El sentido de la realidad presidencial

por | Jul 30, 2021 | Opinión

Por:Jorge B. Hugo Álvarez

Cuando se tiene la llave de la casa y no de la bóveda, prontamente, tienes que negociar para de esa manera no te puedan aniquilar políticamente. Pues, existiendo expertos en generar crisis artificiales de gran utilidad, lo razonable es no esperar que generen un clima de pánico bajo un panorama alarmante de violencia, caos e inseguridad.

Entonces, el atajo a estas acciones protervas es ceder un poco para avanzar y consolidar una economía social de mercado con un fuerte sistema de protección social, manteniendo ciertas industrias claves bajo control público.

Hasta aquí la revolución de los valores es vital, porque como bien sostenía Althusser, en la lucha política, ideológica y filosófica, las palabras también son armas explosivas, calmantes y venenosas. Pues, el lenguaje político es la herramienta más efectiva para liberar o manipular las mentes del pueblo.

Pues, cuando se corrompe el lenguaje se corrompe el pensamiento. Presente está, el favoritismo económico y político institucionalizado como resultado de la corrupción y, hacia ella debe apuntarse. No debemos olvidar que un rasgo esencial de una mentalidad fascista ha sido siempre el culpar de todos los males a los socialistas.

El presidente Pedro Castillo gobernará un país fracturado, dividido, con ideas e instituciones poca sólidas frente a una clase empresarial, militar y política intolerante, de claro tufillo fascista que consideraran al nuevo gobierno una auténtica gárgola con sombrero de paja al que esperan tumbarse prontamente.

Pues, no resulta del todo razonable que el Gobierno se desprenda de una bancada propia en el Parlamento Nacional.  Esta idea puede no gustarles a todos, pero es una cuestión de vida o muerte para el régimen. No es viable un Gobierno sin bancada propia porque carente de apoyo se convierte en un títere del poder fáctico.

A partir de esta realidad el Poder Ejecutivo debe ampliar una base de respaldo lo más amplio posible. Eso implica determinados entendimientos con otras colectividades políticas en aras de la gobernabilidad.  Pues, no somos un pueblo suficientemente culto y amante de la democracia a semejanza de la vieja Europa.

La experiencia de pueblos que por hartazgo buscaban liberarse del sistema salvaje que los excluía del acceso a la riqueza, generalmente, encumbraban a líderes radicales que impulsaban transformaciones estructurales de abierto desafío a un sistema altamente injusto y corrupto, pero se ubicaban más imbuidos en sus propios discursos y en sus luchas internas por el poder, que mostrarse capaces de prestar la debida atención al mundo existente más allá de sus fronteras.

Por extraño que podría parecer, ocurre que con el poder político podréis tener la llave de casa en manos, pero no tener de la bóveda, es poco lo que se puede hacer. Entonces, la revolución pregonada se torna mediatizada o involuciona a un estado distinto a lo prometido en campaña electoral. En Perú ocurrió con Ollanta Humala, en otras partes del mundo, con Mandela, Gorbachov, etc. El pueblo que sufre de esta verdad se desencanta y acceden tragarse la amarga desilusión.

(*) Abogado penalista y analista político.