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    El voto “cero” y los límites del hartazgo social

    A pocos días de una elección general de connotación atípica existe un ganador absoluto: Los votos en blanco y los votos viciados. El alto porcentaje del voto cero refleja el límite del hartazgo ciudadano. Pues, el cero hacia la izquierda carece de valor, el cero hacia la derecha, una sumatoria de muchos otros masculinos.

    Por eso, el Ejecutivo consciente de esta incertidumbre, aparentemente, juega a que ninguno de los candidatos logre el porcentaje requerido para pasar a una segunda vuelta. Por tanto, nula la elección, mayor tiempo en el poder, luego convocar nuevas elecciones. Todo puede suceder en el mundo de las incertidumbres. Pues, ninguno supera el 9% de la intención de voto ciudadano. Entonces, cualquier cosa podría suceder, tal vez con la cola de rabia contenida. Así, quienes tengan el valor de recomenzar la reflexión y / o racionalidad del hartazgo ciudadano contra los partidos políticos, entenderán que todo debería cambiar, por la razón o por la fuerza.

    Entonces, habremos contribuido en botar por la voluntad popular expresada en las urnas, aquella bazofia humana envilecida por la corrupción. Es tan populacho estúpido, aquel que vota por el mismo sistema de ideas que condujeron a nuestra Nación en un espacio abierto de corruptos, coimeros, traferos, informales, mentecatos y mentirosos.

    Tanto o más como permitir que un ricacho estúpido mande y guíe una Nación. Es menester denudarlos en sus miserias humanas. Lo sutil de este acierto se refleja en nuestras meditaciones sobre el particular.

    El voto ciudadano no puede ser una desgraciada aventura en la medida que el voto cero puede generar inestabilidad mayor. La vida, al lado de la extraordinaria maldad del Covid-19 y sus variantes resultan fatal, tanto o más, como vivir dentro del mismo modelo económico y sus variantes arduamente agotados.

    Es necesaria una revolución industrial, diversificando la producción con mayor valor agregado, tecnología e innovación y una educación que fomente habilidades y destrezas. Por eso, os invocamos no pervertir la innata bondad del pueblo peruano, poco informado en política para engatusarlos vilmente.

    ¿Cuál debe ser la naturaleza de un Gobierno adecuado que expresa la voluntad popular? Pues, aquella que opta por la industria manufacturera nacional, la revolución industrial para generar puestos de trabajo dignos, las condiciones para un pueblo más culto, más prudente, industrioso y creativo.

    Que siendo la desigualdad casi nula en un estado de naturaleza, se torna agriamente desigual en una sociedad injusta. Los pocos que se enriquecen y los muchos que se empobrecen, nos deben hacer meditar sobre estos estados de cosas y no guardar culpas ajenas en nuestras conciencias tan frágiles para nuestra memoria colectiva.

    Ser pobre no es culpa del rico, tampoco ser rico es culpa del pobre. Lo es, cuando el rico se enriquece a costa del Estado, a costa de un sistema de corrupción ya costa de la desesperación del pueblo que pone en entredicho la efectividad de un modelo económico que a todas las luces, ha fracasado.

    (*) Abogado penalista y analista político.

    (*) La Dirección no se hace responsable por los artículos firmados.

    A pocos días de una elección general de connotación atípica existe un ganador absoluto: Los votos en blanco y los votos viciados. El alto porcentaje del voto cero refleja el límite del hartazgo ciudadano. Pues, el cero hacia la izquierda carece de valor, el cero hacia la derecha, una sumatoria de muchos otros masculinos.

    Por eso, el Ejecutivo consciente de esta incertidumbre, aparentemente, juega a que ninguno de los candidatos logre el porcentaje requerido para pasar a una segunda vuelta. Por tanto, nula la elección, mayor tiempo en el poder, luego convocar nuevas elecciones. Todo puede suceder en el mundo de las incertidumbres. Pues, ninguno supera el 9% de la intención de voto ciudadano. Entonces, cualquier cosa podría suceder, tal vez con la cola de rabia contenida. Así, quienes tengan el valor de recomenzar la reflexión y / o racionalidad del hartazgo ciudadano contra los partidos políticos, entenderán que todo debería cambiar, por la razón o por la fuerza.

    Entonces, habremos contribuido en botar por la voluntad popular expresada en las urnas, aquella bazofia humana envilecida por la corrupción. Es tan populacho estúpido, aquel que vota por el mismo sistema de ideas que condujeron a nuestra Nación en un espacio abierto de corruptos, coimeros, traferos, informales, mentecatos y mentirosos.

    Tanto o más como permitir que un ricacho estúpido mande y guíe una Nación. Es menester denudarlos en sus miserias humanas. Lo sutil de este acierto se refleja en nuestras meditaciones sobre el particular.

    El voto ciudadano no puede ser una desgraciada aventura en la medida que el voto cero puede generar inestabilidad mayor. La vida, al lado de la extraordinaria maldad del Covid-19 y sus variantes resultan fatal, tanto o más, como vivir dentro del mismo modelo económico y sus variantes arduamente agotados.

    Es necesaria una revolución industrial, diversificando la producción con mayor valor agregado, tecnología e innovación y una educación que fomente habilidades y destrezas. Por eso, os invocamos no pervertir la innata bondad del pueblo peruano, poco informado en política para engatusarlos vilmente.

    ¿Cuál debe ser la naturaleza de un Gobierno adecuado que expresa la voluntad popular? Pues, aquella que opta por la industria manufacturera nacional, la revolución industrial para generar puestos de trabajo dignos, las condiciones para un pueblo más culto, más prudente, industrioso y creativo.

    Que siendo la desigualdad casi nula en un estado de naturaleza, se torna agriamente desigual en una sociedad injusta. Los pocos que se enriquecen y los muchos que se empobrecen, nos deben hacer meditar sobre estos estados de cosas y no guardar culpas ajenas en nuestras conciencias tan frágiles para nuestra memoria colectiva.

    Ser pobre no es culpa del rico, tampoco ser rico es culpa del pobre. Lo es, cuando el rico se enriquece a costa del Estado, a costa de un sistema de corrupción ya costa de la desesperación del pueblo que pone en entredicho la efectividad de un modelo económico que a todas las luces, ha fracasado.

    (*) Abogado penalista y analista político.

    (*) La Dirección no se hace responsable por los artículos firmados.

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