28 de mayo de 2026

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Enrique Ghersi: “Roberto Sánchez pondría en riesgo el crecimiento económico e inversiones”

Enrique Ghesi: “Roberto Sánchez pondría en riesgo el crecimiento económico e inversiones”

No puede existir progreso humano sostenible sin desarrollo económico, señala jurista Enrique Ghersi

 

Por: José Maria Núñez

En medio del creciente debate político rumbo a la segunda vuelta presidencial, las denuncias contra Roberto Sánchez por irregularidades en el manejo de fondos partidarios han vuelto a colocar sobre la mesa la discusión sobre ética pública, transparencia y legitimidad política. Para el abogado y analista político Enrique Ghersi Silva, más allá de la dimensión judicial, existe un serio cuestionamiento moral respecto a que una persona investigada aspire a la Presidencia de la República. Además, sostiene que el proyecto político que representa Sánchez constituye una amenaza para la democracia, la estabilidad económica y las libertades ciudadanas.

 

— Roberto Sánchez enfrenta denuncias por presuntas irregularidades en el manejo de fondos partidarios. ¿Cree usted que una persona investigada puede aspirar legítimamente a la Presidencia del Perú?

Legítimamente, no. El problema es que legalmente no existe ninguna restricción que hoy le impida postular. Si Sánchez hubiera sido condenado aunque sea en primera instancia antes de la inscripción de su candidatura, entonces sí existiría un impedimento. Pero esa situación no se ha producido. Ahora bien, una cosa es la legalidad y otra muy distinta es la legitimidad moral. Desde el punto de vista ético, una persona acusada de haberse apropiado de fondos de su propio partido y de no rendir cuentas correctamente no puede pretender conducir el país. Un presidente necesita autoridad moral y confianza pública. Cuando existen dudas tan graves sobre el manejo del dinero de una organización política, claramente hay un problema de legitimidad.

 

— Roberto Sánchez sostiene que las acusaciones en su contra tienen motivaciones políticas. ¿Considera que ese argumento se ha vuelto recurrente entre los políticos investigados?

Absolutamente. Hoy parece que cualquier político investigado recurre automáticamente al discurso de la persecución política. Pero en este caso no estamos hablando de diferencias ideológicas ni de debates doctrinarios, sino de hechos concretos. ¿Qué tiene que ver la política con el hecho de que se hayan depositado aportes partidarios en cuentas personales? Eso no tiene ninguna explicación política. Es simplemente una argucia para victimizarse frente a la opinión pública y tratar de desacreditar las investigaciones. El problema es que este tipo de discursos terminan debilitando la confianza ciudadana en las instituciones.

 

— ¿Considera que el caso refleja únicamente responsabilidades individuales o evidencia una crisis más profunda en los partidos políticos del Perú?

Creo que el caso refleja ambas cosas. Por un lado, hay una responsabilidad personal evidente, pero también estamos frente a una crisis estructural de los partidos políticos peruanos. Muchas organizaciones se han convertido en plataformas personales, sin mecanismos internos de control ni transparencia. En el caso específico de Sánchez, además, vemos el perfil típico del político izquierdista formado en la burocracia estatal y alimentado por los recursos públicos. Él ha vivido siempre de la función pública. No representa al emprendedor, al productor o al trabajador independiente, sino a una visión estatista que termina generando resentimiento social y confrontación política.

 

— ¿Qué opinión le genera que un miembro de JP haya sido detenido por integrar una mafia de cobro de cupos en Gamarra?

Es un hecho gravísimo y muy alarmante. Durante años la izquierda peruana ha construido un discurso supuestamente moral contra la corrupción y contra lo que llamaban el “pacto mafioso”. Sin embargo, ahora vemos que personas vinculadas a esos sectores terminan involucradas precisamente en actividades criminales relacionadas con la extorsión. Y este no es un tema menor. La extorsión se ha convertido en uno de los principales dramas cotidianos del Perú. Miles de comerciantes, transportistas y pequeños empresarios viven amenazados por mafias que cobran cupos. Por eso resulta indignante descubrir que personas cercanas a sectores políticos que se presentaban como defensores del pueblo terminen vinculadas a este tipo de organizaciones.

 

— ¿Un proyecto comunista como el de Roberto Sánchez representa una amenaza para la democracia?

Totalmente. El comunismo, por definición histórica y doctrinaria, es incompatible con una democracia liberal. No cree realmente en el Estado de derecho ni en la separación de poderes. Se basa en la doctrina leninista del llamado “centralismo democrático”, que en realidad significa que el partido decide y todos obedecen. Basta observar lo ocurrido en países como Cuba, Nicaragua o Venezuela para entender cómo estos proyectos terminan destruyendo las instituciones democráticas y restringiendo libertades fundamentales. Por eso creo que existe un enorme riesgo si un proyecto de esa naturaleza llegara al poder en el Perú.

 

— ¿Considera que Roberto Sánchez sería incluso más peligroso que Pedro Castillo?

Yehude Simón dijo alguna vez que Sánchez era peor que Judas, porque Judas por lo menos se arrepintió. Creo que esa frase resume bastante bien la percepción que muchas personas tienen sobre él. Castillo demostró improvisación e incapacidad, pero detrás de Sánchez existe un proyecto ideológico mucho más estructurado y radical. Ese es precisamente el peligro.

 

— De llegar a la Presidencia, ¿cree que Sánchez pondría en riesgo el crecimiento económico y las inversiones?

Sí, sin ninguna duda. Él mismo ha anunciado reiteradamente que pretende revertir el modelo económico que permitió el crecimiento del país durante décadas. Lo preocupante es que utiliza un discurso demagógico para justificarlo. Dice que no quiere crecimiento económico sino “progreso humano”, como si ambas cosas fueran incompatibles. Eso es falso. No puede existir progreso humano sostenible sin crecimiento económico. Gracias al crecimiento, millones de peruanos salieron de la pobreza, accedieron a educación, salud y mejores oportunidades. Destruir las bases de la economía de mercado significaría ahuyentar inversiones, generar desempleo y profundizar la crisis social.

 

— Si las investigaciones avanzan hacia un juicio oral, ¿cree que Sánchez debería apartarse de cualquier aspiración presidencial?

Una persona con sólidos valores morales probablemente lo haría para no afectar la estabilidad política ni la imagen del país. Pero sinceramente no creo que ese sea el caso de Roberto Sánchez. La política peruana atraviesa una crisis ética muy profunda donde muchos dirigentes priorizan sus ambiciones personales antes que el interés nacional.

 

— En medio de la desconfianza ciudadana hacia la clase política, ¿qué perfil debería tener el próximo presidente del Perú?

El país necesita un líder con sólida formación personal, valores morales firmes y un profundo conocimiento de la realidad nacional. Pero además debe ser una persona dispuesta a servir auténticamente al país y no a servirse del poder. Gobernar el Perú requiere valentía, capacidad de sacrificio y sentido de responsabilidad histórica. Los ciudadanos están cansados de caudillos improvisados, discursos ideológicos extremos y políticos que solo buscan beneficios personales. El próximo presidente debe recuperar la confianza, defender la democracia y garantizar estabilidad para el futuro del país.

 

 

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