“Sin salud no hay desarrollo real y sin ciencia no existe un porvenir competitivo”, afirma candidato al Senado por Lima
Por: Ricardo Sánchez Serra
La salud pública es uno de los espejos más claros de la situación real del Perú. Allí se cruzan la calidad del Estado, la capacidad de gestión, el valor de la ciencia, la desigualdad territorial y la forma en que una nación decide cuidar o abandonar a su gente.
En un momento en que el país exige orden, seriedad y propuestas con sustento, el hoy congresista de la República, Ernesto Bustamante -graduado en la Universidad Cayetano Heredia y con un doctorado en bioquímica y biología molecular por la escuela de medicina de la Universidad Johns Hopkins- es candidato al Senado por Lima con el número tres de Fuerza Popular.
Bustamante es un científico con años de experiencia en investigación académica en universidades del Perú y EE. UU, que ha trabajado años en laboratorios del sector privado y ha dirigido entidades como el Instituto Nacional de Salud, es un referente en temas sanitarios y plantea una visión firme sobre la crisis del sistema, el papel de la innovación y la urgencia de reconstruir la capacidad nacional con visión de futuro.
Durante la pandemia, Bustamante fue quizá el primero en advertir a las autoridades de entonces que las pruebas serológicas rápidas no debían usarse para diagnosticar presencia del virus de Covid-19 y en señalar la falta de idoneidad -en ausencia de estudios Fase-3 de las vacunas chinas.
SALUD COMO ESPEJO DEL ESTADO
Bustamante advierte que hemos normalizado un sistema que llega tarde, atiende mal y responde de manera fragmentada. El problema no es solo la falta de recursos, sino la ausencia de continuidad y de una verdadera lógica de Estado.
“Hoy un paciente puede pasar de una posta a un hospital, de un subsistema a otro, y sentir que empieza de cero cada vez. Eso no es un sistema; eso es desorden. Y cuando el desorden entra en la salud, los que pagan el precio son los ciudadanos y sus familias”, afirma con firmeza.
El principal problema es que tenemos un sistema fragmentado y reactivo. Fragmentado porque MINSA, EsSalud, sanidades y otros componentes funcionan muchas veces como piezas separadas, sin suficiente articulación ni continuidad para el paciente. Y reactivo porque seguimos llegando tarde a demasiados problemas que debimos prevenir antes. Esa combinación de fragmentación y reacción tardía genera más sufrimiento, más costo y menos confianza.
Bustamante sostiene que no basta con gastar más si se sigue gestionando mal. “La discusión de fondo no debe ser solo cuánto ponemos, sino cómo lo usamos, dónde intervenimos primero y qué resultados exigimos. En salud, gastar mejor puede ser tan importante como gastar más”, explica.
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PREVENCIÓN Y CONFIANZA
Su propuesta se sostiene sobre tres pilares: prevención real, atención primaria sólida y articulación del sistema. Prevenir significa vacunar, tamizar, educar, orientar mejor la nutrición, promover actividad física y detectar riesgos antes de que la enfermedad se agrave. Esto es, chequeos preventivos regulares. La atención primaria debe fortalecerse para que los hospitales no sigan sobrecargados, y la articulación es indispensable para que el paciente no quede atrapado entre trámites y rutas rotas. “Un Estado inteligente no llega a apagar incendios; llega antes”, enfatiza.
La falta de visión se paga caro en tres frentes: en las enfermedades crónicas y el cáncer, donde seguimos llegando tarde; en la desigualdad territorial, que define el acceso a diagnóstico y tratamiento; y en el agotamiento de las familias, que terminan cubriendo -aunque no siempre bien o completamente- lo que el sistema no resuelve.
CIENCIA, INNOVACIÓN Y LIDERAZGO
Bustamante insiste en que la ciencia y la tecnología no son adornos ni discursos, sino herramientas concretas para diagnosticar mejor, tratar con eficacia y anticipar riesgos. La tecnología bien usada permite integrar historias clínicas y hacerlas interoperables, aplicar la telemedicina para apoyar el segundo nivel de atención, mejorar diagnósticos y reducir tiempos de respuesta. “Un país serio no puede depender siempre de la improvisación ni vivir de espaldas al conocimiento”, sostiene.
“Si queremos que los jóvenes tengan un país con futuro, necesitamos invertir en talento, investigación y capacidad nacional. Postergar eso es postergar el desarrollo”, advierte.
Bustamante subraya que el Senado es cosa seria y que Fuerza Popular tiene experiencia, conocimiento y orden. “El paciente no necesita un Estado que prometa; necesita un Estado que funcione. Y para que funcione hay que dejar atrás la dispersión, la burocracia sin impacto y la administración de la urgencia permanente. Recuperar rumbo implica reconstruir capacidad. Esa es la gran tarea”, sostiene.
El liderazgo que necesita el Perú, según Bustamante, debe tener conocimiento, convicción y sentido de Estado. No basta con buena voluntad ni con frases efectistas. El país necesita autoridades que entiendan la complejidad de los problemas, que sepan priorizar y que tengan el carácter para sostener decisiones difíciles pero necesarias. “En salud, en ciencia, en tecnología y en desarrollo, lo que se requiere es firmeza con inteligencia. Ya hemos probado demasiado tiempo la improvisación. Es momento de que el país recupere rumbo, autoridad y seriedad”, afirma.
El costo de seguir improvisando en salud es enorme y se paga todos los días: en pacientes que llegan tarde, en cánceres detectados cuando ya avanzaron demasiado, en enfermedades crónicas mal controladas, en familias desgastadas y en recursos públicos que terminan gastándose peor y más tarde. Pero también se paga en confianza. “Cuando la gente siente que el sistema no responde, deja de creer en el Estado. Y cuando el Estado pierde credibilidad en algo tan básico como la salud, lo que se erosiona es la legitimidad misma de la vida pública”, advierte.
Bustamante enfatiza que la prevención no debe entenderse como campaña esporádica ni como consejo moral, sino como una decisión pública permanente. Prevenir significa vacunar, tamizar, educar, orientar mejor la nutrición, promover actividad física, detectar riesgos y fortalecer el primer nivel de atención. Significa también dejar de mirar la salud solo cuando la enfermedad ya explotó. “En prevención, un Estado inteligente no llega a apagar incendios; llega antes. Esa es la gran diferencia entre un sistema reactivo y un sistema serio”, explica.
ORDEN, CIENCIA Y SALUD
El mensaje final es contundente: el Perú no puede resignarse al deterioro ni aceptar como normal un sistema que llega tarde, una política que posterga la ciencia y un Estado que abandona a las familias en los momentos más difíciles. “Sin salud no hay desarrollo real. Sin ciencia no hay porvenir competitivo. Y sin orden no hay sistema público que responda como la gente merece. Ha llegado el momento de recuperar capacidad nacional y de volver a poner a la salud, al conocimiento y a la responsabilidad pública en el centro del proyecto país”.



