liberales de Hollywood, políticos del partido demócrata y funcionarios de alto rango, son miembros de una red internacional de pedófilos implicados en un tráfico sexual de niños y de un gobierno oculto llamado Estado Profundo, a los que Trump les ha declarado la guerra.

Angeli, líder de grupo denominado “Conspiración Q’Anon”, responsabiliza al Estado Profundo de haberse infiltrado en el gobierno en las gestiones de los demócratas, en las empresas, medios de comunicación y organizado un fraude electoral contra Trump. Por esta razón, admiten haber acudido al llamado de Trump: “Si no pelean como el demonio, ya no van a tener un país. Dejen que los débiles se vayan. Es la hora de la fuerza”.

LO QUE OCULTA TRUMP

Pero, entre el dicho al hecho hay mucho trecho. Los más reputados analistas estadounidenses han descartado que exista un movimiento Q’Annon, aunque exista gente que se autoproclama como tal, incluso usa ropa con estas siglas, y menos un Estado Profundo que actúen en la clandestinidad.

Gordon Adams, experto en política de seguridad nacional de la American University, de Washington D. C., en declaraciones a la BBC, advierte que el término Estado Profundo es una teoría conspirativa que ha sido acuñada por Trump para defenderse de una serie de filtraciones desde  la CIA y el FBI, que lo involucran en supuestos apoyos que habría recibido del presidente ruso Vladimir Putin, para ganar las elecciones en el 2016.

Atribuir estas revelaciones a un supuesto Estado Profundo, aparece tirado de los cabellos, porque es público que esas investigaciones de inteligencia confirmaron que Michael Flynn, exconsejero de seguridad nacional e incondicional de Trump, ocultó datos sobre sus contactos con Rusia, referidos al apoyo ruso a Trump para vencer a su oponente, Hillary Clinton, en las elecciones del 2016.

Igualmente, Trump culpó al supuesto Estado Profundo, de las denuncias de un miembro de la inteligencia de la CIA de que Trump había presionado a su homólogo ucraniano, Volodymyr Zelenski, para que reabriera una investigación a Hunter Biden, hijo del exvicepresidente y precandidato presidencial demócrata Joe Biden, por presunta corrupción en la dirección de Burisma, una compañía de energía ucraniana.

POLÍTICA DECONSTRUCTIVA

Lo grave es que Trump tomó en serio su hilarante teoría del Estado Profundo para utilizarlo como pretexto para lanzar una ofensiva contra el aparato administrativo, supuestamente controlado por el gobierno oculto, consistente en una política deconstructiva o de destrucción del Estado administrativo.

Pasó seguidamente poco menos que a demoler determinadas estructuras estatales de la sociedad imperial para hacerla más individualistas, elitistas y excluyentes.

Entre estas acciones, repasaremos las más desastrosas adoptadas en el 2016, luego de ganar las elecciones. Para la Agencia de Protección Ambiental-EPA, nombró a Scott Pruitt, criticado por negar públicamente el cambio climático y presentarse como defensor de los combustibles fósiles, responsables de la grave contaminación mundial.

Para la Secretaría (Ministerio) de Educación, designó a Betsy DeVos, una conocida “enemiga” de las escuelas públicas y una férrea impulsora durante décadas para desvincular al gobierno en la educación de los niños.

Para la Secretaría de Salud, nominó a Tom Price, un acérrimo crítico del actual sistema de salud pública, llamado ‘Obamacare’, al que procedió a desmontar y dejar sin seguro social a unos 20 millones de estadounidenses, hoy desamparados y condenados a muerte por la pandemia del covid.

Ahora se entiende las palabras esperanzadoras del electo presidente Joe Biden, luego de conocer que había ganado las elecciones y derrotado a Trump: “Es el momento de sanar el país, que esta nefasta era de satanización en Estados Unidos termine aquí y ahora”.

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