3 de abril de 2026

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El Holocausto y la falacia del “escrutinio numérico”

Por: César Folgar Martínez

 

En el debate contemporáneo, una de las estrategias más recurrentes para relativizar el Holocausto consiste en afirmar que no se niega el hecho histórico, sino que simplemente se “cuestiona” o se “somete a escrutinio” el número de víctimas. Esta postura, defendida por Miklos en el debate analizado, pretende presentarse como una actitud crítica legítima, amparada en la libertad académica y en el supuesto derecho a dudar.

Sin embargo, desde la perspectiva de la historiografía profesional, dicha postura constituye una forma de negacionismo blando, porque no aporta evidencia nueva, no emplea metodología histórica reconocida y desconoce —o simula desconocer— la naturaleza del consenso académico sobre el Holocausto.

Este artículo demuestra que el número de víctimas no es una cifra arbitraria ni “sacrosanta”, sino el resultado de décadas de investigación rigurosa, crítica, convergente y documentada.

  1. ¿Cómo se establece un número histórico?

La historia moderna no funciona por intuiciones individuales ni por sospechas retóricas, sino por convergencia de fuentes independientes. En el caso del Holocausto, las cifras se establecen mediante:

  • Archivos nazis originales (RSHA, SS, informes de los Einsatzgruppen)
  • Registros ferroviarios de deportación
  • Censos poblacionales pre y post Segunda Guerra Mundial
  • Testimonios judiciales (Juicios de Núremberg, juicio a Eichmann)
  • Excavaciones forenses
  • Registros administrativos de campos de exterminio

El historiador Raul Hilberg, considerado el mayor especialista en el Holocausto, dedicó más de cuarenta años a cruzar sistemáticamente estas fuentes en su obra The Destruction of the European Jews. Sus conclusiones coinciden con las de instituciones independientes como Yad Vashem y el United States Holocaust Memorial Museum.

No existe una sola fuente ni un solo cálculo: existen cientos de fuentes distintas que convergen en el mismo resultado demográfico.

 

  1. El número nunca fue “cerrado” ni fijo

Uno de los argumentos implícitos del “escrutinio numérico” es la idea de una cifra rígida, dogmática e intocable. Esa idea es falsa.

El consenso historiográfico nunca afirmó una cifra exacta e inmutable, sino un rango demográfico consistente, generalmente situado entre 5,6 y 6,3 millones de judíos asesinados. Este rango se ha ido afinando con el tiempo, especialmente tras la apertura de archivos soviéticos, alemanes y de Europa del Este después de 1989.

Lejos de debilitar el consenso, este proceso demuestra exactamente lo contrario de lo que alegan los negacionistas:
que la historiografía del Holocausto ha sido crítica, dinámica y autocorrectiva desde su origen.

Sí hubo revisión.
Sí hubo debate.
Y aun así, el rango converge.

  1. El consenso historiográfico

En historia, el consenso no es un dogma político, sino el resultado de evidencia acumulada. El rango de víctimas del Holocausto es aceptado por especialistas de distintas corrientes y países, entre ellos:

  • Yehuda Bauer
  • Saul Friedländer
  • Christopher Browning
  • Timothy Snyder

Incluso historiadores alemanes de posguerra, con acceso directo a archivos del Tercer Reich y sin incentivos ideológicos para exagerar cifras, confirman estos resultados.

Cuestionar el número sin aportar nuevas fuentes primarias, nuevos documentos o nuevas metodologías no es investigación: es especulación.

  1. La tradición negacionista del “solo cuestiono cifras”

La táctica empleada por Miklos no es novedosa. Ya fue utilizada por Paul Rassinier y posteriormente por Robert Faurisson, quienes evitaban negar el Holocausto en bloque para concentrarse en cifras, tecnicismos y supuestas “dudas razonables”.

El objetivo era claro: erosionar el carácter genocida del crimen sin asumir el costo moral y social del negacionismo explícito. Pierre Vidal-Naquet identificó esta estrategia en los años ochenta como una forma sofisticada de negación: no negar el hecho, sino vaciarlo de significado.

Miklos, por tanto, no inaugura un nuevo debate académico; recicla un patrón conocido.

  1. Revisión académica vs. duda performativa

Este es quizá el punto más importante para el lector no especializado.

En historia, revisar implica aportar nuevas fuentes primarias o aplicar nuevas metodologías a fuentes ya conocidas. “Cuestionar” sin hacer ninguna de las dos cosas no es revisión académica, sino actuación retórica.

La duda que no está orientada a producir conocimiento, sino a sembrar sospecha, deja de ser crítica y se convierte en propaganda. Invocar la “libertad académica” para justificar la ausencia de método es una distorsión del concepto mismo de academia.

  1. Genocidio no es “mortalidad de guerra”

Comparar el número de judíos asesinados con alemanes, franceses o británicos muertos en combate constituye un error categorial grave:

  • Los soldados mueren en combate.
  • Los judíos fueron exterminados por su identidad.
  • Auschwitz no fue una batalla: fue una instalación industrial de asesinato masivo.

Confundir estas categorías no es un acto de análisis histórico, sino de banalización.

Conclusión

El debate sobre el número de víctimas del Holocausto no está cerrado por corrección política, sino por saturación probatoria. Reabrirlo sin evidencia nueva no amplía el conocimiento histórico: lo degrada.

Cuestionar sin aportar no es escepticismo.
Es negación con lenguaje académico.

La duda honesta busca respuestas.
La duda selectiva busca grietas.

En el caso del Holocausto, esas grietas ya no existen en los archivos: solo en la intención de quien las busca.

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