6 de julio de 2026

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Enrique Ghersi: «La Reforma Agraria de Velasco destruyó de forma masiva el pulmón empresarial del país»

Jurista Enrique Ghersi analiza sus efectos a 57 años de desastrosa medida

 

VALERIA PONCE

 

Enrique Ghersi, abogado y especialista en análisis económico del derecho, sostiene que la Reforma Agraria de Velasco, promulgada el 24 de junio de 1969 mediante el Decreto Ley 17716, destruyó la agricultura de exportación, eliminó los ferrocarriles privados y sumió al país en una economía de subsistencia. A 57 años de aquella medida, sus efectos siguen vigentes.

 

– A 57 años de la reforma agraria de Velasco, ¿qué Perú tendríamos hoy si nunca la hubiera ejecutado?

Hoy estaríamos como Chile, que tiene un ingreso casi comparable al español. Chile ya no es un país subdesarrollado ni del tercer mundo. Seríamos más que Chile, probablemente, porque el Perú tiene más recursos y una posición en el centro de Sudamérica comercialmente muy importante. […] El Perú podría perfectamente haber alcanzado el nivel de Chile, que tiene un ingreso el doble del peruano. Sencillamente nos hemos quedado a la mitad de lo que podríamos ser.

 

– ¿Cuáles fueron los daños concretos que causó la reforma agraria al agro peruano?

La reforma agraria de Velasco llevó al Perú de regreso al siglo XIX. Nos hizo perder 100 años de historia. El Perú en la década del 60 era uno de los tres principales exportadores de azúcar y de algodón. Hoy la producción de algodón ha desaparecido casi por completo. La producción de caña de azúcar recién se recuperó a partir de los años 90. El daño que causó en la Costa fue inmenso. Todos los puertos del Norte del Perú tenían ferrocarriles privados construidos por las negociaciones agroindustriales de la Costa. […] Ninguno existe hoy. El Perú tenía más kilómetros de ferrocarriles que ningún país de América Latina. Todo se perdió. Fue la destrucción masiva del pulmón empresarial del país. […] En la Sierra desaparecieron las grandes haciendas, que fueron parceladas al punto de que hasta hoy el minifundio es el mayor problema de la agricultura serrana. La ganadería fue extinguida: había centenares de miles de cabezas de ganado vacuno y ovino. Todo desapareció con la creación de las denominadas Sociedades Agrarias de Interés Social SAIS, que destruyeron la agricultura y la ganadería nacional. Es un legado de tragedia y destrucción.

 

– Mientras el Perú estatizaba el agro, países vecinos como Chile, Colombia y Ecuador lo modernizaban. ¿Qué perdimos frente a ellos?

No solamente lo estatizó, lo destruyó. En Chile hubo también un proceso complejo de reforma agraria en tiempos de Allende, pero se recuperó muy rápidamente, convirtiéndose en uno de los principales productores de vino del mundo. La exportación de vino y fruta chilena ha sido un éxito, apoyada en técnicas de riego por goteo israelíes. […] En Ecuador no hubo reforma agraria relevante, y en los últimos 40 o 50 años se convirtió en uno de los principales productores de cacao, conquistando mercados que el Perú recién ha comenzado a trabajar. Los ecuatorianos nos sacaron cinco décadas de ventaja. En Colombia, tanto en caña de azúcar como en fruta y flores, la exportación es realmente importante: las flores colombianas se encuentran en las principales florerías del mundo.

 

– ¿A qué se debe entonces el actual éxito agroexportador del Perú?

Ha sido posible precisamente porque se terminó la reforma agraria. Con ella vigente, hubiera sido imposible. Es un proceso histórico que empieza cuando el gobierno de Fujimori inicia la privatización de los ingenios azucareros del Norte. Luego se da la Ley de Desarrollo Agrario y, paralelamente, vienen los grandes proyectos estatales de irrigación del Norte, particularmente Chavimochic y Olmos. Ahí viene el gran salto, porque la agricultura del Norte carece de agua. En paralelo, el desarrollo de la pampa de Ica fue muy importante, ahí comenzó la revolución del espárrago. A principios de los años 90 no había producción masiva de espárragos en el Perú. […] Le siguió el boom de la páprika, tampoco nadie había visto una páprika en el Perú, y posteriormente llegaron la granada, la pitahaya y todos los cultivos del Sur, entre Lima e Ica. Hoy somos primeros productores mundiales de arándanos y espárragos, segundos en palta y banano orgánico, terceros en uvas. El Perú ha logrado ser el segundo productor de páprika del mundo, después de Hungría. Eso es un mérito enorme de los empresarios y trabajadores peruanos que están en el campo.

 

– Los partidos de izquierda reivindican hasta hoy a Velasco. ¿Qué dice esto de la izquierda?

En primer lugar, que no son demócratas, porque Velasco era un dictador. La sola reivindicación de Velasco es la reivindicación de la represión, de la falta de libertad de expresión. Velasco deportaba a sus enemigos políticos; no había elecciones. Una izquierda que reivindica a Velasco reivindica la intolerancia y la dictadura. Económicamente, reivindica el fracaso. Cuando Velasco depuso al presidente Fernando Belaúnde, recibió un país próspero, con una agricultura líder en el mundo en al menos dos productos agroindustriales estratégicos, el algodón y el azúcar. Los militares le entregaron nuevamente el poder a Belaúnde en 1980 con una economía destruida, sin actividad agrícola, con monopolios estatales en todas las actividades, con una pesquería estatizada y con una agricultura de subsistencia. La gran revolución ha ocurrido en los últimos 40 años a partir del año 90 que implica una transformación completa en la economía peruana. […]  Yo era niño, pero lo recuerdo perfectamente, uno iba al mercado y no había nada, solamente lo que vendía el gobierno a través de empresas públicas. Ese modelo fracasado, colectivista, de economía planificada, es una aberración. Ver a una izquierda que reivindica un tirano como Velasco es pensar simplemente que esta gente quiere destruir el país. Están actuando con pura envidia y con una irracionalidad inaceptable.

 

– Con todos esos antecedentes ¿Qué pasaría si se aplicara nuevamente una reforma de ese tipo?

Retrocederíamos como Venezuela, probablemente 100 años, y habría hambrunas y racionamiento en el Perú. […]  Supone condenar al Perú a la carestía.

 

– ¿Qué lleva a la izquierda a seguir proponiendo estos modelos?

Básicamente es prejuicio ideológico, piensan que el socialismo es una alternativa y no quieren ver la realidad, dicen que el dato mata el relato, pero parece que no se han enterado de que el socialismo fracasó en el mundo. ¿Saben cuál es el país más capitalista del mundo hoy? China. Ya hace tiempo que China dejó de ser socialista. En Cuba no hay nada, los hermanos cubanos viven en la miseria y en la desesperación. Eso es lo que quieren para el Perú. Yo espero que los peruanos nos demos cuenta de quiénes están a favor y quiénes están en contra de su progreso.

 

– Desde el punto de vista legal, ¿qué debería hacer el gobierno para impulsar el desarrollo del agro?

La Ley de Desarrollo Agroindustrial es bastante buena; yo la generalizaría, no solo para el desarrollo agrícola sino para todo tipo de desarrollo económico. El Sur, por ejemplo, debería ser declarado zona franca por los próximos 50 años, particularmente el corredor minero y Puno. El pueblo puneño es un pueblo de empresarios, no de comunistas ni socialistas. Lo curioso es que son empresarios que votan por la izquierda, y eso se debe a que son víctimas de discriminación. […] Hay que dar una gran reforma legal para que el Sur se convierta en la región más próspera del país, con exoneración tributaria, aprovechando su habilidad empresarial y sus enormes recursos naturales. Hay que canalizar ese esfuerzo creativo de los peruanos para que el Sur, que hoy es el lugar más pobre del Perú, se convierta en el más rico. Y terminar, de una vez por todas, con la división Norte-Sur que se repite en todas las elecciones y que termina siendo un grave daño al país. Hay que unir al Perú en la riqueza y el desarrollo, no desunirlo en la pobreza y la corrupción.

 

– A 57 años de la reforma, ¿el Perú ha aprendido la lección o sigue en riesgo de repetir el mismo error?

Lo ha aprendido en parte. En el Norte del Perú el fenómeno social corresponde con el fenómeno económico, la gente tiene muy claro que el desarrollo y la prosperidad vienen de la estabilidad institucional y de la inversión privada en el agro. El resto del país no está disfrutando de los mismos beneficios, y por eso la lectura de los hechos no es la misma. […] La evaluación histórica del velasquismo tiene que ser reconocida como la evaluación de la tiranía y el fracaso económico. No es un modelo para nada.

 

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