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    “El Rinconcito de Jhonny” no tiene rival en ceviches, sudados y potajes criollos

    Supo, con creatividad lidiar con la cuarentena, para seguir ofreciendo su arte culinario en sus locales de Naranjal y Carabayllo

    La fama del Restaurante y Cevichería “El Rinconcito de Johnny”, que conduce el cheff casmeño Johnny Espinoza Pajuelo, en Los Taladros 226, a escasa distancia de la Estación Naranjal del Metropolitano, en la Cincuenta, Los Olivos, ha calado hondo en los paladares de los exigentes limeños, por sus solicitados platos de tacu tacu, ceviche, sudados, ofrecidos diariamente, por supuesto con la observancia de las medidas de prevención por la cuarentena.

    Los fines de semana, sábado y domingo, mientras dure la cuarentena, traslada su cocina a su segundo restaurante abierto en su propia vivienda, localizada la calle Casuarinas, lote 32, a la altura del km. 22 de la Avenida Túpac Amaru, en Carabayllo, a una cuadra del paradero de la empresa de buses Santa Cruz.

    Lógicamente, para convertirlo en un ambiente adecuado, hizo una remodelación que incluyó nuevos segundo y tercer piso con salones de atención, donde ofrece a su fidelísima clientela: chancho a la caja china con carapulcra, tallarín chinchano, costillar dorado, pato en ají, trucha frita y ceviche de pato, entre otros atractivos potajes.

    MÁS PLATOS

    En los últimos tiempos ha añadido a su carta diaria nuevos solicitados platos, como causa de camote con pulpa de cangrejo más ceviche de mariscos, cabrilla marinera en la forma de pescado frito con salsa de mariscos encimada de conchas de abanico, caracol, calamar, pulpo, langostinos, lapa y machas.

    “Jhonny”, hoy de 30 años, lleva el arte culinario en la sangre pues pertenece a una familia cultora de esta especialidad conformada por además 17 primos suyos dedicados a la cocina. La mayoría, refiere, tiene su propio negocio o trabajan en algún restaurante, y uno de sus primos está enrolado en su negocio.

    Confiesa que un factor fundamental del crecimiento de su emprendimiento, es su esposa Marycruz Ramos, con quién tiene su vástago, de nombre Antonio, de 9 años y proyecta formalizar su relación conyugal y casarse pronto, por civil y religioso.

    TUVO QUE CERRAR

    Su meta personal y familiar es abrir un restaurante campestre que tenga piscina, juegos para niños y donde haya música en vivo. “Quizá lo ponga en Casma, en Chimbote o Nuevo Chimbote, algún día más pronto que después lo abriré, mientras tanto seguiré esforzando para hacer realidad ese sueño”, dice.

    Jhonny ha debido bregar duro para concretar sus sueños de cheff criollo y abrir sus restaurantes, sin imaginar que en el camino tendría que sufrir como la mayoría de peruanos, una inclemente epidemia, a la que felizmente enfrenta con creatividad.

    Inicialmente tuvo que cerrar varios meses, aplicar la suspensión perfecta laboral, y gracias a su sistema de compras al mayor, decidió con su esposa solidarizarse con la población angustiada

    “Cómo nosotros compramos la mayoría de insumos al por mayor, con mi señora decidimos hacer canastas con productos alimenticios básicos y se la regalábamos a los muchachos para que sus familias puedan enfrentar sus déficit de alimentos!”, acotó.

    El cierre forzado de su negocio pudo haberse prolongado en el tiempo y nunca reabrir, pero afortunadamente el dueño del inmueble comprendió la situación y llegaron a un acuerdo que le ayudó a amortiguar su situación”.

    CREATIVIDAD

    En vista de que se trataba de una pandemia que se prolongaría en el tiempo, “Johnny”  se las tuvo que ingeniar para complacer a sus clientes. Como la mayoría tiene su número de celular y él guardaba el de ellos, les ofreció por WhatsApp sus platos que iba a preparar y los invitaba a hacer sus pedidos con anticipación y yo mismo cocinaba y me encargaba de llevarles su comida.

    Felizmente, lo confiesa, ha conseguido rodearse en esta emergencia de Un equipo mínimo dinámico. “En la cocina somos cuatro. Uno de encarga del lavado de los utensilios, uno a la comida fría, otro a la caliente y otro para adornar los platos. Dos atienden y una chica se encarga de hacer el delivery”, narra complacido.

    Al despedirnos de Johnny, tiene palabras de agradecimiento para  sus padres Máximo Espinoza Caballero y Gloria Pajuelo Sánchez, porque gracias a sus invalorables alientos él ha podido salir adelante. Ellos, dicen, siguen viviendo allá en el norte, junto a sus hermanas Ely y Diana.

     

    Supo, con creatividad lidiar con la cuarentena, para seguir ofreciendo su arte culinario en sus locales de Naranjal y Carabayllo

    La fama del Restaurante y Cevichería “El Rinconcito de Johnny”, que conduce el cheff casmeño Johnny Espinoza Pajuelo, en Los Taladros 226, a escasa distancia de la Estación Naranjal del Metropolitano, en la Cincuenta, Los Olivos, ha calado hondo en los paladares de los exigentes limeños, por sus solicitados platos de tacu tacu, ceviche, sudados, ofrecidos diariamente, por supuesto con la observancia de las medidas de prevención por la cuarentena.

    Los fines de semana, sábado y domingo, mientras dure la cuarentena, traslada su cocina a su segundo restaurante abierto en su propia vivienda, localizada la calle Casuarinas, lote 32, a la altura del km. 22 de la Avenida Túpac Amaru, en Carabayllo, a una cuadra del paradero de la empresa de buses Santa Cruz.

    Lógicamente, para convertirlo en un ambiente adecuado, hizo una remodelación que incluyó nuevos segundo y tercer piso con salones de atención, donde ofrece a su fidelísima clientela: chancho a la caja china con carapulcra, tallarín chinchano, costillar dorado, pato en ají, trucha frita y ceviche de pato, entre otros atractivos potajes.

    MÁS PLATOS

    En los últimos tiempos ha añadido a su carta diaria nuevos solicitados platos, como causa de camote con pulpa de cangrejo más ceviche de mariscos, cabrilla marinera en la forma de pescado frito con salsa de mariscos encimada de conchas de abanico, caracol, calamar, pulpo, langostinos, lapa y machas.

    “Jhonny”, hoy de 30 años, lleva el arte culinario en la sangre pues pertenece a una familia cultora de esta especialidad conformada por además 17 primos suyos dedicados a la cocina. La mayoría, refiere, tiene su propio negocio o trabajan en algún restaurante, y uno de sus primos está enrolado en su negocio.

    Confiesa que un factor fundamental del crecimiento de su emprendimiento, es su esposa Marycruz Ramos, con quién tiene su vástago, de nombre Antonio, de 9 años y proyecta formalizar su relación conyugal y casarse pronto, por civil y religioso.

    TUVO QUE CERRAR

    Su meta personal y familiar es abrir un restaurante campestre que tenga piscina, juegos para niños y donde haya música en vivo. “Quizá lo ponga en Casma, en Chimbote o Nuevo Chimbote, algún día más pronto que después lo abriré, mientras tanto seguiré esforzando para hacer realidad ese sueño”, dice.

    Jhonny ha debido bregar duro para concretar sus sueños de cheff criollo y abrir sus restaurantes, sin imaginar que en el camino tendría que sufrir como la mayoría de peruanos, una inclemente epidemia, a la que felizmente enfrenta con creatividad.

    Inicialmente tuvo que cerrar varios meses, aplicar la suspensión perfecta laboral, y gracias a su sistema de compras al mayor, decidió con su esposa solidarizarse con la población angustiada

    “Cómo nosotros compramos la mayoría de insumos al por mayor, con mi señora decidimos hacer canastas con productos alimenticios básicos y se la regalábamos a los muchachos para que sus familias puedan enfrentar sus déficit de alimentos!”, acotó.

    El cierre forzado de su negocio pudo haberse prolongado en el tiempo y nunca reabrir, pero afortunadamente el dueño del inmueble comprendió la situación y llegaron a un acuerdo que le ayudó a amortiguar su situación”.

    CREATIVIDAD

    En vista de que se trataba de una pandemia que se prolongaría en el tiempo, “Johnny”  se las tuvo que ingeniar para complacer a sus clientes. Como la mayoría tiene su número de celular y él guardaba el de ellos, les ofreció por WhatsApp sus platos que iba a preparar y los invitaba a hacer sus pedidos con anticipación y yo mismo cocinaba y me encargaba de llevarles su comida.

    Felizmente, lo confiesa, ha conseguido rodearse en esta emergencia de Un equipo mínimo dinámico. “En la cocina somos cuatro. Uno de encarga del lavado de los utensilios, uno a la comida fría, otro a la caliente y otro para adornar los platos. Dos atienden y una chica se encarga de hacer el delivery”, narra complacido.

    Al despedirnos de Johnny, tiene palabras de agradecimiento para  sus padres Máximo Espinoza Caballero y Gloria Pajuelo Sánchez, porque gracias a sus invalorables alientos él ha podido salir adelante. Ellos, dicen, siguen viviendo allá en el norte, junto a sus hermanas Ely y Diana.

     

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