El éxodo masivo de nuestros compatriotas y la economía

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Jorge B. Hugo Álvarez
Jorge B. Hugo Álvarez

Por: Jorge B. Hugo Álvarez / Nunca vivimos una situación tan excepcional y elevadamente trágica. El Coronavirus desnudó nuestras miserias humanas. Ahora podemos vernos en el espejo del alma ajena nuestras propias debilidades y miserias.  Entonces cuestionamos todo, incluyendo desde luego, esas nociones sagradas, impuestas por nuestros gurús de una economía de mercado que todo lo subordinaba: Salud, seguridad social, trabajo, educación, etc. Irónico pero se derrumban estrepitosamente. Esa “economía de mercado” fue distorsionada en su esencia. No fue una poderosa herramienta para generar riqueza porque lo prostituyeron. Entonces, violaron las reglas del mercado fomentando grandes riquezas concentradas en pocas manos e inmensas miserias para las grandes mayorías. No era la mano invisible que lo solucionaba todo. No al menos, en una situación tan extraordinaria como la que vivimos. Es tiempo de revalorar la idea de un mercado interno fuerte y la intervención del Estado en la economía,  en lo que resulte necesaria y útil.

Concentrar tanta riqueza en pocas manos en tiempos trágicos como la Pandemia resulta fatal.  Democraticemos nuestras riquezas para que el sacrificio, comprensión, solidaridad y hermandad entre todos los peruanos, no resulten ajenos a nadie. No es saludable optar por el antivalor del egoísmo. Tampoco alentar el patriotismo y la humanidad para los bolsillos de unos pocos. Debemos alimentar en sus mentes y en sus corazones el amor al próximo y a la Patria.  No todos los empresarios grandes son malos, también hay buenos.  Reflexionemos en lo que hacemos o dejamos de hacer porque  hay tanto dolor, ver impávidos muchos rostros compungidos de niños, ancianos y mujeres debilitados por el duro caminar en  carreteras ardientes e insensibles.

Hermanos, son los caminantes de hoy. Huyen de la pobreza y el hambre que no espera en éxodo masivo a la tierra que los verá renacer. Ellos nunca perderán la esperanza de vivir en una Nación industrializada vía diversificación productiva con mayor valor agregado y tecnológico. Desean fervientemente ser liderados por auténticos capitanes de la industria nacional y hacer de suyo la justicia social en una sociedad culta, moderna y próspera.  Estas almas puras,  desempleados y sin dinero, no encuentran razón alguna para permanecer en una Lima que les resulta adversa y hostil. Otros quedaron, pero colocaron banderas blancas en precarios hogares clamando ayuda humanitaria. Entonces, no dejemos que nuestros compatriotas alimenten rabia e impotencia.

Matemos nuestros egoísmos, porque se impone la imperiosa necesidad del sacrificio y la sumatoria de esfuerzos de todos los peruanos, para sacar adelante al País. No olvidemos que esos caminantes pueden abrir surcos infinitos de  esperanzas en sus ganas locas de vivir y luchar. Vendrán tiempos duros y en ese contexto tendremos que reconstruir la economía de nuestra Nación.

Es una cuestión de vida o muerte salvar nuestra economía porque de otro modo, esa realidad cruel y dura nos envolverá en las vorágines de la violencia y el caos fundadas en las pasiones derivadas de la necesidad absoluta.   No es esa la imagen descarnada que queremos.

Abogado penalista- Analista político