26 de marzo de 2026

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El tabaco: una amenaza silenciosa que daña desde el primer cigarro

Tabaco cigarro

El tabaquismo sigue siendo uno de los principales problemas de salud pública en el mundo. A pesar de las campañas de prevención, la aparición de nuevos productos como los cigarrillos electrónicos y la falsa percepción de que fumar es “menos dañino” de lo que realmente es, millones de personas continúan expuestas a una sustancia que no solo afecta los pulmones, sino también el corazón, la boca, la vejiga y, en general, la calidad de vida.

“El tabaquismo es una enfermedad crónica y adictiva que comienza a dañar desde el primer cigarro”, advierte el neumólogo Jorge de los Ríos, en el programa Tu salud en Cayetano, transmitido en cayetano.plus y conducido por el doctor Leslie Soto.

Más de 7,000 sustancias tóxicas en cada bocanada

Cada vez que alguien enciende un cigarro, introduce en su organismo más de 7,000 sustancias químicas, de las cuales 70 son cancerígenas. La nicotina genera adicción, mientras que los radicales libres y aldehídos provocan inflamación y daño en las vías respiratorias.

“Desde los primeros minutos de exposición al humo, incluso en personas sanas, ya se observa un aumento en la concentración de radicales libres en la mucosa bronquial. El 90% de la nicotina se absorbe a nivel pulmonar”, explica el doctor De los Ríos.

Ese efecto inmediato se traduce en un mayor riesgo de infecciones respiratorias, bronquitis aguda y, a largo plazo, enfermedades más graves como el enfisema, la bronquitis crónica, asma exacerbada y, en el peor escenario, el cáncer de pulmón o de tráquea.

El daño comienza temprano

Un error frecuente es creer que los efectos aparecen solo después de muchos años de fumar. El especialista es tajante: “El EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica) se inicia desde el primer cigarro que consume la persona susceptible”.

Esto significa que quienes tienen una predisposición genética o un sistema respiratorio más vulnerable comienzan a sufrir daño desde muy jóvenes, aunque no fumen de manera intensa.

Fumadores pasivos: víctimas invisibles

El impacto no recae únicamente en los fumadores. Los fumadores pasivos, es decir, quienes respiran el humo del tabaco ajeno, también enfrentan riesgos serios. En personas mayores, por ejemplo, la exposición prolongada se asocia claramente al cáncer de pulmón.

“Un paciente puede no fumar, pero convivir con alguien que lo hace. Eso también incrementa el riesgo de cáncer, infecciones respiratorias y enfermedades cardiovasculares”, subraya el neumólogo.

Vapeadores: ¿una alternativa segura?

En los últimos años, los cigarrillos electrónicos o vapeadores se han popularizado, especialmente entre adolescentes y jóvenes. Se promocionan como una opción “menos dañina” o incluso como un puente para dejar el tabaco.

Sin embargo, la evidencia médica muestra lo contrario. “Las concentraciones de nicotina en los vapeadores varían desde cero hasta más del 90%. Incluso los que no llevan nicotina producen un aumento de radicales libres en las vías aéreas. Eso genera inflamación y daño”, señala De los Ríos .

Los casos de neumonitis graves en Estados Unidos, algunas asociadas a líquidos con marihuana y otras no, demostraron que los vapeadores no son inocuos. “No es lo mismo que el cigarro de combustión, pero tampoco equivale a no fumar. Hay un efecto inflamatorio claro”, agrega.

Además, “la industria tabacalera ha empezado a ofrecer dispositivos con hasta 15,000 inhalaciones, lo que incrementa la dependencia y la exposición a sustancias nocivas”, advierte el especialista.

Un problema de salud pública

Dejar de fumar es difícil porque el tabaco genera una fuerte dependencia física y psicológica. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el tabaquismo mata a más de 8 millones de personas cada año en el mundo, de las cuales alrededor de 1.3 millones son fumadores pasivos.

En el Perú, aunque las tasas de consumo son menores que en países vecinos como Argentina, Chile o Brasil, preocupa el aumento del uso de cigarrillos electrónicos en adolescentes y mujeres jóvenes, según estudios de Cedro.

¿Qué pasa cuando alguien deja de fumar?

La buena noticia es que el cuerpo tiene una enorme capacidad de recuperación. El especialista explica que la mejoría comienza de inmediato:

  • A los 20 minutos: la frecuencia cardíaca y la presión arterial bajan.
  • A las 2 semanas: los niveles de monóxido de carbono en la sangre regresan a valores normales.
  • A 1 año: el riesgo de enfermedad coronaria se reduce a la mitad.
  • A los 10 años: el riesgo de cáncer de pulmón disminuye en un 50%.
  • A los 15 años: el riesgo cardiovascular se asemeja al de alguien que nunca fumó.

“Estos datos son muy importantes porque muchos exfumadores creen que, al dejar el tabaco hace 20 o 30 años, ya no tienen riesgo de cáncer de pulmón. Y no es así: el riesgo disminuye, pero nunca llega a igualarse al de una persona que jamás fumó”, señala el neumólogo.

Dejar el tabaco: una batalla posible

Las terapias para dejar de fumar han mejorado con los años, pero su efectividad no es absoluta. “Las mejores alcanzan un 30% a 35% de éxito al año. Antes apenas llegaban al 15 o 20%”, señala el neumólogo.

El apoyo no debe ser solo farmacológico: “Es crucial la intervención psicológica, psiquiátrica, el soporte familiar y la educación. Muchas personas logran dejar de fumar después de un evento impactante en su vida, como la enfermedad de un ser querido”.

Más allá de los pulmones

El daño del tabaco no se limita al aparato respiratorio. Fumar aumenta el riesgo de:

Enfermedades cardiovasculares.

Cáncer de boca, lengua, esófago y vejiga.

Impotencia sexual.

Mal aliento, caries y problemas dentales.

Mayor predisposición a infecciones y neumonías.

“Al final, no se trata solo de vivir más años, sino de vivir mejor. El tabaco quita calidad de vida”, sentencia De los Ríos.

El mensaje final

El especialista es claro: “no hay consumo seguro de tabaco ni de cigarrillos electrónicos. Fumar menos no significa estar libre de riesgo. Cada cigarro deja huella en el organismo. No fumen. Hay pérdida de calidad de vida y pérdida de años de vida también. El impacto no solo es respiratorio, también es cardiovascular, digestivo, urológico y hasta dental. Y los vapeadores no son la solución”.

El dato

Los cigarrillos contienen más de 7,000 sustancias químicas, de las cuales al menos 70 son cancerígenas comprobadas. Entre las más tóxicas y peligrosas destacan:

  • Nicotina: no es cancerígena, pero genera adicción.
  • Monóxido de carbono: gas venenoso que impide que transporte oxígeno en la sangre .
  • Alquitrán: mezcla pegajosa con múltiples carcinógenos.
  • Formaldehído: irrita vías respiratorias y es cancerígeno.
  • Benceno: asociado a leucemias.
  • Cianuro de hidrógeno: afecta la respiración celular.
  • Amoníaco: potencia la absorción de nicotina.
  • Metales pesados (arsénico, cadmio, plomo, níquel): tóxicos y cancerígenos.
  • Acetona: daña tejidos.
  • Polonio-210: elemento radiactivo que se acumula en los pulmones.

En resumen, el cigarro no solo es nicotina, sino un cóctel de venenos que dañan casi todos los órganos del cuerpo.

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